Los primeros recortes de profesorado se ceban con los colegios rurales

O Pino y Curtis salen a la calle contra la supresión de maestros por parte de la Xunta, que también afecta a siete centros públicos de Ourense

Clase en el CEIP San Xoán de Filgueira (Ferrol). GABRIEL TIZON
Clase en el CEIP San Xoán de Filgueira (Ferrol). GABRIEL TIZONGABRIEL TIZON (EL PAÍS)

Hace tiempo que el final de curso marca el inicio de las protestas de muchos centros a cuenta del goteo de recortes que sufrirá la plantilla del profesorado el próximo año escolar. Dicho de otro modo, un mes antes de que la Consellería de Educación publique el catálogo de puestos de Infantil y Primaria —a primeros de agosto—, son docenas los colegios públicos de Galicia los que echan cuentas y dividen los alumnos inscritos entre los maestros que les tocan. “Es el anticipo de un curso 2014-2015 difícil, con más necesidades educativas que docentes para cubrirlas”, se quejan sus directores.

El recorte se nota, sobre todo, en los colegios integrados de las zonas rurales donde una mínima caída de la matrícula sirve a la Xunta para forzar un estirón de las ratios de alumnos por aula: 25 para Primaria y 30 en Secundaria. Las matemáticas también se imponen para hacer la correlación entre el maestro y el número de escolares a cargo y con ese resultado, exponen los sindicatos, se justifica supresión de plazas fijas, minimizan las de apoyo y aumentan los kilómetros y centros compartidos que asignan a los docentes de refuerzo (pedagogía terapeútica, orientación o audición y lenguaje).

El viernes, la comunidad educativa del CPI Camiño de Santiago de Arca, el Centro Público Integrado de O Pino (A Coruña), se echó a la calle para denunciar que la Xunta les resta seis profesores: cuatro con plaza fija y dos eventuales. Ayer, por tercera vez en la semana, repitieron la protesta. La medida supone suprimir cuatro unidades —una en Primaria y tres en Secundaria— en un colegio con 325 niños de tres a 16 años donde el índice de fracaso escolar pasa del 30% y el porcentaje de alumnos que requieren atención específica supone, prácticamente, un tercio del total, explica Ana Parga, vocal del ANPA.

El tijeretazo previsto a la plantilla de Arca les llegó a los trabajadores a golpe de teléfono desde la jefatura territorial de un día para otro, critica Parga, y hace “peligrar” la sección bilingüe que ya llevaba unos años en marcha con clases de historia, música y plástica en inglés.

La Consellería de Educación, que cifra en 30.300 los maestros en Galicia —sin sumar los docentes universitarios— niega que haya planteado la reducción de seis profesores en O Pino y se limita a repetir que cada centro tendrá “los que necesita de acuerdo al alumnado”.

“Nuestra biblioteca era un espacio vivo del que ya nadie se ocupará”
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La Asociación de Pais e Nais (ANPA) del CPI de O Pino está en la avanzadilla de una protesta que ha implicado a buena parte de este municipio pequeño, interior y rural de sur de A Coruña. Cuenta Ana que en Secundaria tocarán a 30 alumnos por clase a partir de septiembre sin contar a los que repitan curso en aulas “donde físicamente no cogen más de 20”. Las quejas contra la Xunta resonaron en un pleno extraordinario y urgente auscipiado esta semana por la oposición con el respaldo del Gobierno local, del PP.

Algo similar ocurre en el municipio coruñés de Curtis, también bajo mando popular, que lleva dos meses denunciando que Educación les resta dos maestras de Infantil con plaza fija. Y todo porque les faltan cinco alumnos para cumplir la ratio, resume la dirección. “Es definitivo, cesan el 31 de agosto”, lamenta María Jesús Barral, directora del colegio. Pasarán de cuatro a dos profesores para los 31 alumnos más pequeños. Supone que cierran un aula y reparten a los niños de cuatro años entre las clases de tres y cinco. “La biblioteca era un almacén de libros que transformamos en un espacio vivo del que ya nadie se ocupará”, se queja Barral.

En el CPI de Atios, en Valdoviño, un solo profesor tendrá que ponerse al frente de una clase de 27 niños de cuatro años el curso próximo. Lo cuenta su director, Antonio, con 20 años de experiencia y seis en un centro con 457 escolares. La decisión de la Jefatura Territorial, que no les permite desdoblar el aula —dicen—, ha disgustado al claustro. “Ni se ajusta a la ratio (25 niños por clase) ni permite la atención individualiza que necesitan”, lamentan.

En Ourense, los sindicatos de enseñanza ya han echado cuentas de los colegios que, previsiblemente, perderán plantilla y unidades el curso próximo. Son siete, explica Álex Portela, delegado de CC OO que enumera los casos de Cenlle, Padrenda, Pobra de Trives, Viana do Bolo, Cea, la escuela rural (CRA) Amencer de Ribadavia, y posiblemente “el cierre de Montederramo”.

En Viana les faltan “dos niños para conservar un profesor” mientras que la dirección del CEIP de Vilariño de Conso apura una última llamada para la matrícula, que va por los 25 alumnos. Hace dos años, el centro esquivó el cierre por los pelos porque el pueblo reaccionó abaratando alquileres y ofreciendo ayuda a los nuevos vecinos, parejas con hijos pequeños que llegaron desde Teruel, Madrid o Valencia. No todos se adaptaron, reconoce el director, pero el centro sobrevive.

En Pontevedra, apunta Comisiones Obreras, peligra la escuela unitaria de Meder, en Salvaterra de Miño, y en Lugo todavía no han echado cuentas pero aventuran que habrá varios centros que perderán docentes.

“El deterioro de la educación pública es evidente y esa es la triste impresión que tenemos”, resume José Antonio Pardo. Este profesor de Vite (Santiago) preside una “decepcionada” Federación Galega de Asociacións de Directivos de Colexios de Ensino Público (Fegadicep) y sitúa los buenos tiempos de la inversión educativa en la década pasada, con el último gobierno de Fraga (PP) y el bipartito, hasta 2009. “Las jubilaciones no siempre se cubren y se comparten muchos medios profesores”, critica.

“Los niños son número para el XADE —la base de datos de la Consellería— pero cada alumno es diferente y hay que formarlos como personas con calidad educativa”, reclama Marián López. Dirige el CEIP ferrolano de San Xoán, que no es un colegio cualquiera. Pasó de la marginalidad a ser multipremiado por el tesón de su profesorado en combatir el absentismo escolar y empujar programas de integración y refuerzo académico que les valieron el aplauso del ministerio y muchos galardones.

Un tercio de sus 175 alumnos son de etnia gitana, hay una decena de extranjeros de media docena de nacionalidades y varios escolares con discapacidad o necesidades específicas. Y no solo eso. Prácticamente la mitad provienen de familias que bordean o están en riesgo de exclusión social. La dirección critica que el trabajo de muchos años se tambalea en una pelea continua con la Xunta que suena a regateo de maestros. “El año pasado pedimos un profesor más y nos tocaron dos medias. Es un tira y afloja donde tienes que esperar a ver si te toca la lotería con las vacantes o no”, critica la dirección.

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