Daniel Zavala-Araiza: “La del Báltico es probablemente la fuga puntual de metano más grande de la historia”

Este experto en emisiones de metano del sector del petróleo y el gas sostiene que el caso del Nord Stream pone el foco en “la vulnerabilidad del sistema energético de la Unión Europea” y en la necesidad de apostar por las energías limpias

Detección de las fugas de metano en uno de los gasoductos Nord Stream a través de satélite realizada por los investigadores de la Universitat Politècnica de València.
Detección de las fugas de metano en uno de los gasoductos Nord Stream a través de satélite realizada por los investigadores de la Universitat Politècnica de València.

Daniel Zavala-Araiza (Ciudad de México, 36 años) coordina un equipo internacional de científicos centrado en las emisiones de metano, un potente gas de efecto invernadero, del sector del petróleo y gas. Zavala-Ariza es también miembro de la organización ambientalista Environmental Defense Fund (EDFE) e investigador de la Universidad de Utrecht. Estos días sus colegas y él están siguiendo de cerca las fugas de gas natural provocadas por un presunto sabotaje en el Mar Báltico. Y, aunque este especialista sostiene que probablemente se trate de la peor fuga puntual de metano jamás registrada, es solo una gota de agua si se compara con lo que cada año emiten las compañías de combustibles fósiles a la atmósfera.

Pregunta. ¿Qué efectos sobre el medio ambiente tendrá la fuga de los gasoductos del mar Báltico?

Respuesta. El principal efecto sobre el medio ambiente tiene que ver con que el gas natural que se encontraba dentro de los gasoductos es mayoritariamente metano, que es un potente contaminante climático de vida corta. Por tanto, el principal efecto tiene que ver con el calentamiento global.

P. ¿Hay precedentes de una fuga de esta dimensión?

R. Los primeros datos basados en el volumen de gas que estaba en los gasoductos nos llevan a una fuga masiva. Históricamente se podría comparar con la fuga registrada en California, en 2015, en una enorme instalación de almacenamiento de gas en Aliso Canyon. Esa fuga liberó a la atmósfera cerca de 100.000 toneladas de metano. Las primeras estimaciones que se están dando ahora hablan de esa misma cantidad o incluso superior. Entonces de lo que empezamos a darnos cuenta es de que probablemente esta fuga va a ser el episodio que, como un episodio puntual, ha liberado más metano a la atmósfera del que se tiene conocimiento. Nos ayuda para dimensionar el problema entender que, aunque es masiva y la más grande de la historia, toda la industria petrolera tiene una cantidad muy significativa de emisiones de metano durante todo el tiempo.

P. ¿Por qué hay que fijarse en el metano en la lucha contra el cambio climático?

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R. El metano es un gas de efecto invernadero potente, pero tiene una vida mucho más corta que el dióxido de carbono. Por ejemplo, en los primeros 20 años después de ser emitido es 80 veces más potente a la hora de calentar la atmósfera que el dióxido de carbono. Del calentamiento global que ya experimentamos ahora con muchos impactos en todo el planeta una cuarta parte es responsabilidad del metano. También es importante saber que, sobre todo en el sector energético, hay soluciones muy claras para evitar las emisiones que ahora se producen. Al margen de este caso extremo, la mayoría de las fugas son relativamente simples de controlar. Ya sabemos que si de aquí a 2030 disminuimos a la mitad las emisiones de metano, y existen las tecnologías para hacerlo, evitaríamos 0,25 grados Celsius de calentamiento global para 2050. Eso es muchísimo si pensamos en las metas climáticas. Se habla, por ejemplo, de 1,5 grados como calentamiento límite en el Acuerdo de París. De lo que nos damos cuenta es de que la única manera de realmente frenar el calentamiento global es, además de mover al mundo hacia una economía baja en dióxido de carbono, reducir las emisiones de metano de manera muy rápida en los próximos años.

Daniel Zavala, experto en emisiones de metano e investigador de la Universidad de Utrecht.
Daniel Zavala, experto en emisiones de metano e investigador de la Universidad de Utrecht.John Rae

P. ¿Cuáles son las principales fuentes emisoras de metano relacionadas con la actividad humana?

R. Son el sector energético —la producción y transporte de petróleo y gas y el sector del carbón mineral—, el sector de la agricultura y ganadero, y también el tratamiento de residuos sólidos. Pero en todos los sectores hay una serie de acciones que ya se conocen para reducir las emisiones.

P. Si se conoce el gas acumulado que había en los gasoductos, ¿por qué está siendo tan difícil cuantificar el metano que se ha escapado a la atmósfera y se están dando cifras tan dispares de su poder de calentamiento?

R. En estos momentos se asume que todo el volumen de gas, principalmente metano, que estaba en el gasoducto va a ser liberado. Y lo que estamos aprendiendo, aunque la historia cambia rápidamente, es que no hay en este sistema de gasoductos válvulas intermedias que permitan limitar la cantidad de gas que se escapa. Probablemente, todo lo que hay en las tuberías se vaya a liberar al medio ambiente. Otra incertidumbre reside en que, cuando el metano es liberado en agua, se consume por una serie de organismos o bacterias. Hay ejemplos de fugas en plataformas de producción, a mucha más profundidad, en las que el metano no llega a la atmósfera porque se consumía en el mar. En este caso la tubería está muy cerca de la superficie y está saliendo tan rápido que se sabe que parte se está consumiendo, pero probablemente la mayoría se está escapando a la atmósfera. Este tipo de cuestiones es lo que hace que sea un poco más difícil calcular las emisiones exactas. Lo que ayudaría sería poder acercar algún sistema de medición directa para conocer las emisiones directas. También hay grupos de trabajo, como el de la Universidad Politécnica Valencia, que han avanzado con las mediciones por satélite.

P. ¿Según sus cálculos, esta fuga a qué equivaldría?

R. Algunas de las estimaciones apuntan a que la fuga estaría en el orden de las 100.000 toneladas de metano. Eso equivale, por ejemplo, al impacto climático de dos millones de automóviles en un año. O el equivalente al total de las emisiones de metano del sector energético de Alemania en un año. Pero se empiezan a hacer ahora algunas estimaciones incluso mayores. Esta fuga es muy significativa y claramente tiene un impacto ambiental, pero si lo comparamos con el total de emisiones de metano del sector de hidrocarburos a nivel mundial es una parte muy pequeña. La fuga debe ayudarnos a comprender que diariamente hay muchísimas otras que, aunque no sean de esta magnitud, contribuyen a un total de emisiones a nivel mundial mucho más grande.

P. Respecto a ese total de fugas que hay en la industria del gas y del petróleo en el mundo. ¿Qué representan las 100.000 toneladas de ahora?

R. Las estimaciones actuales nos dicen que anualmente la industria del petróleo y del gas emite cerca de 80 millones de toneladas de metano. Entonces 100.000 toneladas representan una fracción muy pequeña del total. En todo caso, esta fuga como evento individual es algo que nunca habíamos visto. Creo que también nos recuerda la vulnerabilidad del sistema energético de la Unión Europea y de la necesidad de transitar hacia unas energías limpias que nos alejen de esta dependencia. Pero, al mismo tiempo, pone el dedo en la llaga sobre la necesidad de reducir todas las fugas que ocurren a diario en esta industria.

P. ¿Cómo es posible que unos gasoductos de 1.200 kilómetros de longitud no cuenten con válvulas de seguridad que permitan detener la fuga?

R. Es una buena pregunta. Lo que se ha difundido ahora es que este sistema de gasoductos estaba diseñado para una mínima intervención humana, para que funcionara de manera muy automatizada, de ahí que el diseño no necesitara estas válvulas que normalmente se utilizan cuando hay algún proceso de mantenimiento.

P. Pero desde el punto de vista de la seguridad, como estamos viendo ahora, no parece muy efectivo.

R. Correcto. Sobre todo con una situación sin precedentes como ahora, con esta liberación tan rápida y de estos volúmenes de gas.

P. ¿Por qué los satélites en el caso del Nord Stream no están siendo de utilidad para poder cuantificar la fuga?

R. La complicación principal para los satélites es que cuando existe alta nubosidad es difícil que puedan obtener información adecuada. En este caso, en los últimos días ha habido nubosidad. Pero, además, a los satélites normalmente les genera problemas obtener una señal adecuada cuando buscan sobre el mar. Cuando se hace en tierra es mucho más fácil, pero en el mar es más complejo porque tiene que haber un ángulo muy concreto para que se pueda obtener la señal adecuada para detectar el metano.

s)Daniel Zavala (Ciudad de México, 36 a ññen Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter sema

Sobre la firma

Manuel Planelles

Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.

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