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Quim Torra: nacionalismo sin filtros

La identidad y el menosprecio a España como el enemigo siempre presente son piedras angulares en el corpus ideológico del nuevo presidente de la Generalitat

Una ilustración de Quim Torra.
Una ilustración de Quim Torra.

El nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, es la quintaesencia del nacionalismo, sin filtros, imposible de confundir con el independentismo pragmático. El discurso, las acciones y el pensamiento escrito por Torra lo exponen con claridad más allá de su antigua cuenta de Twitter. No es casualidad que fuera el primer director del Born Centre Cultural: el hombre que concibió la señera gigante que hay en el Born, con una medida exacta de 17,14 metros de alto —homenaje al tricentenario de la derrota austracista—, el hombre que bautizó el lugar como “la zona cero del catalanismo”.

Torra es nacionalista conservador con una pátina de romanticismo y de cosmopolitismo al mismo tiempo, según sus propias palabras: trabajar para el ideal nacional, para preservar la tradición y las raíces, pero con una mirada al mundo. En un artículo de 2010 demostraba su admiración por Suiza con una narración que sintetiza lo que él quiere en Cataluña: “La extraordinaria mezcla de guerras, fuerza y pacifismo, de espíritu de apertura al mundo y de aislamiento y retorno a las raíces, de paisajes extremos y prados de silencios helados, de selva capitalista y cooperativismo de huerto y viña, de cosmopolitismo plural y de cerradas y rancias tradiciones, de rocíos vibrantes y tibios crepúsculos, es lo que hace de Suiza un país apasionante”.

Torra fue miembro de la Fundación Catalunya Oberta (FCO), la entidad fundada por Lluís Prenafeta, quien fuera mano derecha de Jordi Pujol y poder convergente en la sombra. Por la FCO pasaron los nombres más destacados del ala nacional liberal de Convergencia. Precisamente de Salvador Sostres, uno de los personajes más polémicos de la FCO, Torra escribió en noviembre de 2009: “Coincido casi siempre con él. Diría más, pienso lo que pienso porque él ha escrito lo que ha escrito. Somos lo que hemos leído, escribió un día, y yo le leo”.

El elegido por Carles Puigdemont para presidir la Generalitat tiene más vínculo de pensamiento con los sectores del independentismo desacomplejado de la desaparecida Unió Democrática, o con la también extinta formación Reagrupament, partido que intentó movilizar el independentismo más convencido antes del procés, cuando consideraban que ERC y sobre todo CiU no apostaban por ello. Torra dirigió El Matí,órgano de comunicación de estos sectores de la democracia cristiana con un fortísimo componente nacionalista. A partir de sus artículos en El Matí se puede perfilar su pensamiento político.

España, exportadora de miseria

La animadversión visceral hacia España es una constante. En octubre de 2010, sobre el Día de la Hispanidad, Torra escribió: “España, esencialmente, ha sido un país exportador de miseria, materialmente y espiritualmente hablando. Todo lo que ha sido tocado por los españoles se ha convertido en fuente de discriminaciones raciales, diferencias sociales y subdesarrollo. La “Madre Patria” ha acabado devorando siempre a sus hijos y los ha dejado la peor de las herencias: una identidad deforme, una memoria extirpada, la suburbialización mental”. En febrero de 2010 comentaba, con un tono irónicamente desesperado, su rechazo frontal al diálogo con las fuerzas políticas españolas: “No entenderé nunca esta manía con el pacto con España, es una cosa que me supera”.

España frecuentemente es en el ideario de Torra un ser extraño que se ha infiltrado en la identidad catalana. Torra decía en 2012 sobre el castellano y su patria: “No es nada natural hablar en español en Cataluña. No querer hablar la lengua propia del país es el desarraigo, el provincialismo, la voluntad persistente de no querer asumir las señales de identidad de donde se vive. La lengua, cualquier lengua de cualquier país del mundo, es el alma de la patria. Sin lengua no hay país. Y cuando se decide no hablar en catalán se está decidiendo dar la espalda a Cataluña”. Uno de sus textos más controvertidos, publicado en 2012 en el digital El Món, calificaba de “carroñeros, escorpiones, hienas, bestias con forma humana” a los españoles en Cataluña que viven al margen de la cultura en catalán

Con esta concepción de la catalanidad es normal que dos años antes, en 2010, Torra considerara que el expresidente de la Generalitat José Montilla y la dirigente del PSC Rocío Martínez Sampere no son catalanistas: “Si la señora Martínez Sampere y el presidente Montilla son catalanistas, es evidente que unos cuantos tenemos un problema. Aquí no cabe todo el mundo”.

Los catalanes, como africanos

España es en la mentalidad del nuevo jefe de gobierno catalán una fuerza de ocupación colonial. Los catalanes son como una tribu africana, según un artículo en El Matí de 2011: “Propongo que la próxima vez que venga un ministro español a visitarnos lo recibamos, por una vez, con todos los honores y con todos nuestros vestidos de gala: la cabeza rapada y pintada de rojo, un aro en la nariz, ocho collares con los colores del arcoíris en el pecho, un taparrabos que nos tape las partes —si lo podemos pagar— y un brazalete en el tobillo. Y bailamos la danza de bienvenida, como los Massai, saltando y gritando Visca-Viva —bilingüe, solo faltaría— con nuestros gritos ancestrales de hipopótamos. ¡Welcome to Africa, ministro!”.

El espíritu romántico del nacionalismo de manual también es recurrente en el argumentario de Torra. Este pedía en 2010 al por entonces presidente Artur Mas que diera apoyo a la consulta de independencia que se celebraría aquel año, y lo hacía con estas palabras: “Presidente, el concepto de decidir, que contiene la idea de ser, de ser libres, es de una fuerza irresistible. Deje que le arrastre. Cierre los ojos, escuche alguna canción de Toldrà, murmure un poema de Verdaguer, recuerde al presidente Macià proclamando nuestra república o Carrasco i Formiguera gritando Visca Catalunya Lliure!, sienta el aire del mar, coja un puñado de tierra húmeda, huela unas ramas de lavanda, y piense en nuestro país. Olvídese de todo lo demás. Usted y Cataluña. No podrá dudar, ni como demócrata ni como catalanista ni como barcelonés. Si somos, seamos, nada puede ser más importante, nada no puede detenernos”.

La idealización del pasado es constante en Torra. En 2011 dio el pregón de las fiestas de Santa Coloma de Farners evocando la guerra de los segadores, en el siglo XVII: “Todos los colomenses somos fruto de un minuto: cuando un puñado de segadores, y campesinos, y herreros, y curtidores y cerrajeros y taberneros decidieron rebelarse contra el ultraje y la explotación, hartos de ser humillados por las tropas del rey de España. Y en aquel minuto que nuestros antepasados tomaron la hoz y las horcas, los palos y las layas, nosotros nacimos y abrimos los ojos. Somos fruto de aquel minuto”.

Predecir el 'procés'

Torra ha estado ideológicamente en el meollo del proceso de independencia. La unión de partidos y organizaciones civiles en Junts Pel Sí tuvo a Torra uno de sus ideólogos. Muchas de sus intervenciones previas al procés parecían predecir la propaganda del independentismo. En una conferencia de abril de 2012 ya mencionaba que las ideas clave para conseguir la separación de España eran la unilateralidad y los mensajes de que sería un movimiento democrático y pacífico: “Contra la legalidad interna hoy tenemos la democracia que nos ampara. Contra la soberanía estatal que nos ahoga tenemos una cobertura internacional que nos permite unas oportunidades nuevas. Y contra una Constitución tenemos sencillamente una nueva constitución, la constitución catalana”.

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