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LA CRÓNICA DE BALEARES

Trampeando y poniendo trampas

Los extremos de nuestro abanico político son siempre los mismos: disidencia y credulidad

Donald Trump muestra una máscara de sí mismo en un mitin electoral .
Donald Trump muestra una máscara de sí mismo en un mitin electoral . /

Miércoles

Cuenta Sloterdijk que el crecimiento vertical del hombre depende de una doble práctica: ascetismo y acrobacia.

La lección es sugerente: ante la glotonería bulímica y el miedo a caer de bruces, que son los rasgos característicos de un mundo desorientado, hay que entrenarse. Al mal de los tiempos sobrevivirá quien haya perfeccionado la agilidad del equilibrista y el arte de renunciar.

Jueves

Según Emerson, que esperaba del intelectual todas las cosas heroicas e incómodas, las concentraciones y las renuncias que constituyen la vida noble, Shakespeare es la única persona de toda la historia que nos resulta verdaderamente conocida. “Las dulzuras y los terrores del destino humano se reflejan en su espíritu con la misma verdad”.

Viernes

Los enigmas de la tragedia permanecen. Por más que la producción industrial y falsaria de ficciones, discursos, relatos, doctrinas e ilusiones se acelere en el tramo final de nuestro ciclo histórico. En este epílogo, en el que la sociedad mal vive narcotizada por las imágenes ilusorias que produce la industria del entretenimiento, la cultura es la maquinaria ansiolítica de una población angustiada.

Sábado

Es probable que nadie entienda nada, pero Piglia insiste en la necesidad de escribir una historia invisible de los modos de leer. El autor argentino trastorna la persuasión contemporánea, la desplaza, la invierte y la niega en un gesto subversivo que debemos descifrar. Piglia recuerda la misteriosa intensidad que reconocemos en los lectores ajenos al ruido del mundo. Leen. Nada los altera. Ningún otro asunto les importa. La muchacha que lee su libro en el tren y que levanta la cabeza apenas un instante antes de llegar a su destino. Esta imagen conserva intacta su emoción.

Domingo

Los sucesos de la vida cotidiana, los sueños y las lecturas configuran nuestra memoria. Nadie llega a estar seguro de dónde proceden sus recuerdos. Cómo se han nutrido, alterado o embrollado. El parentesco entre lo que hemos vivido, soñado o leído es de una considerable vaguedad y esta confusión, cabe reconocerlo, es nuestra verdadera patria, nuestro origen. Ignorar que la personalidad, eso que pomposamente llamamos identidad, procede de los tres mundos, dará a nuestra existencia una dimensión más torpe. El lector que se ha entrenado en la práctica ascética y acrobática lo sabe. La lectura es un ejercicio de discernimiento. El arte de leer se utilizará para descifrar los enredos de la vida y el laberíntico embrollo de los sueños.

Lunes

La ironía es la conciencia lúcida de una dificultad insalvable. Esta es una certeza, por lo demás, antiquísima. Por encima de las decepciones propias de cada generación, todo ha sucedido con previsible regularidad y todo acaba convertido en un tour de force entre lo sublime y lo vulgar. No importa cuáles vayan a ser las doctrinas que estas formidables fuerzas adoptan para darse a entender.

Martes

De una u otra manera, los extremos de nuestro abanico político son siempre los mismos: disidencia y credulidad. Los ciudadanos dóciles consumen las mercancías ofrecidas como convicción: las celebran como si a ellos mismos se les hubiera ocurrido. Sus emociones coinciden con la de sus líderes y a veces incluso adoptan su aspecto. No tardaremos en ver proliferar peinados que imitan el tupé de Trump.

En la más alejada antípoda, resisten los disidentes. Una resuelta disposición de ánimo los distingue: una feroz displicencia. No creen en nada ni en nadie. Nada dan por sabido y les parece ridícula la facilidad con que sus contemporáneos se prestan a sostener unos embaucadores, estafadores y falsificadores que sólo producen sonrojo.