A la caza de las megafugas invisibles de metano que calientan el planeta

Un grupo de científicos de la Politècnica de València desarrolla un sistema para localizar a través de imágenes de satélite los escapes de este potente gas de efecto invernadero ligadas a los combustibles fósiles

De izquierda a derecha, Javier Roger, Adriana Valverde Iglesias, Luis Guanter, Itziar Irakulis y Javier Gorroño, del grupo de Teledetección Terrestre y Atmosférica de la Universitat Politécnica de Valencia (UPV).
De izquierda a derecha, Javier Roger, Adriana Valverde Iglesias, Luis Guanter, Itziar Irakulis y Javier Gorroño, del grupo de Teledetección Terrestre y Atmosférica de la Universitat Politécnica de Valencia (UPV).

Hacer visible lo invisible. A eso se dedica un grupo de investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) que ha desarrollado un sistema que permite detectar e identificar a los culpables de las megafugas de metano a través de las imágenes que ofrecen los satélites. El metano es uno de los gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global que está golpeando cada rincón del planeta. Pero, como ocurre con el dióxido de carbono y el óxido nitroso, es invisible para el ojo humano, algo que contribuye a que las grandes fugas (intencionadas o accidentales) ligadas a la extracción de petróleo, gas y carbón pasen desapercibidas y queden impunes.

Tradicionalmente la lucha contra el cambio climático se ha centrado en el dióxido de carbono (CO₂), el principal gas de efecto invernadero (ligado también a la quema de combustibles fósiles) que permanece en la atmósfera durante cientos de años tras ser emitido. Pero en los últimos años los científicos y los expertos en políticas climáticas han puesto en el foco al metano (CH₄), un gas cuya vida en la atmósfera es mucho más corta —alrededor de una década— pero que tiene un poder de calentamiento 30 veces mayor que el CO₂. Los expertos del IPCC (las siglas en inglés del panel internacional que se encarga de sentar las bases científicas sobre el cambio climático) calculan que el metano es responsable del 25% del aumento de la temperatura global registrado en el planeta desde la era preindustrial. Y reducir al máximo sus emisiones se considera básico si se quiere cumplir con el Acuerdo de París, que busca dejar el calentamiento dentro de unos límites de seguridad.

“A corto plazo, es el gas a atacar”, resume el físico Luis Guanter, director del grupo de Teledetección Terrestre y Atmosférica (LARS, sus siglas en inglés) de la UPV. Este grupo, ligado al Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la UPV, nació en enero de 2020 y desde entonces sus estudios sobre detección de megafugas a través de imágenes de satélite —en México, Argelia o la cuenca del Pérmico en EE UU, por ejemplo— han tenido un gran impacto internacional. El último se centró en un superescape en el Golfo de México desde una plataforma petrolífera marina de la empresa estatal Pemex en diciembre pasado. Y, como explica Guanter, su investigación ha contribuido a que finalmente México se sumara hace 10 días a una iniciativa internacional que persigue erradicar las fugas en el sector de petróleo y el gas, que son responsables de alrededor de una cuarta parte de todas las emisiones de metano relacionadas con las actividades del ser humano. En la pasada cumbre del clima de Glasgow se lanzó una coalición internacional que tiene como objetivo reducir un 30% las emisiones de CH₄ en 2030. Y atajar las megafugas del sector de los combustibles es básico.

El grupo LARS está compuesto por cuatro científicos más: Javier Roger (físico), Adriana Valverde Iglesias (bióloga), Javier Gorroño (ingeniero de Telecomunicaciones) e Itziar Irakulis-Loitxate (ingeniera en Geomática y Topografía). Esta última investigadora es la autora principal del estudio que detectó la fuga en la plataforma del Golfo de México. Varios grupos científicos de instituciones públicas y privadas llevan años trabajando en la detección de fugas desde satélites —la primera vez que se logró identificar un penacho desde un satélite fue en 2016—, pero hasta ahora no se había conseguido localizar un escape en una plataforma marina. “En el mar es más difícil, cuesta más por el reflejo de la luz”, resume Gorroño. Esto hace, explica Irakulis-Loitxate, que en tierra las emisiones de las explotaciones de hidrocarburos “estén más controladas”, algo que no ocurre en el mar. Guanter cree que los resultados de este último estudio son muy prometedores y abren la puerta a la creación de “un sistema de verificación independiente” de las plataformas marinas.

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El problema de las fugas de metano en las plataformas marinas es especialmente importante. Este gas sale a la superficie como un subproducto de la producción del petróleo y en las instalaciones en el mar se quema de forma rutinaria, porque “no tienen donde almacenarlo” cuando no resulta rentable su procesamiento, señala Guanter. Las megafugas se producen cuando fallan los quemadores. Eso es lo que los investigadores de la UPV sospechan que ocurrió en la plataforma de Pemex durante 17 días de diciembre, cuando expulsó alrededor de 40.000 toneladas de metano, según los cálculos de la Agencia Espacial Europea (ESA), que ha participado también en esta investigación.

En algunas instalaciones se quema. En otras, como ha detectado el grupo de la UPV en yacimientos terrestres de Argelia, la forma de librarse de este subproducto es venteándolo, es decir, liberándolo directamente a la atmósfera, lo que contribuye todavía más al calentamiento global. A Guanter tanto el venteo deliberado como la quema le parecen una “barbaridad”. El metano es el principal componente del gas natural, un combustible fósil cuyo precio está disparado por la invasión rusa de Ucrania y cuya escasez también por la guerra está poniendo en apuros a algunos países europeos. De ahí que el director del grupo LARS, más allá de los problemas ambientales que genera, considere un sinsentido quemarlo o liberarlo directamente a la atmósfera.

Algo parecido opinan los países que el pasado 17 de junio se sumaron a la iniciativa para reducir las emisiones de metano del sector del gas y el petróleo. “Reducir la quema y las emisiones de metano en el sector del petróleo y el gas es inmediatamente rentable y tiene el triple beneficio que actuar sobre el cambio climático, mejorar la salud y mejorar el suministro mundial de gas simplemente capturando un gas que de otro modo sería desperdiciado debido a la quema o las emisiones”, sostuvieron en un comunicado conjunto EE UU y la Unión Europea, que apadrinan esta iniciativa. Entre los objetivos está eliminar la quema rutinaria de metano en el sector de los hidrocarburos en 2030 como muy tarde.

Para poder verificar que la catarata de compromisos internacionales sobre el metano se cumplen los satélites van a jugar un papel fundamental. Las fugas de metano se pueden detectar desde tierra con cámaras térmicas o desde aviones. Pero la ventaja de los satélites es que el control tanto en las instalaciones terrestres como en las marinas se puede realizar de forma rutinaria y no depender de campañas puntuales.

El gran paso que han conseguido dar en el LARS de la Universitat Politècnica de València es “hacer visible el metano” de los escapes puntuales a través de las imágenes que ofrecen unos satélites que no fueron construidos o puestos en órbita para eso, como señala Irakulis-Loitxate. “Son satélites que están hechos para otras cosas, pensados para la agricultura, pero no para control de la atmósfera. Nadie los había utilizado para detectar el metano”, añade Guanter.

En estos momentos, ya hay alguna empresa privada que ha puesto en órbita un satélite para la detección de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, también hay iniciativas públicas —como la que patrocina California— para lanzar un satélite para controlar también las emisiones de dióxido de carbono y metano. Y la organización ecologista Fondo de Defensa Ambiental (EDF), de la que forma parte también Guanter, esta inmersa en la puesta en órbita de un satélite específico para la detección del CH₄, un gas que está en el punto de mira de la lucha climática internacional.

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Sobre la firma

Manuel Planelles

Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.

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