Cristóbal Blanco: “Los ajedrecistas desarrollan más una gran parte del cerebro”

Hay indicios sólidos de mejora en la toma de decisiones bajo estrés, prevención o retraso del alzhéimer y el párkinson, así como mayor eficiencia energética

Cristóbal Blanco, neurocientífico especializado en el cerebro de los ajedrecistas, en Córdoba.
Cristóbal Blanco, neurocientífico especializado en el cerebro de los ajedrecistas, en Córdoba.PACO PUENTES

Los cerebros de los ajedrecistas son un panal de rica miel para los neurocientíficos desde que la tecnología moderna permite analizarlos. Varios estudios de los últimos diez años coinciden en que son más potentes que los de la población normal en áreas determinadas. Pero el neurocirujano Cristóbal Blanco, de 41 años, está convencido de que las diferencias son mucho mayores tras estudiar una veintena de cerebros de ajedrecistas de alto nivel durante tres años, y un número similar de personas sin relación con el ajedrez.

Con doble nacionalidad, fue profesor universitario en su país de origen, Venezuela, antes de trabajar actualmente en varios hospitales de Córdoba, tras pasar por Brasil, Estados Unidos, Francia y Alemania. En el estudio, hecho en Córdoba por un grupo de neurocientíficos, han participado los hospitales Reina Sofía y San Juan de Dios, los institutos Maimónides de Investigación Biomédica y de Neurociencias de Cruz Roja, así como la empresa privada HT Médica.

Pregunta. ¿En qué ha consistido el estudio, casi listo para publicar?

Respuesta. Diferentes pruebas de imagen con escalas neuropsicológicas asociadas para valorar en profundidad todas las áreas, tanto de la sustancia gris como la blanca y su relación con las funciones cerebrales superiores. Hemos medido el grosor de cada zona, así como las conexiones entre ellas, que se conocen como la fibra blanca. En este momento no existe ningún trabajo similar en la literatura científica.

P. ¿Los ajedrecistas tienen un cociente intelectual más elevado que la población normal?

R. Sí, pero esa conclusión no está entre las más importantes de nuestro estudio. Además, a la hora de establecerlo no es tan sencillo. Menos aún determinar si esas personas ya eran más inteligentes antes de jugar al ajedrez. Sin embargo, para mí no hay duda de que la práctica frecuente del ajedrez aumenta ese cociente, en una media del 20%.

P. ¿Las diferencias anatómicas entre los cerebros de ajedrecistas y la media son significativas?

R. Así es. Hay resultados significativos en los lóbulos temporal, frontal y parietal. Nosotros ya partíamos de la hipótesis de que habría algunas diferencias que encajan muy bien con la lógica. Pero la conclusión del estudio es que los ajedrecistas tienen más desarrollada una gran parte del cerebro, bastante mayor de la que esperábamos.

P. Un estudio de 2011 del Instituto de la Ciencia Cerebral RIKEN, en Japón, concluyó que los ajedrecistas utilizan más el precúneo y el núcleo caudado. Y otro de la Universidad de Chengdú (China), en 2012, que muestran más actividad de lo que podríamos llamar el piloto automático del cerebro, la red por defecto.

R. Correcto. Nuestro estudio va en esa línea, donde existen otras áreas también implicadas, no solo el precúneo. En cuanto a la red por defecto, aunque los programas informáticos no nos permiten medir esto con exactitud, sabemos que los ajedrecistas utilizan más que la media esa parte del cerebro que se activa cuando estamos descansando, limpiándolo. Y que lo hacen de manera beneficiosa, porque esa red está asociada al alzhéimer, el párkinson y algunas enfermedades psiquiátricas. Esto puede ser un mecanismo para estar más protegidos que la media contra ellas. Lo que puede ser una de las razones por las que el ajedrez está funcionando bien en cárceles de varios países y con diversos tipos de enfermedades mentales, como la esquizofrenia.

No hay duda de que la práctica frecuente del ajedrez aumenta el cociente intelectual en una media del 20%

P. ¿Las diferencias son proporcionales a la categoría de los jugadores estudiados?

R. Esa es una de las conclusiones más interesantes. El listón mínimo que pusimos para elegir los cerebros estudiados es que sea un jugador de no menos de 1.800 puntos Elo [un aficionado de nivel medio-alto] capaz de jugar una partida a ciegas [memorizando en qué casilla está cada pieza durante toda la partida]. Entre ese nivel y los que tienen 2.400 [nivel internacional bajo, casi profesional], hay diferencias sustanciales en algunos de los ganglios basales y esto puede afectar a la amígdala, que tiene que ver con las emociones y la toma de decisiones. Pero desde el punto de vista anatómico no vemos diferencias sustanciales entre un jugador de 2.400 y otro de 2.700 (élite mundial). Es decir, la diferencia de categoría entre ambos no se debe a su estructura cerebral sino a otros factores; podría ser, por ejemplo, por el número de horas que ambos inviertan en su entrenamiento.

P. ¿En qué funciones concretas se traducen esas diferencias importantes que han visto ustedes con respecto a la población general?

R. Toma de decisiones bajo presión, en situaciones de estrés, porque los jugadores de muy alto nivel tienen más desarrollada la amígdala. De ahí que sean capaces de hacer la mejor jugada posible, aunque la presión ambiental y del reloj, y las emociones en ese momento sean tremendas. Eso, además, conlleva un gran control del primer impulso, de la impulsividad. Y si nos salimos por un momento del ajedrez de élite y hablamos de las aplicaciones sociales y educativas del ajedrez, este punto tiene una gran importancia en un mundo donde, por ejemplo, tenemos ya un problema preocupante con el mal uso de las redes sociales, por parte de niños y adultos.

P. Antes ha citado el alzhéimer. Entre otros estudios sobre la utilidad del ajedrez como gimnasio mental para retrasar el envejecimiento cerebral, destaca uno que duró 21 años, del Instituto Albert Einstein de Nueva York, donde fue la actividad que más aumentó la reserva cognitiva, un depósito que si está lleno previene o retrasa la demencia senil. ¿Su estudio corrobora esa conclusión?

R. Totalmente. Los ajedrecistas tienen las estructuras relacionadas con la reserva cognitiva más hipertrofiadas que la población general. Es decir, igual que un futbolista puede tener muy protegido y fortalecido el fémur por su actividad diaria, podemos deducir lógicamente que los ajedrecistas están protegidos contra la formación de placas de beta-amiloide y otros problemas previos a la afectación del hipocampo y áreas adyacentes relacionadas con la pérdida de memoria que acaba produciendo el alzhéimer.

P. Entonces, en la línea de las deducciones lógicas, la probabilidad de que esos ajedrecistas de su estudio tengan mucha reserva cognitiva por razones distintas al ajedrez es casi cero.

R. Correcto. Sería un caso similar al famoso estudio de los taxistas de Londres, que tenían hipertrofiado el hipocampo, donde está la memoria. Es obvio que la causa es su trabajo cotidiano, que les obligaba a recordar un número enorme de calles y su situación geográfica. Me temo que, si se repitiera ese estudio hoy, los resultados serían muy distintos, por el uso masivo del GPS.

P. Deduzco que jugar al ajedrez en la tableta o en el móvil desarrolla menos el cerebro que en un tablero de mesa…

R. Así es. Cuando mueves una pieza con la mano en un tablero real estás activando más partes del cerebro que si solo pulsas una pieza o una casilla en una tableta.

P. ¿Y qué se puede hacer para confirmar que jugar al ajedrez recreativo, no de alta competición, retrasa el envejecimiento cerebral?

R. Un estudio dirigido a ese fin con aficionados principiantes o de bajo nivel técnico. Podemos partir de una hipótesis bastante sólida: el mero hecho de conectarnos mentalmente con el ajedrez y jugar de vez en cuando ya es beneficioso. Pero sería muy importante establecer un mínimo de práctica; por ejemplo, cuántas horas a la semana hay que dedicar al ajedrez para que haya un aumento significativo de la reserva cognitiva.

P. Tras estudiar tan profundamente los cerebros de ajedrecistas de muy alto nivel, ¿qué otras conclusiones le parecen destacables?

R. La eficiencia energética. Al igual que un corredor de fondo puede lograr un alto rendimiento con una baja frecuencia cardiaca, los ajedrecistas rinden muy intensamente sin cansarse de manera proporcional. En eso influye además el reconocimiento de patrones.

Ha surgido la hipótesis de que el ajedrez pueda también prevenir, retrasar o suavizar el párkinson, igual que ocurre con el alzhéimer

P. Por ejemplo, si alguien me dice “fue una Defensa Indo-Benoni con el alfil en g4″, yo estoy visualizando una posición con 30 piezas y peones que ocupan una sola unidad de memoria en mi cerebro. Pero una persona no ajedrecista necesitaría ocupar 30 unidades de memoria para recordar esa posición completa.

R. Exactamente. Cuando veo jugar a Magnus Carlsen [el campeón del mundo] yo tengo la sensación de que él no empieza a cansarse de verdad hasta la tercera hora de juego, porque tiene una memoria prodigiosa basada en reconocimiento de patrones en decenas de miles de partidas que él ha visto a lo largo de su vida. Y eso le da una gran ventaja de salida.

P. ¿Qué otras necesidades de más estudios se crean a partir de las conclusiones del suyo?

R. Ha surgido la hipótesis de que el ajedrez pueda también prevenir, retrasar o suavizar el párkinson, igual que ocurre con el alzhéimer. Porque hemos visto que el ajedrez influye en la modulación de los ganglios basales, que se alteran con el párkinson, y que en los cerebros que hemos estudiado están aumentados, como si tuvieran más conexiones. Eso es un indicio relevante para crear la hipótesis sobre un asunto del que no se conocía nada hasta ahora.

P. ¿Alguna diferencia entre cerebros masculinos o femeninos?

R. Mi estudio no tenía una muestra suficientemente grande de mujeres para establecer conclusiones válidas. De hecho, este asunto también merece un estudio específico. Mi opinión intuitiva es que, si comparamos a mujeres y hombres que estén al mismo nivel en la lista mundial, no habrá diferencias anatómicas cerebrales en cuanto a las áreas que más tienen que ver con el ajedrez.

P. ¿Hay diferencias anatómicas cerebrales entre diferentes edades?

R. Esa es otra pista de gran interés, que incita a más estudios. La degeneración por la edad de los ajedrecistas estudiados es distinta a la de los cerebros de la población no ajedrecista. Por ejemplo, los jugadores pierden menos masa cerebral a la misma edad.

P. Pero entonces, ¿cómo se explica que el declive de los jugadores de élite empiece a los 35-40 años, igual que en otros deportes?

R. Por otras razones. Por ejemplo, que el corazón ya no sea tan potente a los 50 años, y por tanto el riego cerebral es peor. Mi hipótesis es que el deterioro anatómico del cerebro no es la causa principal.

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Sobre la firma

Leontxo García

Periodista especializado en ajedrez, en EL PAÍS desde 1985. Ha dado conferencias (y formado a más de 30.000 maestros en ajedrez educativo) en 30 países. Autor de 'Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas'. Consejero de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) para ajedrez educativo. Medalla al Mérito Deportivo del Gobierno de España (2011).

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