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La montaña del Cogulló deja de ser un vertedero de sal

La multinacional ICL Iberia cierra el vertedero de restos de potasa en cumplimiento de una sentencia judicial

La montaña de sal del Cogulló, en Sallent (Barcelona).
La montaña de sal del Cogulló, en Sallent (Barcelona).

La montaña de sal del Cogulló, en Sallent (Bages) ha dejado este sábado de ser la escombrera de restos de potasa de la multinacional minera ICL Iberia, la empresa de matriz israelí propietaria de Iberpotash. Ha vencido la última prórroga que tenía la compañía para seguir vertiendo sal antes de cumplir con la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC), que ordenó que empezara a desmontarse la montaña. La reivindicación vecinal ha puesto fin a esta actividad minera, que desde los años setenta ha tenido en el Cogulló el vertedero de residuos de potasa.

La multinacional minera ICL Iberia ha cerrado el vertedero de restos de potasa del Cogulló en cumplimiento de una orden judicial. El TSJC dictó en enero una interlocutoria en la que ordenaba que la empresa debía empezar a retirar los residuos que durante décadas ha vertido en el Cogulló. La compañía, que en las últimas semanas ya había parado la actividad y que no ha pedido otra prórroga, ha hecho oficial hoy el cierre de la escombrera en un acto bajo el lema “Un paso más hacia una minería sostenible”. En el acto han participado el consejero delegado de ICL Iberia, Carles Aleman, el consejero de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet y el alcalde de Sallent, Oriol Ribalta, además de representantes sindicales.

El cierre del Cogulló no impedirá a ICL Iberia seguir trabajando en la mina de potasa de Sallent. La empresa podrá seguir operando temporalmente hasta que la Justicia resuelva sobre la prórroga de la concesión de explotación, y gradualmente trasladará toda la actividad a Súria, para lo que hace falta la construcción de una rampa en la mina de esta población.

Por ahora, la empresa transportará los residuos en camión hasta la escombrera de El Fustaret. La sentencia también obliga a la compañía a eliminar los residuos, que podría costar 50 años. El plan de la empresa prevé comercializar una parte de la sal, y la otra trasladarla al mar a través de un colector.

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