De la nuez de cola que tomaban los esclavos para aliviar el dolor de estómago a la Coca-Cola

Con su trabajo, el médico irlandés Hans Sloane dio a conocer al mundo occidental los efectos terapéuticos de la nuez de cola. También tuvo la feliz idea de dar a conocer la mezcla del chocolate con leche

Botella de Coca-Cola
Botella de Coca-ColaJUSTIN SULLIVAN (AFP)

En un principio, la fórmula de la Coca-Cola se consiguió combinando nuez de cola, hoja de coca y agua carbonatada. Con tales ingredientes, un farmacéutico de Atlanta llamado John Stith Pemberton consiguió un jarabe vigorizante de propiedades efectivas para el dolor de estómago.

Desde principios de mayo de 1886, fecha en la que fue comercializada, la Coca-Cola se ha ido transformando en un refresco cuya fórmula poco o nada tiene que ver con la fórmula originaria. Hoy en día, todos sus ingredientes se consiguen de manera artificial. Pero al principio, ya dijimos, la botánica entró en relación con la química con un fin curativo.

Su efecto estomacal se debía a la nuez de cola, fruto del árbol del mismo nombre -nativo del África tropical- que llegó hasta Occidente por obra y gracia de la dinámica del poder en su dimensión más deshumanizada. Así lo cuenta el profesor James Poskett en su último libro publicado en castellano con el título de Horizontes (Crítica), donde desglosa una historia global de la ciencia y nos descubre los préstamos científicos que Occidente tomó de las distintas culturas que fue dominando desde que Europa se abrió al Atlántico y, con ello, a los nuevos mundos a los que tanto debe nuestro continente.

Siguiendo con la nuez de cola, y con la relación entre la economía y la botánica bajo el dominio mercantil de occidente, James Poskett nos presenta a Hans Sloane (1660-1753) llegando a Jamaica en 1687 con el encargo de trabajar como médico personal del nuevo gobernador de la isla. Con todo, llevado por su curiosidad de naturalista, Sloane se dedicó a recoger y a estudiar la riqueza botánica de lo que él mismo consideró como “la plantación más grande e importante de todas las que posee Su Majestad en las Américas”.

La información acerca de la gran variedad de plantas que Sloane encontró en aquellas tierras se la dieron los mismos esclavos, pues el conocimiento botánico que los esclavos atesoraban también era propiedad del hombre blanco. Con estos detalles, la categoría mercantil empezaba a imponerse de una manera tan grosera como egoísta en los territorios del otro lado del Atlántico. Uno de los frutos que más curiosidad despertaron en Sloane fue la nuez de cola que los esclavos tomaban para aliviar el dolor de estómago.

Se trataba de uno de tantos frutos originarios del continente africano, y que los esclavos llevaron en forma de semillas a las nuevas tierras para que, una vez sembradas, se sintieran como en casa. Pero lejos de esta aparente hospitalidad, el transporte y posterior siembra de estas semillas significaba un ahorro para los hombres blancos, para los propietarios, pues así no tenían que proporcionar alimentos a los esclavos, dejándolos un pequeño terreno para sembrar lo que luego comerían.

De esta manera, la nuez de cola quedaría registrada en el trabajo de Sloane titulado Historia natural de Jamaica, libro de dos volúmenes que se puso a escribir a su regresó a las Islas Británicas, en 1689. Y así fue cómo el destino de un fruto originario de África se convirtió en el ingrediente de un jarabe que, con el paso del tiempo, daría la vuelta al mundo en una botella cuyas formas fueron inspiradas por las formas de una vaina de cacao.

Pero volvamos a Sloane, y no perdamos de vista el cacao, pues a su regreso a las Islas Británicas Sloane se dio cuenta de que el chocolate que tomaban sus compatriotas mezclado con agua seguía teniendo un punto amargo que no terminaba de resultar en los paladares más exquisitos. Fue cuando Sloane decidió sustituir el agua por leche, consiguiendo una mezcla más suave y más nutritiva. Ni corto ni perezoso, patentó la fórmula que, años después, en 1850, comercializó Cadbury según la receta de Sir Hans Sloane´s, tal y como aparecía en la etiqueta original de las primeras tabletas de chocolate con leche.

Por estas cosas, cada vez que nos bebamos una Coca-Cola o nos llevemos a la boca un trozo de chocolate con leche, hemos de saber que tras la búsqueda de nuestro placer, siempre sale al encuentro la Historia y, con ella, la mezquindad y la codicia envueltas en la cara amable de la mercancía.

Lo cuenta muy bien James Poskett en su libro, un trabajo de divulgación científica con base histórica que nos recuerda a cada rato que la ciencia moderna no tuvo su origen en Occidente, y que el eurocentrismo es un ideal impostado. No somos el centro del mundo y, lo que es peor, nunca lo fuimos.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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Montero Glez

Periodista y escritor. Entre sus novelas destacan títulos como 'Sed de champán', 'Pólvora negra' o 'Carne de sirena'.

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