Teresa Ribera: “No podemos condenar al desagüe a aquellos que lo van a pasar peor con el calentamiento”

La vicepresidenta española, que participa en las negociaciones de la cumbre del clima, advierte de que “sería un error que ahora hubiera un rebote de las explotaciones de petróleo y gas por la guerra”

Teresa Ribera se reunió el martes con el presidente electo de Brasil, Lula da Silva, en la cumbre de Sharm el Sheij.
Teresa Ribera se reunió el martes con el presidente electo de Brasil, Lula da Silva, en la cumbre de Sharm el Sheij.SEDAT SUNA (EFE)

La vicepresidenta Teresa Ribera (Madrid, 53 años) lleva ya a cuestas 21 cumbres del clima. Y en esta COP27 ha vuelto a ser designada por la presidencia como facilitadora de uno de los puntos de negociación. Atiende a EL PAÍS en el pabellón que tiene España en la zona de las delegaciones del recinto de Sharm el Sheij, entre reunión y reunión. Sobre la mesa de esta COP27 está en un lugar destacado el tema de la financiación de las pérdidas y daños, es decir, cómo se van a pagar los impactos irreversibles que sufren y sufrirán las naciones debido al cambio climático, algo que afecta especialmente a los Estados más vulnerables. Esos países están reclamando que de esta cumbre salga el mandato para la creación de un fondo específico de pérdidas y daños, que debería ser alimentado por las naciones ricas.

Pregunta. Uno de los temas que están resultando más complicados es el de la creación del fondo. ¿Por qué Europa tiene reticencias a que en esta COP salga el mandato para su creación?

Respuesta. Desgraciadamente, hasta ahora no se ha trabajado con la intensidad y la profundidad que requiere un tema tan dramático como las pérdidas y daños. Creo que eso es una constatación. La situación es tan dramática que, lógicamente, los Estados que sufren en mayor medida situaciones catastróficas quieren denunciar y exigir un volumen de recursos financieros mucho más importante y de acceso mucho más sencillo, disponible inmediatamente. A esto se suma que algunos países lo que piden es estructurar un sistema de compensación partiendo de lo emitido históricamente. Esta última solución está más apaciguada hoy porque no necesariamente sería la ideal ni lo suficiente. Hay que pensar en otros recursos adicionales, como ha propuesto por el propio António Guterres [secretario general de la ONU], recursos innovadores, como crear una tasa global para las petroleras, que no es algo que pueda hacerse tampoco inmediatamente. También hay que pensar en una modificación del sistema financiero con medidas específicas vinculadas a esto. Es decir, hay un debate sobre de dónde pueden venir recursos adicionales para afrontar algo extraordinariamente costoso. La creación de nuevos instrumentos financieros, con una nueva institución, con sus secretarías y sus procedimientos. Nos demoraría mucho en el tiempo.

P. ¿Cuánto tiempo se necesita para crear un fondo nuevo?

R. El Fondo Verde del Clima tardó como seis años en empezar a estar operativo y le costó arrancar a velocidad de crucero. Por eso, en realidad, lo que ha trasladado Europa es que creemos que es importante incrementar de manera muy notable los recursos disponibles. Creemos que es mucho más eficaz tener una serie de alternativas, como reforzar los sistemas de alerta temprana y la ayuda humanitaria de prevención de desastres. Y utilizar en su caso alguna de las instituciones que ya existen hoy para abrir una ventanilla específica en la que depositar los recursos y que haya un mecanismo de gobernanza mucho más ágil en el acceso a esos recursos.

P. El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, ha señalado en varias ocasiones que China también debería contribuir económicamente a la financiación de pérdidas y daños, que no estamos en 1992. ¿Qué le parece?

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R. No estamos en 1992 y, por tanto, me parece correcto que de algún modo se refleje la aportación de los Estados a la generación del problema ahora. Y, evidentemente, China es el emisor más importante del mundo en términos absolutos y además tiene una capacidad económica en términos de PIB que pone de manifiesto que tiene un papel distinto al que tenía en los años noventa. Por otra parte, la cantidad de recursos de la que estamos hablando no puede depender solo de las transferencias a fondo perdido de países en desarrollo. Necesitamos muchos más recursos y muchos que probablemente deberán ser innovadores. Es un debate que está abierto. De ahí que Guterres haya sido el que ha propuesto una de estas medidas, la de la tasa a las petroleras. El planteamiento de Timmermans no es completo. Necesitamos más contribuciones, no solamente de países. Necesitamos plantearnos de dónde pueden obtenerse recursos por otras vías y necesitamos, desgraciadamente, mucho más que recursos financieros. Hay muchas cuestiones que están todavía por ni siquiera identificar y debatirlas en serio y proponer medidas concretas.

P. La ciencia advierte de que cada vez la humanidad se aleja más del objetivo de mantener el calentamiento en los 1,5 grados. ¿Por qué es importante seguir manteniendo las referencias al 1,5 en las cumbres?

R. Creo que no se puede condenar a muerte a sabiendas a una muy buena parte de territorios y de personas en el mundo simplemente porque nos parezca difícil cambiar la senda de crecimiento en prosperidad. Así que sí, creo que es muy importante mantener ese objetivo. Y eso requiere un trabajo continuo en mitigación [recorte de emisiones], en los esfuerzos nacionales y en los esfuerzos sectoriales. Requiere mucha transparencia y mucha credibilidad de las medidas que se proponen y requiere una ciudadanía concienciada. Hemos vivido un año terrible desde el punto de vista del impacto del cambio climático, con unas consecuencias económicas y sociales muy graves. Hemos vivido los peores incendios de nuestra historia, hemos vivido unas olas de calor que no tiene parangón, hemos vivido una caída prácticamente a cero de la generación hidroeléctrica en una muy buena parte del año en toda la Península por la sequía... Es decir, hemos vivido una experiencia real de lo que representan los impactos del cambio climático y cómo van más allá de la pérdida de biodiversidad o de nuestros ecosistemas. Si esto es así con un incremento de 1,1 grados, pensemos qué tipo de incidencia económica y social puede tener superar el objetivo de los 1,5. No podemos decirle a aquellos que lo van a pasar peor que lo sentimos y directamente condenarles al desagüe. Eso no puede ser.

P. En la cumbre de 2021 de Glasgow se pidió reducir progresivamente las ayudas públicas a los combustibles fósiles. Pero hemos visto que muchos países europeos, entre ellos España, han aumentado este año esas subvenciones. ¿No les resta credibilidad?

R. Bueno, yo creo que aquí hay dos cosas importantes. La primera es que es verdad que Europa ha generado una cierta sensación de desconcierto. Y había una necesidad muy clara de explicar qué es lo que había ocurrido y de confirmar que se puede seguir contando con Europa. Creo que en Europa se ha producido un shock con pocos precedentes en el que ha habido que sustituir muy rápidamente el 40% del gas natural que llegaba. Esto ha generado tensiones en precios muy notables. Por lo tanto, hay un desajuste muy grande que debe corregirse en muy poco tiempo y lo que se ha procurado ha sido una reacción flexible para poder garantizar una respuesta que permitiera absorber eso con seguridad energética. Pero esto no debe representar una desviación de la senda de descarbonización, y se está yendo con mucha celeridad y muy unidos en la UE.

P. ¿Qué le parece que se pueda incluir en la declaración final de esta cumbre una referencia a la necesidad de reducir progresivamente el uso del gas natural y el petróleo, además del carbón?

R. Muy bien. Es importante y es un mensaje obvio. Descarbonización significa salir de los combustibles fósiles. A lo mejor, los horizontes temporales son diferentes. Primero va al carbón y luego va a petróleo y derivados para usos energéticos y después el gas. Ese es un escenario en el que se trabaja desde hace tiempo.

P. ¿Cree que algún día veremos un tratado de no proliferación de los combustibles fósiles, como algunos países insulares están empezando a mover?

R. Creo que es una iniciativa que va a ir ganando apoyos. Porque es obvio que la pregunta sobre dónde tiene sentido invertir los recursos financieros es algo que se planteó ya en el Acuerdo de París, donde en su preámbulo se decía que los mercados financieros tenían que ir siendo al 100% compatibles con los principios del pacto. Debemos ser muy cuidadosos con las nuevas inversiones en combustibles fósiles o en infraestructuras vinculadas a los combustibles fósiles. Creo que iremos viendo una caída. De hecho, parte de las dificultades para sustituir las exportaciones de Rusia tiene que ver con que había previamente ya una tendencia a la reducción muy importante de la puesta en explotación de nuevos yacimientos de gas y petróleo en el resto del mundo. La paradoja de repente ahora es que puede haber un rebote muy grande de las explotaciones, y sería un error.

P. Se ha reunido en esta cumbre con Lula da Silva, que ha ofrecido a su país para acoger la COP de 2025 en su país. Pero el presidente andaluz propuso después a su región para acoger esa misma cumbre. ¿Qué opina el Gobierno?

R. Tengo la impresión de que a Juanma Moreno se le debe haber olvidado que España acaba de albergar una COP. El cambio climático es un asunto muy importante y las negociaciones internacionales cuentan con sus propias reglas. Y en 2025 le toca a América Latina organizar la COP, y ya ha ofrecido Lula a su país. No se puede ofrecer quien quiera ni de cualquier sitio del mundo. Creo que es muy buena noticia que muestre tanto interés por organizar una COP, pero sobre todo lo que sería muy buena noticia es que mostrará mucho interés por aplicar políticas climáticas en su territorio. Lo demás me parecen fuegos de artificio, la verdad. Honestamente, no sé si está dispuesto a financiar una COP y si no es más conveniente que esos recursos los dedique a políticas de cambio climático en su territorio.

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Sobre la firma

Manuel Planelles

Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.

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