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Biodiversidad
Tribuna

Peste porcina, jabalíes y gestión del paisaje

La mejor opción para el control de las poblaciones de esta especie es el pastoreo de variedades locales de ovino o vacuno bien adaptadas a ambientes forestales

Jabalíes en una calle de Esplugues de Llobregat, en Barcelona, el 1 de diciembre de 2025.Massimiliano Minocri

El reciente brote de peste porcina en Barcelona ha despertado interés en las cada vez mayores poblaciones de jabalíes. Este animal es conocido no solo por ser vector de dicha enfermedad, la cual se expande desde Europa del Este, sino por ser también el reservorio silvestre de la tuberculosis bovina. Estamos, por lo tanto, ante un debate que afecta en gran medida a dos de las tres cabañas ganaderas más importantes en términos de biomasa y producción. Si bien el aumento de tales vectores pone en alerta al sector ganadero industrial, corremos el peligro de obviar una problemática mucho más amplia. El jabalí no es el problema, es un síntoma.

Los ecosistemas tienden naturalmente a “llenarse” de herbívoros, como jabalíes, équidos, bóvidos y cérvidos, como muestran las grandes abundancias previas a la presencia humana. Pero, para entender por qué tantos problemas aparecen últimamente, tenemos que entender el cómo de este “llenado”. Existe una extendida creencia de que los depredadores controlarían la abundancia de los herbívoros, pero sabemos por ejemplos como el Serengueti en Tanzania que, en sistemas naturales que incluyen migraciones, es más bien la disponibilidad de alimento la que determina las densidades de herbívoros. Así, la abundancia de una u otra especie herbívora está mediada por la competencia por la comida con otras especies que pastan.

Esta competencia ha sido notoria hasta hace pocas décadas. Primero, de forma natural por la diversidad de especies como uros y tarpanes, equivalentes a ñus o cebras, hasta su extinción hace mil años. Luego, progresivamente reemplazados por sus equivalentes domésticos: vacas, caballos y resto de especies pastoreadas. Es aquí donde entra en juego la despoblación rural, que paradójicamente y entre otras causas, se ve facilitada por el incremento de la ganadería industrial. Con la disminución de pastado del monte, el aumento de jabalíes es, simplemente, una consecuencia de un nicho ecológico que queda libre. Así, su expansión no es solo consecuencia del aumento en la extensión de los bosques, que muchas veces puede ser positiva, sino por la pérdida del pastoreo dentro de los propios bosques. En zonas mediterráneas donde los árboles y arbustos son naturalmente dominantes, con pendiente inclinada y de suelos poco profundos, también es esperable un aumento de la cantidad de jabalíes por la pérdida del pastoreo.

La coevolución de los paisajes abiertos de los últimos 15 millones de años, regulados por perturbaciones de fuego y de herbivoría, donde la ausencia de una es sustituida por la otra, está bien estudiada por el ecólogo surafricano William J. Bond, recientemente fallecido, y por Juli García Pausas, científico del CSIC. En este marco, el cerramiento de los paisajes y el dominio del fuego por un déficit crítico de herbívoros aumentan las especies con preferencia forestal como el ciervo, el corzo o el jabalí, pero también aumenta la intensidad de fuegos de la que estamos siendo testigos cada verano y cuya escala se encamina cada vez más hacia proporciones inasumibles. El tipo de pastado de esas especies da lugar, además, a masas de vegetación más dominadas por matorrales y árboles, y menos por hierba, lo que ofrece una mayor continuidad de combustible al fuego y facilita su extensión.

Como herramientas en este complejo escenario, es necesario recalcar la riqueza y el valor de nuestras variedades de ganado locales, como las caprinas, tradicionalmente muy adaptadas a comer brotes y arbustos, pero cuyo sector lechero sufre un proceso propio de industrialización muy preocupante de cara a la provisión de servicios ecosistémicos. Los manejos tradicionales de variedades locales de ovino o vacuno bien adaptadas a ambientes forestales, como la vaca de la Abrera o la oveja ripollesa, desplazan competitivamente a los jabalíes y mantienen importantes procesos de reciclado de la materia orgánica o mantenimiento de la biodiversidad, pero también han probado ser efectivas a la hora de adaptar su pastado a la peor sequía del siglo en Cataluña. Finalmente, las variedades de cerdo ibérico más adaptadas al pastado forestal, que evidentemente compiten bien con sus primos silvestres e imitan su acción ecológica, también han demostrado su valor en los mercados.

En conclusión, estamos ante una problemática similar a la de los grandes incendios, teniendo menos que ver con actuaciones a corto plazo, como la contención por batidas, y más con mejores planes de gestión del territorio que favorezcan el pastado, y mejoras en la competitividad de producciones con gran valor ecológico, destacando manejos trashumantes o muy extensivos. Eso es, una apuesta decidida a los servicios ecosistémicos que provee el sector agrario extensivo mediante la reinversión rural como estrategia de Estado. Solo así lograremos contener los múltiples problemas derivados, en palabras de Juli García Pausas, de someter a nuestros paisajes al mayor experimento de exclusión de herbívoros que hayamos conocido.

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