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Barcelona: radiografía del conflicto vecinal en 10 distritos

La capital encara los últimos meses de mandato del Ayuntamiento con decenas de reivindicaciones de los barrios sobre la mesa

Vecinos de Gràcia muestran el espacio que el Ayuntamiento pretende ampliar a los bares y terrazas de la plaza del Sol.
Vecinos de Gràcia muestran el espacio que el Ayuntamiento pretende ampliar a los bares y terrazas de la plaza del Sol.

Más allá de los problemas transversales (la pobreza, los desahucios, el debate sobre el modelo turístico, comercial o sobre la privatización del espacio público), Barcelona encara los últimos meses del mandato del alcalde Xavier Trias (CiU) con decenas de reivindicaciones vecinales sobre la mesa en los 10 distritos de la ciudad. Los apuntaba el número de octubre de la revista Carrer, de la FAVB –que el propio consistorio reproduce en parte en su web GovernObert—y afloran en las audiencias públicas y los plenarios de distrito.

Las entidades consultadas coinciden en tres cuestiones. Una, subrayan que los conflictos que están en vías de solución o se han resuelto favorablemente para los vecinos han acabado así gracias precisamente a la presión ciudadana. Dos, critican que los responsables municipales han planificado sin escuchar a los vecinos y aseguran que priman el interés privado por encima del público. Y tres, que, pese al punto anterior, y metidos ya en precampaña electoral, detectan un cierto acercamiento de los mismos responsables de las áreas y distritos, que están convocando reuniones y encuentros para tratar conflictos que llevan años sobre el tapete. A veces, eso sí, presentándoles powerpoints y diagnósticos de problemas que conocen de sobra y mejor que nadie.

Ciutat Vella

Aquí surgió el clamor contra los efectos del turismo masivo y los apartamentos, primero en el Casc Antic o el Born y este verano con el estallido de la Barceloneta. El Ayuntamiento reaccionó con un plan de choque e inspecciones para pillar negocios in fraganti; y en octubre anunció que suspende la concesión de nuevas licencias sine die y en toda la ciudad. Los vecinos también se oponen a la apertura de nuevos hoteles, como el previsto en el Rec Comptal, cuyo trámite comenzó en mandatos anteriores, antes de restringir nuevas aperturas. La Barceloneta tiene otros dos frentes abiertos, una derrota y una victoria, desde su punto de vista. La derrota es la construcción, a punto de terminar, de la marina de lujo del Port Vell, cuya promotora ha sido investigada por la oficina Antifraude. La victoria es la recuperación del edificio de la antigua Cooperativa Segle XX, que la ciudad expropiará para rehabilitarla y convertirla en equipamiento.

Eixample

La zona de la Sagrada Familia se sumó a las protestas contra las molestias del turismo masivo. El barrio reivindica además el antiguo cine Niza para albergar equipamientos. Cerrado durante años, la noticia de la apertura de un Mercadona en su sótano ha encendido los ánimos en un barrio tomado por turistas que amenazan el comercio tradicional. El Ayuntamiento ha creado una comisión para tratar los temas calientes, pero los vecinos no la reconocen. El futuro de la actual cárcel Modelo se perfila como el otro gran tema del distrito. Tras el anuncio del traslado definitivo en 2017, los vecinos están convocados el día 15 a una primera reunión con el consistorio, que partirá del plan del equipo del alcalde Jordi Hereu, de 2009. También rozando el fin del mandato se ha intentado acelerar el debate sobre las superilles, una idea que muy potente pero compleja de resolver. En una de las dos grandes supermanzanas propuestas se ubica el solar Germanetes, que el consistorio ha cedido por tres años a los vecinos, que están gestionando su uso. El distrito quiere urbanizar en el solar un parque provisional, de nuevo una decisión unilateral, dicen los vecinos.

Sants-Montjuïc

Hay varios conflictos en este combativo distrito que en mayo pasado se levantó para defender Can Vies, un símbolo de la Barcelona popular. Mientras el Ayuntamiento tuvo que parar el intento de desalojo y devolvió temporalmente el edificio a los okupas, amenaza ahora con prohibir las obras de rehabilitación. El futuro definitivo dependerá de la reforma del lado mar del cajón de las vías de tren. Muy vasto, el distrito afronta otros frentes a mucha distancia física entre ellos. Lejos quedan la oposición a la reforma del Paral.lel, donde el ayuntamiento ha accedido a contar con los vecinos para el diseño de seis plazas; y la Zona Franca, que espera el metro mientras vive como una amenaza la posible construcción de una pista de esquí. El barrio albergará las dos nuevas cárceles que releven a las de la Trinitat y Modelo. En medio, en Can Batlló están muy pendientes del futuro de las naves de un recinto cuyo Bloc Onze hicieron suyo en 2012; y en Montjuïc están hasta el gorro del ruido de actividades como el Picnic Electrònic en verano, piden mayor protección patrimonial de la Satalia y se oponen al plan del parque temático Open Camp en la anilla olímpica.

Les Corts

La asociación de vecinos reconoce que en el distrito “no hay grandes conflictos de calle”, aunque durante el último pleno afloró que en la zona hay 300 pisos turísticos. Los equipamientos pendientes son la principal batalla del barrio. Está sobre la mesa la rehabilitación de la antigua Cristalerías Planell, donde debe reubicarse la escuela de adultos y un hotel de entidades. El Ayuntamiento ha prometido arrancar las obras de la biblioteca, tras años de retraso; pero todavía no hay fecha para retomar el proyecto de la residencia de mayores. Ni del instituto, en un barrio con abundante oferta de educación concertada. Respecto a la ya desaparecida Colònia Castells, la asociación recuerda que aunque el principal conflicto se resolvió, el Incasòl ha vendido una parte del área que debía ser zona verde.

Sarrià-Sant Gervasi

El conflicto por la amenaza del parque de l’Oreneta –salvado por los vecinos—ha destapado otras amenazas, o por lo menos conflictos de intereses, sobre la zona del preparque de Collserola, si se atiende a los viales que prevé el PGM. La cuestión es cómo se trata la zona o si se considera que el parque comienza en la ronda o arriba, en la carretera de les Aigües. Las entidades más activas de la zona celebran el protagonismo que han tenido “las clases populares, que todavía las hay”, en una zona con una elevada renta. Ahora se disponen a apretar para lograr tres equipamientos. La biblioteca J. V. Foix, en la plaza de Sarrià; la recuperación para uso público del parque de Can Ponsich, ahora ocupado por los coches de la Guardia Urbana; y las casitas y entorno del huerto de la Vila.

Gràcia

El movimiento vecinal no ha logrado frenar la aprobación inicial del Plan de Usos del distrito, pero sí prolongar el plazo de alegaciones y el compromiso del Ayuntamiento de que las mirará “con cariño”. En La Vila preocupa la proliferación de grandes albergues y la ampliación de terrazas en un barrio cada vez más turístico. Más al norte del distrito, los vecinos expresan su temor a un futuro cierre del hospital de l’Esperança, donde han cerrado algunos servicios; y reclaman que se dé uso a la plaza de Sanllehí, inutilizada por las obras de la línea 9 que no llega. En Vallcarca, Habitat Urbano replanteará la modificación del PGM del sector Vallcarca-Farigola que preveía derribar parte del lado Llobregat de la avenida; los vecinos han comenzado a debatir el futuro de la zona. El cierre parcial del Park Güell es otra guerra: los vecinos alertan de que la presión de los turistas se ha trasladado a las zonas abiertas del recinto.

Horta-Guinardó

El plan de los Tres Turons, que pasan los mandatos y no se define ni arranca, es uno de los temas pendientes en el distrito y tiene como foco el futuro de las viviendas que están fuera de ordenación. Más claro es el rechazo al megaparque planteado en Can Baró, que los vecinos rechazan por considerar que hay otras prioridades. Las baterías antiaéreas del Carmel, en obras, son foco de preocupación entre quienes temen los efectos del turismo. En un distrito que también convive desde hace años con el boquete de las obras de la línea 9 por encima del nuevo hospital de Sant Pau, otra de las incertidumbres es qué ocurrirá con la Torre Garcini, una de las piezas del cambio de cromos entre la promotora Núñez y Navarro y el Ayuntamiento en el paralizado plan del parque de l’Oreneta. Prometida en la propaganda electoral de Trias en seis barrios, tampoco llega la cobertura de la Ronda de Dalt, mientras los vecinos no entienden que se anuncie la reurbanización del Litoral en el Morrot, “donde no vive nadie”, dicen.

Nou Barris

Los índices de pobreza y los desahucios son el gran drama de un distrito que se autoproclama “cabreado” y que ha sufrido graves episodios, como el reciente asalto a la oficina de servicios sociales de Ciutat Meridiana. Los reproches a los servicios sociales han protagonizado en buena parte las últimas audiencias públicas. La última campaña del movimiento asociativo es “No es pobreza, es injusticia” y una de las reivindicaciones concretas es que abra la residencia de ancianos de La Prosperitat, acabada desde 2012.

El distrito alberga parte de las promociones de pisos de alquiler público que Regesa vendió a un fondo buitre, y sus vecinos se han organizado en una asamblea para responder conjuntamente a cualquier modificación de sus condiciones. En el laberinto orográfico de Torre Baró, los vecinos se sienten abandonados y reclaman inversiones, que por ahora se concentran en la parte baja del barrio. Y, al otro lado de las autopistas, está el barrio de Vallbona, cuya lucha es la recuperación del Rec Comptal.

Sant Andreu

Los vecinos saborean haber conseguido la gestión vecinal de la antigua Fabra y Coats: L’Harmonia funciona a toda máquina. Pero tiene varios conflictos abiertos. El más grande, la cicatriz de las obras de la estación del AVE en la Sagrera. En paralelo a la no puesta en marcha del parque prometido, el cabreo ha sido mayúsculo al conocer la intención del Ayuntamiento de ubicar un parque temático infantil en la losa del Triángulo Ferroviario. “Lo mejor que puede hacer el Ayuntamiento por los niños del barrio es un parque público”, es la respuesta conjunta de las asociaciones de Sant Andreu Nord, Sagrera, Bon Pastor y Verneda.

Otras reivindicaciones son que se paralice la ampliación del centro comercial La Maquinista; la pacificación del carrer Gran; o los equipamientos pendientes en los terrenos de los cuarteles de Sant Andreu: mientras los Legionarios desfilan cada domingo, faltan pisos, la residencia, el instituto y una zona verde, recuerdan los vecinos.

Sant Martí

Los vecinos del entorno de la plaza de les Glòries están pero que muy pendientes de la licitación de los túneles para soterrar el tráfico en esta plaza que lleva años en obras. Si las obras, que costarán 170 millones, no empiezan antes del fin de mandato la liarán y gorda, avisan.

En el Poblenou hay dos debates abiertos: la reforma de la rambla, en la que los vecinos se desmarcaron del Ayuntamiento y organizaron su propio proceso participativo, y el intento de revitalización de la calle de Pere IV. Como ocurre en Nou Barris con la residencia dela Prospe, en el Camp de l’Arpa aguardan la apertura de la residencia y centro de día de mayores en el complejo de la antigua fábrica Alchemika.