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El renacimiento de Fagor

La producción de la excooperativa estará lista a finales de este año

La planta de Eskoriatza espera poner en el mercado 300.000 ollas anuales

Imagen del exterior de la planta de Fagor en el barrio Garagartza de Mondragón.
Imagen del exterior de la planta de Fagor en el barrio Garagartza de Mondragón.

A primera vista, una aparente calma rodea las instalaciones de Fagor Electrodomésticos en Eskoriatza. Pero la fábrica emite una columna de vapor que revela la actividad de las máquinas en su interior. Nueve operarios arrancaron el pasado jueves la faena industrial después de un año de parón por el hundimiento y cierre de la excooperativa. “Como veis, esto ya está funcionando. Hemos arrancado la producción. Entendemos el interés mediático, pero ahora tenemos que conseguir un poco de normalidad”. Un encargado de la planta de Eskoriatza confirma con estas palabras que la primera hornada de ollas a presión ya está en marcha. La “nueva Fagor” es una realidad. Esta próxima semana comenzará la actividad industrial en la factoría de Garagartza, en Mondragón.

El renacimiento de Fagor es un hecho desde que el pasado 31 de octubre se formalizó en Barcelona la firma de la adquisición de las unidades productivas de Fagor Electrodomésticos por parte de la compañía catalana Cata, perteneciente al grupo CNA. Se ha hecho con los activos de la antigua cooperativa de la Corporación Mondragón tras abonar 38,5 millones de euros, más otros cuatro millones por hacerse con la cartera de créditos, según dictó el juez encargado del proceso concursal de Fagor.

A partir de ahí, todo ha quedado despejado para recuperar la puesta en marcha de las unidades productivas y la comercialización de los productos Fagor “para que lleguen antes de final de año a los hogares de todo el mundo”, asegura un responsable de la firma.

“Con la experiencia de más de 50 años y la ilusión del primer día”. Este es el eslogan elegido para alumbrar la nueva etapa industrial de Fagor. Así figuran en los catálogos 2014-2015 que han diseñado para comercializar las gamas de “minidomésticos” y “calefacción”. Cata ya ha “reclutado” a 155 personas para afrontar esta nueva etapa —se llegará a 200 a finales de este año—, y confía en cumplir con su compromiso de contar con una plantilla de unos 700 trabajadores durante el primer año de actividad.

Los primeros operarios, apenas una decena, se afanan estos días en Eskoriatza, donde espera reunir a un plantel de unos 65 empleados. Un responsable de esta fábrica calcula que esta planta pondrá en el mercado 300.000 unidades de ollas a presión a lo largo de 2015. “Es una buena cifra para comenzar, pero confiamos en aumentarla en el futuro”, añade. A la sede industrial de Eskoriatza acude un goteo incesante de “representantes de empresas proveedoras”, un síntoma de que la normalidad va tomando forma en esta fábrica. El ritmo es aún “muy lento”, pero poco a poco saldrán las primeras partidas de ollas con las marcas Fagor y Splendid.

En Garagartza, en cambio, la tranquilidad es absoluta. “Solo hay unos pocos trabajadores dentro; están probando las máquinas”, explica un empleado de seguridad. En este punto, la actividad comenzará a lo largo de los próximos días.

“Volvemos con la ilusión del primer día, con vitalidad renovada”, advierten los nuevos dueños de Fagor. Jorge Parladé, presidente de CNA, asegura que el objetivo es “hacer lo que mejor sabemos hacer: crear electrodomésticos innovadores y de vanguardia. Manteniendo su esencia y experiencia de más 50 años, pero con la ilusión renovada del primer día. Con esas ganas de empezar y de dar lo mejor de cada uno. Con ese compromiso de seguir ofreciendo lo mejor”.

Cata recoge “un legado tecnológico inmenso, producto de más de 60 años liderando mercados y abriendo camino, con tecnologías como los frigoríficos no frost, las placas de inducción de un solo espacio o los lavavajillas que reciclan agua de un lavado a otro”, afirman sus directivos.