Los recortes a las renovables llevan al cierre a las plantas de purines

Estas instalaciones convierten los excrementos en electricidad

Planta de desimpacto de purines en L'Esquirol.
Planta de desimpacto de purines en L'Esquirol.Albert Alemany

Rossend Santiveri se incorporó a la granja de cerdos de su padre cuando era adolescente. De aquel negocio que arrancó en los años 60 queda poco. Santiveri lo ha ampliado en las últimas décadas. De las 25 cerdas para reproducción con las que empezó ahora ya cuenta con 500, a las que hay que sumar más de 3.000 animales para engorde. Un imperio del porcino en Ivars d´Urgell (Pla d´Urgell), que ahora se ve en peligro por la reforma del sector eléctrico que ultima el Gobierno central.

El Ejecutivo prevé, entre los recortes de las subvenciones a las energías renovables, reducir un 40% las primas para la generación de electricidad con purines —excrementos de los cerdos—, lo que compromete la viabilidad de las seis plantas catalanas. Una medida que afectaría a 540 de las 6.000 granjas existentes y que deja en el aire la gestión del 10% del purín generado.

La licencia del negocio de Santiveri fija que el 30% de sus purines tienen que tratarse en la planta de Miralcamp. Pero esta instalación ha parado su actividad hace unos días. “Ahora nos pagan a 157 euros el megavatio y con la nueva ley prevén darnos 98. Con estos números no podemos continuar”, explica Marc Gumma, gerente de la planta.

La Generalitat ha hecho frente común con los ganaderos y las plantas de generación de electricidad para forzar al Gobierno central a dar marcha atrás y poder sostener el sector porcino, potenciado en Cataluña desde principios de los 90 tras la reducción de la cabaña en los países nórdicos por la presión de los grupos ecologistas. El sector se ha convertido en un valor de la economía catalana, con unas exportaciones anuales de 1.400 millones de euros.

Según el Gobierno catalán, el cierre de estas plantas comprometería la gestión de 600.000 metros cúbicos de purines. Y además afectaría a las zonas donde la concentración de cerdos es mayor: Osona, les Garrigues y el Pla d'Urgell. Comarcas que sufren la contaminación de sus acuíferos y pozos por el uso excesivo de purines como abono para la agricultura. Los nitratos se filtran por la tierra y llegan hasta las aguas subterráneas, un problema que afecta a 20 de los 53 masas catalanas.

El problema del sector, opinan desde Ecologistas en Acción, es que la cabaña catalana está "sobredimensionada y las explotaciones son cada más intensivas". En la última década se han reducido un 37% el número de explotaciones porcinas pero el número de cabezas ha aumentado en un millón. “Estas plantas tienen un coste muy alto que se paga con dinero de todos”, dice un portavoz.

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Santiveri calcula que ahora que la planta donde llevaba parte de sus purines está parada, tiene seis meses para encontrar una solución. Durante dos meses puede tirar los excrementos al campo y sus depósitos le asegurarán cuatro más de almacenaje. Pero dentro de medio año, si no hay una solución, tendrá que reducir su granja. En total, estas plantas gestionan los excrementos de 650.000 cerdos. “Ahora pagamos entre tres y seis euros por metro cúbico, si aprueban la reforma, se multiplicaría por 10”, se queja Santiver.

En Osona ya trabajan con varias ideas, asegura Eudalt Sentmartí, presidente de los usuarios de las plantas de cogeneración de Voltregà y Santa Maria de Corcó. La primera es modificar la dieta de los cerdos. Los piensos con menos proteínas provocan que los excrementos de los animales contengan menor cantidad de nitrógeno. También se especula con que las granjas más grandes instalen máquinas que separan la parte sólida y líquida de los purines. La sólida, más rica en nitrógeno se puede transportar a otras comarcas, y la líquida se utiliza en los campos cercanos. Transportar el purín sin tratar, asegura Sentmartí, es inviable. “Tenemos soluciones, pero solo necesitamos una moratoria para poder ponerlas en marcha”, pide el ganadero.

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