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La Vía Láctea: la constelación de la Movida

Este bar, un referente de Malasaña, celebra su 40º aniversario impulsado por los familiares de su fundador, Marcos López Artiga

Los hermanos Patricia (izquierda), Marcos y Elena López Fernández y su primo y David Krahe, actuales propietarios de La Vía Láctea.
Los hermanos Patricia (izquierda), Marcos y Elena López Fernández y su primo y David Krahe, actuales propietarios de La Vía Láctea.

Suena manido, pero entrar en La Vía Láctea (Velarde, 18) implica viajar en el tiempo. No solo porque gran parte del mobiliario y la decoración estén prácticamente igual que cuando abrió, en julio de 1979, sino porque el local narra la historia de la familia López-Fernández. “Te puedes imaginar lo que hemos vivido aquí”, dice Patricia López, hija del fundador Marcos López Artiga, que acude a la entrevista junto a sus hermanos Marcos y Elena, y su primo David Krahe, actual encargado del bar madrileño.

La Vía Láctea fue —aún es— uno de los bares más importantes de la Movida Madrileña. En él, se reunían Pedro Almodóvar, Moncho Alpuente, García-Alix o Ceesepe. Fue la catapulta para bandas madrileñas como Sex Museum, Pleasure Fuckers o Los Enemigos. También, el cuartel general de pinchadiscos como Diego A. Manrique o Kike Túrmix. Hasta celebridades internacionales como Nico —la cantante que inspiró a la Velvet Underground de Andy Warhol— Johnny Thunders o Paul Collins se dejaban caer por este bar en los ochenta y noventa.

“Siempre nos sentamos en estos sofás cuando venimos con mi madre”, dice la segunda de los hijos de López Artiga y Amparo Fernández señalando uno de los rincones del local. “Cuando está abierto y lleno, ella se suele poner junto a la barra, un poco escondida, no le gusta el protagonismo”, añade. Por eso no ha acudido a la entrevista. Tantos sus hijos como su sobrino coinciden en señalar que, “si no fuese por ella, no estarían celebrando el 40º aniversario”. Cuando el fundador murió inesperadamente en 2003, su mujer tomó las riendas del negocio.

“Mi padre pudo abrir este bar gracias al sueldo de mi madre, que entonces trabajaba en Iberia”, cuenta Marcos López. “Ese trabajo les permitía viajar gratis, algo impensable en la época. Eso hizo que mi padre se empapase de novedades musicales y culturales de otras partes del mundo. El resultado fue La Vía Láctea”, añade el primogénito de López Artiga que recuerda con nostalgia los discos y aparatos de música que su padre traía de esos viajes.

“A mí no me pilló la Movida, pero seguía las aventuras de mis hermanos y mi primo en el bar”, dice la benjamina de los López-Fernández, Elena, que hoy tiene 36 años y regenta otro de los bares fundados por su padre en 1979, el Jazz Bar (Moratín, 35).

Marcos y David (49 años) llegaron incluso a pinchar en La Vía Láctea. El primero, durante un verano, mientras que el segundo se convirtió en “pinchadiscos residente” en los noventa, pese a las advertencias de López Artiga. “Mi tío no quería que dejase de lado mis estudios, me amenazó con largarme si no cumplía”, cuenta. “A mí ni siquiera me dejaban pisar La Vía, mis padres sabían lo que se cocía en la noche madrileña y querían apartarme de eso”, añade Patricia López, de 48 años. “Insistí y empecé a salir por aquí, eso sí, con mi primo como guardaespaldas”, apunta.

La Vía Láctea casi no ha cambiado en estos 40 años. Aún mantiene ese espíritu alternativo y su empeño en educar los oídos (musicalmente hablando) de los que acuden. “Mi tío y muchos de los pinchadiscos que pasaron por aquí me inculcaron la necesidad de apostar por la buena música”, recuerda David Krahe, que sigue pinchando en el bar. “Pero siempre bajo una premisa: de lo más conocido procuro pinchar lo mejor, y de lo mejor, lo más conocido”. Todo bajo un amplio paraguas musical (rock, grunge, garaje, pop, punk, funk, country...) y para un público de todas las edades. “A veces, se juntan aquí hasta tres generaciones”, añade Krahe, que compagina su trabajo en el bar con su banda Los Coronas.

Recientemente, el hijo de Patricia y las hijas de Marcos se han incorporado a La Vía Láctea como camareros. “La historia se repite: ahora somos nosotros los que no queremos que descuiden sus estudios”, dice Patricia, responsable también del Freeway, anteriormente llamado King Creole, otro mito de Malasaña fundado también por su padre. “Si alguna vez alguno de nosotros no está involucrado en el proyecto, esto se cierra”, añade. ¿Serán sus hijos el relevo generacional entonces? “De momento a nosotros nos queda mucha pila para seguir con La Vía Láctea”, se ríen.

Para celebrar sus 25 años, La Vía Láctea trajo a Nancy Sinatra en el que fue su primer concierto en España. Para los 40, los López-Fernández preparan “algo grande”: “Todavía no podemos adelantar nada”.

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