Marie Curie

Muertes prematuras, un laboratorio con goteras y otros obstáculos en la carrera de Marie Curie

Adela Muñoz publica una biografía de la pionera en radioactividad sin olvidar la importancia de su origen, la divulgación científica y su vida personal

Marie Sklodowka Curie (1867 - 1934) en su laboratorio en 1900.
Marie Sklodowka Curie (1867 - 1934) en su laboratorio en 1900.Hulton Deutsch / Corbis via Getty Images

Adela Muñoz Páez (Provincia de Jaén, 61 años) y Marie Sklodowska-Curie tienen en común que les encanta montar en bicicleta. Este vehículo fue una revolución en el siglo XIX y representó un salto hacia la independencia de la mujer. La científica polaca se aficionó a él, transmitió su pasión a sus dos hijas, Irène y Ève, y la mantuvo hasta su muerte en 1934. “Lo que más me sorprendió de ella es la clarividencia que tenía sobre la importancia del ejercicio físico y que lo considerase tan importante como el intelectual”, confiesa Muñoz, catedrática en química inorgánica en la Universidad de Sevilla y autora de la obra Marie Curie (Debate, 2020).

Su libro recorre la vida de la mujer que cuantificó y bautizó el fenómeno radioactivo, desde las primeras palabras que leyó hasta las últimas que pronunció. Pese a su celebridad y su éxito reconocido hoy, la científica no tuvo un vida sencilla y la culpa no solo se debe al mundo machista en el cual se movía. Lo que destaca a lo largo de las 300 páginas de la autora, es que el fuerte carácter de Curie y su vocación irrevocable hacia la ciencia le hicieron mantener su entereza y la cabeza alta pese a todos los obstáculos que afectaron su carrera.

En 2018, Muñoz oyó esta frase en una charla TEDx en Sevilla: “Que tu origen no condicione tu destino”. Marie Curie era la personificación perfecta de aquellas palabras ya que nunca dio la espalda a Polonia, pero terminó su vida en Francia, que consideraba su casa. Desde 2011, la experta recopila información sobre Curie y asegura que su obra, en comparación con todas las otras biografías hechas hasta ahora, ofrece más espacio a la ciencia y a Polonia. “El país dónde nació [en 1867] tuvo una importancia crucial en su descubrimiento de la química”, explica. La autora dedica varios capítulos a su origen, pero muchos otros a la ciencia. Durante varias páginas, hace un trabajo de divulgación donde relata con precisión y sencillez todas las etapas, los problemas y los resultados de la investigación de Curie. “Pero está claro que su carrera científica fue limitándose por culpa de todas las condiciones que le rodearon y perjudicaron personalmente”, confirma.

Cinco muertes prematuras

Tras una lectura detallada, es imposible no enumerar todas las pérdidas bruscas que afligieron a Marie Curie en tan solo 40 años. Son cinco muertes que la hundieron, un día sí y otro también, en un vacío y una depresión de la cual salía siempre, pero no sin grandes secuelas. Las primeras fueron la muerte de su hermana Zofia por tifus y la de su madre por tuberculosis cuando la científica era tan solo una niña. Después de esos dos acontecimientos que pusieron un velo sombrío sobre la familia, Curie perdió la fe religiosa que le había rodeado y apoyado hasta entonces.

Pero la cosa no acabó ahí. Curie tendría que haber tenido tres hijas. La segunda murió en 1903 tras un parto prematuro causado seguramente por su exposición diaria a sustancias radioactivas. El mismo año, la mujer devastada se enteró de que su sobrino Jakub había fallecido con cinco años por meningitis tuberculosa. En 1906, sin darle suficiente respiro, su marido Pierre Curie fue atropellado mortalmente por las ruedas traseras de un carro. La mujer se negó a llorar en público, pero se derrumbó delante de su chimenea mientras intentaba, en vano, quemar la ropa de su amado. “Esa muerte tuvo un gran efecto sobre su carrera. Había perdido la mitad de su equipo de investigación además de su esposo y amante. Tardó mucho tiempo en recuperarse”, comenta Muñoz.

“Peor profesora” y científica sin remuneración

La que más la ayudó a superar este último drama que la transformó aparentemente en una mujer “de hielo”, según cuenta la autora, fue su hermana Bronia. Muñoz apunta que Marie Curie fue a trabajar como institutriz interna en una familia durante varios años para poder pagar los estudios de medicina de su hermana mayor en París. En sus momentos libres, sobre todo por las noches, estudiaba como autodidacta para mantener su nivel en ciencia. En esa época, durante la cual pensó que no podría cumplir jamás su sueño de investigadora, creó, con 18 años, una escuela para enseñar polaco a escondidas del régimen ruso que dominaba entonces.

Su labor como profesora, que practicó a lo largo de su vida para cobrar un sueldo que el mundo de la investigación no le ofrecía, fue interrumpida por una inesperada calificación. En el centro de Sèvres de París, tras su primer curso como docente, fue nombrada como “peor profesora” por sus alumnas, que hicieron una canción de burla hacia su acento polaco dónde la mandaban a cocinar a casa para su marido.

Investigar en un almacén de patatas

Cuando llegó por fin a París con 24 años para estudiar física y matemáticas, no transcurrió todo con alegría. Marie Curie fue a vivir a casa de su hermana y como le costaba concentrarse, terminó alquilando un piso sola cerca de la Universidad de la Sorbona. Ese lugar, más que un piso, era una buhardilla dónde hacía tanto frío que se congelaba el agua del grifo y dónde, debido a sus problemas financieros, no comió otra cosa que rábanos durante meses.

Han intentado robarle la fama, negar sus descubrimientos, echarla de Francia y estuvo al borde del suicidio por culpa de un triángulo amoroso

Cuando conoció a su marido Pierre, con el cual compartía el amor por la ciencia y un Premio Nobel, le dejaron un laboratorio peculiar donde, pese a las condiciones, consiguió aislar un gramo de radio y probar la existencia de otro nuevo elemento: el polonio. El químico alemán Wilhelm Ostwald definió ese espacio como "un antro, una mezcla de sótano, almacén de patatas y establo”, escribe Muñoz. Los muros estaban llenos de goteras y grietas que contaminaban y retrasaban su investigación y el sistema de calefacción estaba deteriorado. Pero, ahí mismo, con seis grados en invierno y temperaturas agobiantes en verano, trabajó sin ayuda y con hasta 20 kilogramos de materiales químicos, con una barra de hierro y mesas de madera como principales apoyo.

Amenaza de muerte y machismos reiterados

Las pésimas condiciones de trabajo no fueron lo único que persiguió a Curie, que sufrió prejuicios por ser polaca, mujer y científica. Además de ser tratada como la “mera asistente aventajada de su marido”, tal y como explica Muñoz, y de que la carta para anunciarle que había ganado el premio Gegner estaba dirigida a Pierre Curie, la científica estuvo al borde del suicidio por culpa de un triángulo amoroso.

Todo empezó algunos años después de la muerte de su esposo, cuando un alumno del difunto Paul Langevin empezó a enviarle muchas cartas a Marie. Poco a poco, los dos interlocutores entablaron una relación. La esposa de él, Jeanne, amenazó de muerte a la científica, que tuvo que huir. La prensa fue a por todas mientras Marie Curie, con una infección de riñón, intentaba defenderse y demostrar que, pese a las acusaciones y los insultos, merecía el Premio Nobel de Química.

La investigadora sufrió “un acoso científico”, según palabras de la autora. Han intentado robarle la fama, negar sus descubrimientos, echarla de Francia y acusarla de la muerte de su marido. “Todavía hoy se cuestiona la importancia de su trabajo”, asegura Muñoz. En definitiva, muchos tardaron en reconocer que la investigación de una mujer a finales del siglo XIX había abierto la puerta a un nuevo mundo. “Es realmente un personaje fascinante para mucha gente y la clave no reside en la ciencia, sino en su grandeza como ser humano”, concluye.

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