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Neus Català, memoria viva del horror nazi, recoge su Medalla de Oro

La Generalitat premia a la superviviente, a Josep Maria Espinàs y a Joan Rodés

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, junto a Neus Català Ampliar foto
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, junto a Neus Català

Neus Català (Els Guiamets, 1915), última superviviente catalana del campo de exterminio nazi para mujeres de Ravensbrük, se hizo una promesa cuando consiguió sobrevivir al infierno de las SS, con apenas 30 años: No borrar nunca la memoria de los miles de personas que bajo un cielo de plomo – así se tituló su biografía– se convirtieron en cenizas en los crematorios de la Alemania nazi. A punto de cumplir 100 años, con toda una vida a cuestas dedicada a preservar el testimonio de los deportados y en favor de las libertades democráticas, el Gobierno catalán le otorgó ayer la Medalla de Oro.

“Enseña la lucha por la existencia, la supervivencia. No solo se trata de vivir en condiciones durísimas, extremas, sino que es la lucha por la vida, el recuerdo”, afirmó sobre Català anoche el presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante la entrega de la máxima distinción de la institución. Junto a ella fueron premiados el escritor y periodista Josep Maria Espinàs, y el médico especializado en hepatología Joan Rodés. Mas elogió las trayectorias de los tres en el campo del compromiso por los derechos humanos, la literatura, y la medicina, respectivamente. Català, Espinàs y Rodés son “auténticas cajas de vitaminas” para la sociedad porque ayudan desde sus disciplinas al progreso y a no “borrar la memoria”, afirmó el presidente del Ejecutivo catalán. Mas, a la vez, destacó “el talento, constancia y optimismo” de los homenajeados.

Neus Català posa tras recibir la Medalla de Oro de la Generalitat ampliar foto
Neus Català posa tras recibir la Medalla de Oro de la Generalitat

Carme Martí, autora de los recuerdos novelados de Català, fue la encargada de leer su glosa. Durante el parlamento relató cómo a los 14 años amenazó con ponerse en huelga en el Priorat porque no cobraba como los hombres para realizar trabajos de campo. Después ayudó a crear “una milicia popular armada para salvar las cosechas” y a los 21 años marchó a Barcelona para convertirse en enfermera. Tenía a su cargo en una colonia de Premià de Dalt a “182 criaturas, trabajaba 7 días a la semana y dormía 3 horas. No permitió que separasen a ningún hermano”, explicó Martí, quien detalló el compromiso político de Català, el exilio por la Guerra Civil, la clandestinidad en la Resistencia francesa, la deportación en 1943 por su colaboración con los maquis, y su incasable afán por preservar la memoria de los desaparecidos debido al fascismo.

Català, sentada en silla de ruedas al lado de Mas y con sus características gafas de pasta negras, escuchó sonriente los recuerdos de cuando inutilizaba armamento en Ravensbrück. Pero los años pesan y fue su hija Margarita quien pronunció en su nombre unas palabras de agradecimiento. “Quiero que el premio sea extensivo a todas las mujeres que han formado parte de mi vida. A las que se quedaron en los campos de la muerte y a las que salieron para testimoniar lo ocurrido”, dijo Margarita. “Ella tiene una trayectoria militante de izquierdas, compaginó la lucha antifranquista con Cataluña”, relató su hijo Lluís arropado por vecinos de Els Guiamets, donde Català vive en un geriátrico, y por miembros de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), formación en la que milita.

Tras el reconocimiento a Català el periodista y productor Toni Soler fue el encargado de leer la glosa a Espinàs (Barcelona, 1927). “Será un escritor tan normal, insignificante y modesto como él quiera, pero es ejemplar, como su legado periodístico”, dijo Soler, quien citó a su amigo al afirmar que “mirar es como amar. Cada segundo tiene que ser un recomienzo”.

Soler alabó la manera en la que Espinàs rehúye de la épica “curioseando desde el balcón o caminando por comarcas perdidas de Cataluña”. Espinàs, autor de un prolífico legado literario desde que se dio a conocer en este campo en 1953 mediante Com ganivets o flames, mantiene en la prensa catalana la columna más longeva de manera prácticamente interrumpida. Ayer el secretario del Gobierno catalán, Jordi Baiget, se refirió también a su papel como integrante de Els Setze Jutges y en la génesis de la Nova Cançó. Baiget, a su vez, recordó que Espinàs es autor del himno del FC Barcelona y que su empeño por la cultura le llevó a fundar la editorial La Campana. “Cuando tenía 11 o 12 años me encontré escribiendo unos versos sobre golondrinas. Aún no sabía que existía el mundo y después descubrí una cosa llamada vida. Y aquí me quedé”, expresó Espinàs. “La vida la aprendí escribiendo. La escritura como trabajo diario. Eso es lo que soy”, añadió.

Finalmente, el doctor Rodés (Barcelona, 1938) tuvo un recuerdo para los profesionales que durante las últimas cuatro décadas han formado parte de la unidad de hematología del Hospital Clínic de Barcelona, que él impulsó en 1968 tras formarse en París y que hoy es un referente internacional en su campo.

Baiget se refirió a los más de 500 artículos en revistas especializadas escritos por Rodés, y a su afán por la investigación sobre las enfermedades hepáticas, el cáncer de hígado o las complicaciones por la cirrosis. Rodés actualmente es también coordinador del Plan Estratégico contra la hepatitis C del Ministerio de Sanidad. "Han cambiado las personas, pero perduran las ideas y la filosofía de trabajo", concluyó Rodés sobre su trabajo en el Clínic.