Exploración espacial

Se busca marciano, vivo o muerto

La tarea de la misión ‘Perseverance’ es titánica porque en Marte los signos de vida pasada son muy difíciles de identificar

Primera foto que ha mandado 'Perseverance' de la superficie de Marte.
Primera foto que ha mandado 'Perseverance' de la superficie de Marte.HANDOUT / AFP

El primer objetivo de Perseverance es localizar restos de actividad biológica. De seres vivos que pudieran haber habitado el planeta hace miles de millones de años, cuando era un escenario más acogedor.

Nadie espera encontrar microorganismos vivos. Sería un acontecimiento de proporciones históricas. Tampoco fósiles en el sentido popular de la palabra, como un hueso de dinosaurio o una impresión de trilobites. En Marte, los signos de vida pasada son mucho más difíciles de identificar.

Sorprendentemente, en la Tierra existen todavía muestras de vida arcaica que pueden servir de ejemplo para lo que se busca en Marte. Son los estromatolitos, estructuras que se forman y crecen por acumulación de capas y capas de bacterias que absorben minerales en las orillas de los lagos. Con el tiempo, esas acumulaciones se cementan y convierten en rocas sedimentarias. A todos los efectos, fósiles. Por fuera son amorfas, de aspecto esponjoso. Al cortarlas, su estructura interna suele mostrar anillos de crecimiento que recuerdan a los de un árbol.

Hoy, los estromatolitos son muy escasos. Se dan en aguas someras de lagos y lagunas, a veces muy salinizadas. La mayor concentración está en el oeste de Australia, pero también se encuentran en algunos lagos de Norte y Sudamérica. Más cerca, uno de los más conocidos es el lago Salda, en Turquía. En sus orillas, bajo unos pocos palmos de agua, se ve lo que parece ser rocas porosas, pero que en realidad son cementerios de millones y millones de microorganismos arcaicos.

El análisis de los datos llevará muchas semanas, si no meses

El Perseverance incorpora un par de detectores de elementos químicos y biomarcadores. Al analizar el suelo en busca de restos orgánicos, pueden proporcionar pistas muy valiosas, pero por sí solos difícilmente llegarán a un diagnóstico inapelable. Será necesario confirmarlo visualmente. Para eso, junto a los detectores químicos lleva cámaras de televisión de altísima resolución, capaces de detectar estructuras de solo unas decenas de micras. Si en Marte hubo alguna vez un equivalente a los estromatolitos –y si está presente en las arenas de Jezero-, esos microscopios deberían poder identificar su huella.

De hecho, antes del lanzamiento los detectores del Perseverance se probaron con muestras de estromatolitos australianos, casi contemporáneos de los que quizá haya en Marte. Los tres instrumentos (microscopio, analizador de elementos y analizador molecular) coincidieron en apuntar su origen orgánico.

¿Cuándo podemos esperar la noticia de la detección de restos biológicos en Marte, si es que se produce? El análisis de los datos llevará muchas semanas, si no meses. Antes de lanzar la noticia tendrán que casarse docenas de ensayos: no solo se trata de detectar alguna molécula de origen aparentemente orgánico, sino de comprobar que los minerales que la rodean, su aspecto general, su estructura microscópica, su composición química e incluso la relación de isótopos en la muestra concuerdan. El principio anuncios extraordinarios requieren pruebas extraordinarias será aquí más válido que nunca.

Parte de las muestras que recoja el Perseverance tendrán que analizarse en la Tierra. Eso ocurrirá, como pronto, hacia 2028 y 2029, cuando otra nave las recoja y regrese con ellas. Por el momento se recibirán en un laboratorio central, todavía en fase de diseño. Ahí deberán pasar todo tipo de pruebas para asegurar, entre otras cosas, que no transportan patógenos. Garantizado eso –y se trata de exigir una seguridad del 100%- se distribuirán a centros de todo el mundo para someterlas a análisis más profundos de los que ha permitido el Perseverance. Solo entonces, quizás, se pueda dar respuesta sólida a si la vida es o no un fenómeno exclusivo de la Tierra.

Rafael Clemente es ingeniero industrial y fue el fundador y primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (actual CosmoCaixa). Es autor de ‘Un pequeño paso para [un] hombre’ (Libros Cúpula).

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