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Las diabluras de Diego Carrasco

El cantaor jerezano estrenó anoche 'El tiempo del diablo' en Sevilla con lleno de público

Diego Carrasco hizo anoche de maestro de ceremonias del repaso a su propia carrera. El tiempo del diablo estrenaba montaje en la Bienal de Sevilla, un paseo por la memoria. El teatro Lope de Vega estaba lleno, el público estaba entregado desde antes de empezar y Carrasco supo llevarlos durante su actuación.

Una puesta en escena muy teatral y muy cuidada, en blanco, negro y rojo, que tuvo incluso alfombra roja y que arrancó con la voz en off de Moraíto, que desde el patio de butacas, en el que también estaba el torero Fran Rivera, presenció el espectáculo anoche como un miembro del público más, aplaudiendo y disfrutando durante la hora y media que duró el espectáculo. Las canciones de siempre de Diego Carrasco, sus recitados por bulerías, fragmentos de Don Juan Tenorio que intercalaba recitados y que tenía en Las Peligro a sus replicantes flamencas. Todo, dividido en tres partes, la primera la más rockera, las otras dos más flamencas, al estilo Carrasco. "Esto está muy bien", dijo él mismo al caer el telón del primer acto. "Pero el flamenco como mejor suena es con un cantaor y una guitarra flamenca".

Los invitados pusieron muy alto el nivel del espectáculo. La guitarra limpia de Alfredo Lagos, impecable, que sirvió de introducción y que luego acompañó al cantaor Miguel Poveda, que interpretó La canción del mariquita y al grupo Jarcha, que dialogaron con su interpretación con el cante por tangos de Las Peligro, o lo que es lo mismo, Joaquina, Samara y Carmen Amaya. Ellas fueron las reinas de la noche, con el permiso de Carrasco. Su interpretación, ahora por tangos, ahora por rumbas, también por bulerías, llenó el teatro con sus cálidas voces, que ellas acompañaron con braceos, palmas y cierto movimiento en escena.

Igual que los músicos, Curro Carrasco (de Navajita Plateá) y Fernando Carrasco en las guitarras, Jorge Vidal en la guitarra eléctrica, Ignacio Sintado en el bajo, Juan Grande en la batería, y Ané y Luisito Carrasco en las percusiones. Protagonistas en el sonido y por momentos en la escena, con la pataíta que los responsables de la percusión dieron junto a Carrasco por bulerías.

Derroche de energía en las tablas

El jerezano derrochó energía durante toda la actuación y actuó como un diablillo. Su voz, gastada y apagada a penas se distinguía, pero estaba presente, dirigía y marcaba el compás, como sólo Carrasco sabe hacerlo. Su buen humor y su complicidad con el público hizo que los aplausos se hicieran eternos. Quiso irse al ambigú a tomar una copa, recriminó a Pepa Gamboa (directora del espectáculo junto a Antonio Álamo) "las fatiguitas que me estás haciendo pasar ahí detrás con lo bien que está aquí", refiriéndose al público. Bromeó con la petaca del micro, que se le desprendió y él usó como teléfono al compás de la bulería que estaba recitando "sí, hola, ¿qué tal?".

También bromeó con un Poveda ovacionado antes incluso de abrir la boca, que salió a escena juguetón, con ganas de bailar. En su segunda aparición, para acompañar a Carrasco en la bulería Alfileres de colores, se quedó sin sonido su micro. Carrasco improvisó acercándose a él para que cantara desde el suyo, Poveda, le abrazó, y ante lo absurdo de la escena Carrasco le susurró la misma Canción del mariquita que Poveda había interpretado antes. Un fin de fiesta al que se incorporó Jarcha, por bulerías, con un público entregado que llegó a gritarle: "¡Viva Jerez!".