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Un año de bronca con los símbolos en Barcelona

El pregón de las fiestas de la Mercè es el nuevo capítulo del enfrentamiento entre el Ayuntamiento y el independentismo por los iconos catalanes

Desde la izquierda, Jaume Collboni, Pérez Andújar, Ada Colau y Patrick Krugman (teniente de alcalde de París), ayer en la presentación del cartel de las fiestas de la Mercè.
Desde la izquierda, Jaume Collboni, Pérez Andújar, Ada Colau y Patrick Krugman (teniente de alcalde de París), ayer en la presentación del cartel de las fiestas de la Mercè.

La elección del pregonero de las fiestas de la Mercè es el nuevo capítulo del enfrentamiento del Ayuntamiento de Barcelona y el independentismo por los símbolos catalanes. El conflicto lleva un año al rojo vivo y empezó por algo tan mundano como un urinario. El Consistorio, en una prueba piloto para reducir las micciones en la calle, empotró un urinario portátil en el exterior del Born Centre Cultural (BCCM). Fue furibunda la reacción del nacionalismo, que considera el yacimiento de la Guerra de Sucesión que acoge el Born como “la zona cero de los catalanes”, según definición de Quim Torra, exdirector del BCCM y expresidente de Òmnium Cultural. CiU aseguró que el urinario era “una falta de respeto y un desprecio a la historia y al patrimonio de la ciudad y del país”. El Ayuntamiento cambió la localización del baño.

De más difícil solución es el choque que ha generado la exposición Franco. Victoria. República, prevista para octubre y que instalará dos esculturas franquistas en la explanada del Born. CiU y ERC han criticado lo que consideran una falta de respeto. El líder de los republicanos en Barcelona, Alfred Bosch, advirtió de que mientras las fosas de la guerra civil sigan sin abrirse, plantear esta exposición “es ofensivo para las víctimas; da una imagen de normalidad que no existe”. Jaume Ciurana, concejal de CiU, cargó duramente contra el gobierno municipal desde las redes sociales: “Les puede más tapar eso que menosprecian: la lucha por las libertades nacionales de Cataluña. Desvirtuar el BCCM era y es el objetivo”. Joaquim Forn, concejal de CiU, comentó el viernes que “es frivolizar que la gente tenga que ver de nuevo esculturas franquistas en la calle”. “Estamos totalmente en contra de que se utilice el Born para menospreciarlo. Hay gente que está obsesionada en hacerlo desaparecer”, añadió.

Un ágora

Gerardo Pisarello, primer teniente de alcalde de Barcelona, explica por escrito que el Ayuntamiento “no quiere que el Born sea un templo sino un ágora”. “Un ágora de todo el mundo. De memorias plurales y un recuerdo común: 1714”. Sobre la exposición Franco. Victoria. República, apunta que “lo que se expondrá en el Born no es una estatua de Franco; es una ruina de Franco, sin cabeza, maltrecha. Irá acompañada por una exposición sobre la tortura durante de franquismo y su impunidad, bajo el título Esto me pasó.

Ciurana también se ha enfrentado al equipo de Colau por la bandera de Santa Eulàlia, un estandarte de Barcelona durante el asedio borbónico de 1714. Ciurana y Quim Torra denunciaron el agravio que supone que el Ayuntamiento haya retirado la bandera del BCCM, restaurada por el anterior equipo de gobierno de CiU. Otro motivo de discusión, en el marco de la simbología de 1714, fue la negativa del Consistorio a autorizar la salida desde la sede del Ayuntamiento, el 11 de septiembre, del grupo de figurantes de La Coronela, una unidad militar de 1714 que luchó contra los Borbones. El veto se justificó, según el Ayuntamiento, porque se considera poco solemne para un acto institucional el desfile de disfraces de época de una entidad que “tampoco tiene una tradición arraigada en la ciudad”. CiU, ERC y la CUP ignoraron la negativa de la alcaldía y acompañaron a La Coronela en su desfile desde el Ayuntamiento.

El último capítulo en esta batalla ha sido la elección de Javier Pérez Andújar como pregonero de las fiestas de la Mercè. Su humor para retratar algunos episodios del proceso soberanista ha irritado a las filas independentistas. La movilización contra su elección se ha materializado en la convocatoria de un pregón alternativo que protagonizará el actor Toni Albà, disfrazado de Felipe V. Junto a él participarán en el espectáculo los figurantes de La Coronela y un grupo de música llamado Raperos por la independencia. El acto está patrocinado por el empresario independentista Jordi Roset, con su cadena de gasolineras Petrolis Independents —empresa que asegura que solo tributa en Cataluña y que destina parte de sus ingresos “a entidades catalanistas”— y cavas Roset —productor del vino Catalunya Lliure—. Una de las críticas dirigidas a Pérez Andújar es por un artículo en el que comparaba el independentismo con un parque temático.

CiU ha anunciado que estará representada en la parodia de Albà por dos concejales, y ERC también enviará a algún representante. El diputado de Junts pel Sí Eduado Reyes anunció su presencia en Twitter. La columnista Pilar Rahola, miembro del Consejo Asesor para la Transición Nacional de la Generalitat, ha sido la principal promotora del pregón patriótico y alternativo. Rahola afirma a EL PAÍS: “Pérez Andújar ha insultado reiteradamente posiciones políticas que defendemos personas como yo. Elegirlo como pregonero de la Mercè, cuando debería serlo alguien que represente a todo el mundo, es un síntoma muy desagradable”. Rahola destaca que el principal problema es que “el Ayuntamiento considere que una persona así es una persona de consenso”.

Ramon Espasa, veterano dirigente del PSUC y uno de los políticos que promovió en 1980 la instauración del 11 de septiembre como día nacional de Cataluña, considera que el equipo de Colau no administra bien la cuestión de los símbolos nacionales: “No los menosprecia, pero la izquierda que está en el Ayuntamiento no sabe asumir bien el problema. No tiene suficiente altura de miras para asumir el tema de forma catalanista y transversal. Sin querer, aparecen como antiindepententistas”.

Enric Ucelay-Da Cal, catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra, apunta que “la hipersensibilidad y el afán de monopolio espiritual de los unos y de los otros son rasgos tradicionales, que con regularidad sirven para provocar escándalos”. Ucelay Da-Cal recuerda que el conflicto viene de lejos y pone como ejemplo la reacción de la izquierda cuando Juan Antonio Güell, burgués y alcalde de la Lliga Regionalista en 1930, instaló un bidé en los servicios del Ayuntamiento: “Es habitual que los creyentes del fuego sagrado de la patria herida se indignen con algún gesto de los protectores de los desvalidos por la opresión capitalista, y al revés”.

 

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