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Flamencos por ley

La Bienal de Sevilla nació en 1980 gracias al decidido impulso de un grupo de aficionados comandado por el entonces delegado de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, José Luis Ortiz Nuevo y desde entonces ha caminado con pocos apoyos que en los últimos años han ido creciendo. La edición de 2008 cuenta con un horizonte presupuestario de dos millones y medio de euros. Del reparto presupuestario llama la atención sobre todo el incremento de la aportación del Ministerio de Cultura, que este año entrega 300.000 euros, un 150% más que en la edición de 2006.

El Ministerio le da un impulso decidido a través del presupuesto, pero también con la presentación en Madrid, en la que estuvo, el pasado mes de mayo, el ministro, Antonio César Molina, el director del INAEM, Carlos Marset (que anteriormente fue delegado de Cultura en el Ayuntamiento de Sevilla y por lo tanto responsable de la Bienal) y el director de Radio Nacional de España, Santiago González.

Un impulso al flamenco que no sólo se refleja en la Bienal, sino que se traduce también en la creación del Centro Nacional de Flamenco, que se proyecta en Jerez de la Frontera, o en los acuerdos suscritos con el Instituto Cervantes para que programe en sus diferentes sedes internacionales espectáculos flamencos.

Pero sin duda, el mayor empuje lo está recibiendo desde Andalucía, desde el propio Estatuto de Autonomía que entró en vigor el pasado año y que recoge en sus principios rectores (Artículo 37, capítulo 18): "La conservación y puesta en valor del patrimonio cultural, histórico y artístico de Andalucía, especialmente del flamenco".

Para esto, la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Cultura, cuenta con un instrumento fundamental, la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, que nació en 2005 y que ha tenido, antes que a Francisco Perujo, dos directores fugaces: Alberto Bandrés, que duró un año y medio y Bibiana Aído, que estuvo dos años y renunció para ser ministra de Igualdad.

Fracisco Perujo, que estrenó puesto hace dos meses, cuenta en 2008 con un presupuesto de siete millones de euros, destinados fundamentalmente a la promoción del flamenco en el exterior, a fortalecer los circuitos culturales andaluces, y la investigación. "El flamenco es un valor cultural y comercial, se puede comercializar flamenco y hay que hacerlo con calidad. Si es nuestra mayor seña de identidad, tiene que ser también nuestra industria cultural más diferenciada", explica.