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Entrevista:

Rigola: "Somos algo culpables de la crisis; creímos que podíamos ganar dinero sin trabajar"

El director del Teatre Lliure estrena en enero Días mejores de Richard Dresser, una ácida visión de la crisis económica

Ropa por el suelo, basura amontonada en los rincones, desorden, caos... Es el día a día de personajes a los que les queda poco que perder. ¿O personas? El Teatre Lliure barcelonés y el madrileño Teatro de la Abadía han decidido comenzar el 2009 con Días mejores del dramaturgo americano Richard Dresser. Una visión acerada de la crisis económica, el desempleo, el sálvese quien pueda y el todo vale. Seis personajes van a verse arrastrados a destruir sus propias vidas para ser capaces de salir adelante. "Aunque a estos personajes los veamos en otra esfera, como muy tontos a veces, muy Forrest Gump, reaccionamos así. Nos las van colando continuamente. Montar este espectáculo en el momento en el que estamos ahora es impresionante. Resulta que con la excusa de buscar inversores se han inventado un casino que se llama bolsa. Que está muy bien, es necesaria la figura del inversor. Y resulta que este casino tiene partidas tan fuertes que necesitan el dinero de los que no van a jugar a él para poder seguir jugando ellos. Y nos las dan por donde quieren.", comenta el director Àlex Rigola.

Días mejores ya se ha estrenado en el Festival de Temporada Alta, de Girona, donde sólo se ha representado dos veces. El estreno oficial es el próximo día 4 en el Teatre Lliure para volver luego a Madrid, donde la obra se ensayó durante el mes de noviembre. A la sala pequeña de La Abadía. "Con la Abadía hemos colaborado desde 2001. Fueron los primeros que me llamaron y me dieron la oportunidad de trabajar aquí en Madrid. Por eso siempre que tengo un proyecto de dimensiones que puedan abarcar pienso en ellos. Esta pieza la quería hacer con los compañeros con los que trabajo en Barcelona, con los que voy repitiendo. Pero no encontraba el momento y, con lo que se avecinaba, estaba bien hacerla ahora. Y la Abadía era fantástico para ello. A ellos también les gustó, porque siempre hay que buscar un acuerdo. Hay que buscar que encaje con sus necesidades, dentro de su programación."

Pregunta. El propio autor dice que la obra es más actual ahora que cuando la escribió.

Respuesta. La escribió en los 80 cuando se estaba realizando una remodelación industrial y económica y la bolsa estaba en crisis en Estados Unidos. Las empresas no habían sabido adaptarse tecnológicamente y se habían quedado atrasadas, con muchos trabajadores muy mal preparados o que no estaban preparados para asimilar el cambio en los trabajos que ellos hacían. Había mucha gente que no sabía lo que era un ordenador o que hasta entonces había estado haciendo trabajos manuales dentro de las fábricas y que se encontraron en la calle. Y ahora estamos viviendo un momento de crisis parecido, pero incluso más fuerte. Por lo tanto, sigue completamente vigente. Hemos aprendido muy poco. Cada vez que se toma una medida y la bolsa remonta diez puntos, lo encuentro exagerado.

P. Medidas que, además, a los que ayudan son a los bancos.

R. Eso es lo más fuerte. Se pueden tomar... pero en el momento en el que has hecho un plan de reestructuración que establezca cómo han de ser las inversiones. Pero eso no lo van a hacer. Porque el poder total lo tiene el poder económico. Y si a quien tiene el poder económico le aseguran que, cuando se juega el dinero, le van a dar más facilidades para que vuelva a jugar, el dinero no va a parar a quienes no pueden pagar la hipoteca. Acaba yendo a posibles inversores que lo que hacen es especular, no invertir en una empresa porque creen en lo que hace. No. Lo que hacen es seguir especulando para comprar y vender. Lo vemos cada día.

P. ¿Cómo se puede salir del círculo vicioso?

R. Esta obra habla de ello. Por un lado, te visualiza a los pocos o muchos desgraciados, pero también nos muestra la educación que les estamos dando. ¿Qué hacen? Se plantean que si no pueden estar en la legalidad tienen que inventarse un trabajo ilegal que se sirve y usa el mismo sistema que están usando los grandes capitalistas con nosotros. Y en pocos días en lugar de tener un plan estructurado para ver si se pueden ir manteniendo, arrasan con todos los coches. Como hay unas ansias de ganar, ganar, ganar, queman todos los coches en dos días. Por usar el mismo sistema. Y al final es eso. ¿Nos tenemos que quejar? Sí, pero todos somos un poco culpables porque creímos que podríamos tener muchas cosas sin trabajar, o trabajando lo mínimo.

P. ¿La salida a eso es la religión?

R. Es más un juego, hay un momento en el que se reflexiona de dónde sale la voz que escucha Marc Rodríguez. Podemos pensar por nosotros mismos y ver como entre todos podemos volver a poner en marcha una determinada sociedad. Pero no nos debemos dejar llevar por el movimiento que hay a nuestro alrededor. Dresser siempre saca en sus espectáculos animales o cosas, que no sabes exactamente qué juego tienen, pero que están mucho peor que los personajes. En este caso son unos perros que los persiguen. De esta forma, estos personajes, que son unos desgraciados para nosotros, están mucho mejor que esos perros. Eso nos recuerda que, en el fondo, estamos hablando del primer mundo y que hay otro, el tercer mundo, que está mucho peor.

P. El que ya retrató el Lliure en Aprés de moi le déluge.

R. Es una de las temáticas que es imprescindible. Nos miramos mucho el ombligo, pero somos una parte muy pequeña. Cuando te vas a la India, o China, pero es que lo de China es tremendo... Somos amigos de los chinos porque permiten la esclavitud. Las condiciones de trabajo allí son de esclavos y aquí nos hacemos los limpios pero tenemos que ir allí. Tienen un poder económico brutal porque permite la esclavitud en el trabajo, si no de qué sería una potencia económica tan fuerte. Podría tener los habitantes que quisiera que si tuviera todas las normas y sindicatos que hay aquí no iríamos a construir allá. Y nadie dice nada. Cuando viene el dictador chino de turno y todo el mundo baja la cabeza y le da la mano cuando tiene una población con esclavos. Todo se rige por la economía y de una forma caníbal. Y nadie dice nada.

P. Días mejores es una obra que se prestaba a ser oscura y han buscado todo lo contrario, el humor...

R. Fíjate que los personajes no son oscuros, y podían ser muy oscuros. Pero de entrada ellos mismos son tíos que están sin trabajar y no lo encuentran. Eso es muy duro. El paro es horroroso, no ya por el dinero que no estás ingresando y cómo tienes que mantenerte, sino por la sensación de inútil que tienes en cada momento. Psicológicamente es muy duro estar en paro. Lo normal sería que estos personajes fueran de otra forma y creo que es uno de los aciertos que hemos tenido. Porque no hay nada en las acotaciones del texto que nos diga que tenemos que llevarlo hacia donde lo hemos llevado. Eso ha sido una propuesta nuestra. Pero originalmente podían ser otros personajes. Aunque en los diálogos ya ves que algo tienen, hacia donde apuntan, pero podrían ser mucho más oscuros y más realistas. La idea es levantarlo un poco también.

P. Entre los personajes destaca el del empresario sin escrúpulos, ¿cómo ha sido el trabajo con Tomás Pozzi?

R. El primer día que lo vi me quedé enamorado. Es un tío que tiene sangre argentina y se nota. Y a mi el tipo de interpretación argentina me gusta mucho. Desde el primer momento quise trabajar con él. Los ensayos estaban organizados de lunes a viernes y no ensayábamos los sábados porque Tomás tenía aún actuaciones pendientes con Hay que purgar a Totó. Preferí ensayar de lunes a viernes y tener la posibilidad de trabajar con él. Vino al cásting para hacer otro papel, estaba buscando un actor bajito para el papel de Phil, pero cuando lo vi quedé maravillado. Es un grandísimo actor. Cuando vino no lo conocía. Empezó a largar y quedé impresionado. Es muy exigente y muy bueno. Tiene la particularidad de su tamaño pero lo que yo empecé buscando como broma acabó descubriéndome a un grandísimo actor. Y le di un papel que en principio se aleja totalmente del planteado por el autor.

P. Pero al mismo tiempo lo potencia...

Claro. Con su actitud. El teatro tiene algo que al cine le cuesta mucho más. Aquí la belleza está en la interpretación, en cómo se digan las cosas. Hay actrices que no son demasiado guapas en la calle y encima del escenario se convierten en guapísimas, por la forma en la que se comportan. Fíjate en Tomás, hay un momento en el que te olvidas de eso porque es un monstruo en el escenario.