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España y Portugal sellan una alianza frente un cambio climático que golpea cada vez más duro a la Península

Los gobiernos del conservador Montenegro y el progresista Sánchez se alejan del negacionismo y advierten de que solo “una acción climática ambiciosa” protege a la ciudadanía

Los presidentes de España, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Portugal, Luís Montenegro, este viernes en La Rábida (Huelva).PACO PUENTES
La Rábida / Madrid -

Mientras la ultraderecha y algunos partidos conservadores, como el caso del PP español, ponen en cuestión en el corazón de la Unión Europea algunos de los objetivos de la agenda verde, incluso su misma existencia, en La Rábida (Huelva) el primer ministro portugués, el conservador Luis Montenegro —aliado europeo de Alberto Núñez Feijóo— y el progresista Pedro Sánchez han cerrado este viernes con sus ministros una alianza ibérica frente al cambio climático que no deja ningún espacio al negacionismo. “Solo mediante una acción climática ambiciosa, cooperativa y socialmente justa será posible proteger a sus ciudadanos, preservar los ecosistemas de la península Ibérica y contribuir de manera responsable a la estabilidad climática global”, concluye la “declaración conjunta frente a la emergencia climática” que han firmado ambos países. Los dos gobiernos se comprometen fundamentalmente a incrementar su cooperación para gestionar y prevenir las emergencias ligadas al calentamiento global.

“La seguridad climática no tiene nada que ver con la derecha o la izquierda”, ha aclarado Montenegro al ser interrogado por los periodistas por los acuerdos que el PP ha firmado con Vox en algunas comunidades de España que atacan al Pacto Verde europeo. “Forma parte de nuestra responsabilidad para proteger a los ciudadanos”, ha añadido el primer ministro portugués. “El cambio climático no es de izquierda o derecha, estamos hablando de ciencia”, ha remachado a su lado Sánchez, quien ha insistido en que se debe hacer caso a los expertos. “Si no lo hacemos, acabamos pagando un alto coste en vidas y en dinero”.

El cambio climático y cómo afrontar los eventos extremos ha sido el asunto estrella de una cumbre hispano-lusa que tuvo que retrasarse por el accidente de Adamuz y que ha comenzado precisamente con un recuerdo de las dos delegaciones a esas víctimas. En la cita participan 10 ministros españoles y siete portugueses.

Ambos países, cuando se habla de cambio climático, son una pareja de baile indisoluble, tanto si se abordan los impactos como las vías para evitarlos. La península Ibérica está en el epicentro de una crisis climática que golpea en forma de eventos extremos cada vez de una forma más recurrente. Por ejemplo, con la sucesión de borrascas interminables como el episodio que vivió la Península en el arranque de este año que, según algunos científicos, prueba que las lluvias se están volviendo más salvajes en España y Portugal.

En ese sentido, la declaración de La Rábida apuesta por “impulsar” la elaboración conjunta de “los planes hidrológicos en las cuencas compartidas”, además de “coordinar los sistemas de evaluación y respuesta ante situaciones de sequía y escasez, colaborar en la planificación y gestión del riesgo de inundaciones, promoviendo, entre otros aspectos, los sistemas de intercambio de información hidrológica en tiempo real y reforzar la protección del estado y la calidad de las aguas”. También prometen impulsar la colaboración en los “sistemas de alerta temprana y evaluación de riesgos e impactos de sectores estratégicos”. Y promover “una cultura cívica de la prevención y la respuesta ante emergencias climáticas”.

Los eventos extremos ligados al agua —ya sean por su escasez o por las inundaciones— son una cara del problema común que padecen. La otra cara de esa emergencia vinculada a la quema de los combustibles fósiles son los incendios. Y, de nuevo, España y Portugal están unidos en este problema, como se pudo comprobar este verano. La sucesión de olas de calor de julio y agosto acabó desembocando en la peor oleada de incendios en décadas en el noroeste de la Península. De hecho, más de la mitad de las hectáreas afectadas por el fuego en 2025 en toda la UE se concentraron en España y Portugal debido a esta tremenda racha de incendios del verano.

Por eso los dos países se han comprometido a aumentar la coordinación en los programas de “respuesta frente a los riesgos del cambio climático” ligados a “la conservación y restauración de la naturaleza”, a la “prevención de incendios forestales” y la ”protección civil frente a eventos extremos".

Desinformación

Además de apostar por el conocimiento científico para mejorar la preparación frente a estos extremos, la declaración aboga por una “acción coordinada contra la desinformación”, para alcanzar una “acción climática eficaz y socialmente respaldada”. El texto de esta cumbre recuerda, en algunos pasajes, al pacto de Estado frente a la emergencia climática que el Gobierno de Sánchez impulsó tras los incendios de este verano, pero que no ha cosechado el respaldo del resto de formaciones políticas.

Si España y Portugal están unidos a la hora de sufrir los efectos de esta crisis, también lo están en las soluciones. Porque el sector energético es el principal responsable del problema y, sobre todo en el eléctrico, ambos países también son una pareja indisoluble al estar muy interconectados. Ambos países han estado a la cabeza de la UE en el impulso de las renovables en esta década, lo que ha llevado, por ejemplo, a que hayan dejado atrás el uso del carbón, el combustible fósil que más emisiones de efecto invernadero causa. Esta apuesta por las renovables ha permitido ganar en ambos países en seguridad energética y avanzar en la reducción de la dependencia de unos combustibles fósiles que proceden en la mayoría de casos de zonas inestables, como se está viendo con el ataque de Israel y EE UU a Irán.

En su declaración, prometen una “estrecha cooperación técnica y administrativa en materia de evaluación ambiental transfronteriza de proyectos energéticos”, un apartado que en algunos casos, como los relacionados con las centrales nucleares, ha generado roces en el pasado. En cualquier caso, los dos países dejan claro que las ”renovables y la plena integración de las redes eléctricas de España y Portugal, y su conexión efectiva con el resto del continente europeo, son pilares esenciales para garantizar una transición energética”. Y añaden su apoyo al “compromiso con una transición ecológica y justa que no deje a nadie atrás, basada en el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en 2050 a más tardar, consolidar la seguridad de suministro energético y la competitividad de sus economías”.

Esta defensa de las renovables y el objetivo de la neutralidad climática en 2050 —que en la práctica supone desengancharse por completo de los combustibles fósiles— tienen de nuevo mucha importancia en el contexto global. Porque la Administración de Donald Trump ha puesto en el punto de mira de sus presiones el modelo europeo de apuesta por las renovables. Se pudo ver el mes pasado, cuando en una visita a París el secretario de Energía de Trump, el exdirectivo de la industria petrolera Chris Wright, presionó en público y privado a la Agencia Internacional de la Energía para que renuncie a las políticas climáticas. Varios países, como España, Francia y el Reino Unido, salieron en defensa de esas medidas.

Ahora, en la declaración de La Rábida, Portugal y España “se comprometen a integrar de manera sistemática la dimensión de seguridad climática en sus políticas públicas, así como a promover esta aproximación en el seno de la Unión Europea, las Naciones Unidas y otros foros multilaterales”. Porque, también en contra de lo que quieren Trump y muchos de los partidos europeos de ultraderecha, los dos países reafirman “su confianza en el multilateralismo como pilar esencial para ofrecer respuestas coordinadas, solidarias y eficaces frente a los desafíos climáticos”.

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