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Karaoke. Interior noche

Carlos Vermut estrena 'Magical Girl', la película ganadora de la Concha de Oro

La visita al McDonalds 24 horas se ha convertido en un ritual para Vermut. Ampliar foto
La visita al McDonalds 24 horas se ha convertido en un ritual para Vermut.

1. Obras en Madrid. Un clásico de la ciudad. Ser director de cine supone estar semanas esperando a que algunos procesos acaben. Alguna vez he intentado pararme a observar alguna obra junto a un grupo de jubilados, pero abandoné al poco rato. Mucha gente mayor dice que cuanto mayor te haces, más rápido pasa el tiempo. Supongo que mirar el desarrollo de una obra a cámara rápida es mucho más interesante. Creo que ahí está la clave.

2. IKEA. Me gustan los espacios que crean. Imagino familias viviendo en esos lugares, sus problemas, su cotidianidad. A lo mejor en el espacio SKÖLP, tan bien decorado, un adolescente confiesa a sus padres que ha atropellado a un mendigo. Ellos entran en una pesadilla cuando descubren que alguien ha sido testigo del atropello y los quiere chantajear. Podría pasar. Horror y desgracia entre muebles de ensueño. Los perritos a un euro están bien.

3. Taxis. Siempre a favor de los taxis de Madrid. Me parece uno de los mayores placeres de la vida. En ocasiones he ido con mujeres taxistas y he de decir que tienen mejor gusto musical que los hombres. Una vez tuve la suerte de que me cogiese una mujer que puso temazos de Mina, Patty Pravo... 

4. Tainichi. El restaurante chino de mi barrio. Hace unos 10 años empezaron a ponerse de moda los restaurantes chinos “auténticos”. Yo, que había sido fan de los rollitos de primavera y el arroz tres delicias, ahora renegaba de ello y solo comía dim sum y gyozas. Miraba por encima del hombro a esa gente por vivir engañados. Mal. Que el esnobismo no nos prive de un buen pollo al limón. (Naves, 19).

5. Puente de Segovia. Una dimensión paralela. Lo que sucede ahí nadie lo sabe, porque existe más allá de los ojos de la propia ciudad. Gente viviendo en campamentos... Explotado muy bien por Almodóvar o Fernández Armero en alguna escena de Todo es mentira.

6. Mc Donalds 24h. Se ha convertido en un ritual cuando vuelvo a casa a las seis de la mañana. Casi siempre pido Happy meal. A esas horas se junta todo tipo de gente. Transexuales, adolescentes, turistas, macarras... Recomendable 100%. 

7. Casa de Campo. Es ocio para toda la familia. Solo he ido dos veces, pero lo recuerdo, sobre todo, por la escena final de La tonta del bote, probablemente una de las mejores adaptaciones de La cenicienta que se han hecho para el cine. Aunque, ahora que lo pienso, puede que fuese el Retiro.

8. El Parque de Atracciones. Viví mi infancia prácticamente sumido en un miedo obsesivo a la muerte, lo que me impedía disfrutar de atracciones que no fuesen El Barco del Mississippi, en la que, como mucho, podías romperte un tobillo. Me gustaba también el laberinto de espejos, el viaje al espacio... Todo como muy de peli de Dario Argento y muy misterioso. 

9. Plaza de España. Centro neurálgico de otakus, emos y gitanos rumanos. No se relacionan entre sí, pero viven en armonía, como distintas etnias de un mundo de fantasía o un juego de rol. Me pilla de paso cuando voy al cine y me gusta sentarme en el césped a mirar. 

10. Karaoke. El mejor lugar para acabar una noche. Mis canciones preferidas:Escuela de calor, Mil campanas, Como una ola y Aprendiz. (Plaza de los Mostenses, s/n)

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