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La descoordinación dificulta el envío de ayuda a los refugiados

Las ONG y expertos en cooperación celebran la voluntad ciudadana pero la ven ineficaz

Una imagen del material para los refugiados en un almacén.
Una imagen del material para los refugiados en un almacén.

Varios camiones cargados de ropa y otros productos para los refugiados han salido esta semana de Cataluña tras días esperando el dinero para afrontar el viaje. Diversas ONG hicieron un llamamiento de recogida antes de Semana Santa y se vieron desbordadas por una ola de solidaridad en Badalona, Cerdanyola o Terrassa. Las ONG y expertos en cooperación celebran la voluntad ciudadana pero ven poco eficaz el método: piden evitar transportes largos y comprar el material lo más cerca posible de la zona. Todos piden coordinación a las administraciones.

Jesús Aragón es bombero en Terrassa. Colabora con una iglesia protestante que realiza campañas benéficas habitualmente. El viernes 18 de marzo, antes de Semana Santa, recibió la llamada del pastor del Rebost Solidari de Cerdanyola, una iglesia baptista, para que movilizara a sus compañeros. Técnicamente la fecha de recogida de ropa iba a empezar el pasado martes pero los bomberos habían movido por whatsapp el anuncio durante las vacaciones y para entonces ya estaban desbordados de bolsas sin ningún tipo de orden. “Yo tenía reservada en mi iglesia una habitación de 50 metros cuadrados que se llenó enseguida”, explica Aragón.

La red de contactos se tuvo que ampliar y llegó, entre otros sitios, hasta Badalona, donde los carmelitas descalzos vivieron la misma escena: un patio donde entre 7 y 8 toneladas de bolsas se amontonaron en el patio, según estima el padre Ángel Briñàs.

Unos bomberos de Terrassa trasladan ropa a una de las furgonetas.
Unos bomberos de Terrassa trasladan ropa a una de las furgonetas.

El problema llegó entonces. Tocaba gestionar la ola de solidaridad. Había que clasificar la ropa, guardarla en cajas y etiquetarlas en inglés para facilitar el trabajo una vez en el campamento. Y lo más difícil: cargarlas en camiones y llevarlas a su destino. “Financiación solo teníamos para uno, pero el resto [otros tres camiones] han ido saliendo con donativos”, reconoce Aragón. Desde el martes las organizaciones cambiaron su mensaje: los ciudadanos solidarios debían de dejar de llevar ropa y quedarse a ayudar a organizar y hacer ingresos en dos cuentas corrientes habilitadas. El primer camión salió el miércoles desde Figueres. Otros dos lo hicieron el viernes desde Cerdanyola y un cuarto desde Málaga.

“No tiene sentido recoger material a 3000 km si lo tienes a 300”, dice Oriol Illa, presidente de la Mesa del Tercer Sector

Aún así, en varios locales y almacenes queda ahora una cantidad incalculable de cajas con productos que nadie sabe cuándo ni hacia dónde saldrán. “Hay 50 campos de refugiados, a uno u a otro los llevaremos”, dice Aragón.

Oriol Illa, presidente de la Mesa del Tercer Sector de Cataluña, cree que es positivo que la gente se muestre sensible al problema de los refugiados “pero eso no quiere decir que cualquier acción sea eficaz”, explica. Como él, varios expertos consultados proponen recaudar dinero y hacer la compra de productos en el terreno. “No tiene sentido recoger material a 3000 km si lo tienes a 300”, añade. Illa dice que al dinero que cuesta mover el camión se le sacaría más rentabilidad en el mismo Idomeni. En el mismo sentido se posiciona Enric Morist, coordinador de Creu Roja Catalunya: “Es evidente que la gente y las entidades lo hacen con buen corazón pero nuestra experiencia dice que el envío se tiene que hacer en base a necesidades contrastadas reales”.

Ignasi Carreras, exdirector general de Intermon Oxfam y director del Instituto de Innovación Social de Esade, defiende que normalmente “es más determinante tener recursos económicos que permitan a las organizaciones trabajar en el terreno”. Rafael Grasa, presidente del Institut Català Internacional per a la Pau,atribuye a que la gente se solidarice con iniciativas cercanas en sus localidades a la inacción del Gobierno central. Todos celebran la respuesta ciudadana pero alertan de los riesgos de caer en un buenismo improductivo.

“Nosotros recibimos un grito de auxilio y respondimos a él”, justifica Aragón, que asegura que continuarán con campañas similares si creen que lo necesitan. “La gente se ha volcado. Yo estoy de acuerdo con esa idea de que lo suyo sería que trabajaran las entidades allí, pero eso por lo que sea no está funcionando. Está funcionando esto”, defiende. “Lo que hay que hacer es trabajar de forma coordinada y hacer un único inventario de los productos, no uno en cada pueblo”, insiste Illa, que defiende el funcionamiento del comité de acogida de refugiados pese a sus carencias.