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Sanidad anuncia con seis años de retraso la receta electrónica

González promete que todas las farmacias la tendrán en el segundo semestre de 2014

En 2007 el Gobierno regional anunció la extensión masiva de la receta electrónica

Ignacio González visita una de las farmacias que disponen de receta electrónica. Ampliar foto
Ignacio González visita una de las farmacias que disponen de receta electrónica.

Esta vez sí, viene a decir la Consejería de Sanidad. Tras seis años de retrasos y dos planes piloto fallidos, los pacientes están dejando de ir al centro de salud a recoger recetas en papel. En concreto, ya son 44 centros y 149 consultorios (más pequeños, generalmente en áreas rurales) los que gestionan los medicamentos de sus pacientes con la receta electrónica. Madrid era de las pocas comunidades que aún no disponían de este sistema, que descongestiona las consultas y evita visitas innecesarias a los ambulatorios.

El presidente, Ignacio González, ha anunciado hoy que más de un millón de madrileños ya tienen acceso a la e-receta. El sistema es sencillo. Una vez el médico ha prescrito el tratamiento, y mientras esté vigente, ya no es necesario volver al centro de salud a pedir más recetas. La información se transmite directamente a la farmacia. Los medicamentos se pueden recoger en cualquiera —en la región hay unas 2.800; por ahora está disponible en 324, según la consejería— mostrando la tarjeta sanitaria. Si se trata de un paciente crónico, puede recoger sus fármacos durante un año entero sin pasar de nuevo por el ambulatorio. Es más cómodo para el ciudadano, y también para el médico, que se ahorra papeleo. Un facultativo puede perder hasta el 30% de su tiempo de consulta en escribir recetas, según denuncian las sociedades científicas de primaria.

Cómo funciona

El paciente presenta la tarjeta sanitaria a su médico en el centro de salud y este accederá a su historia clínica y actualiza su medicación. Según explica Sanidad, si el paciente toma medicamentos de forma continuada y no necesita de un seguimiento en consulta, una sola receta electrónica puede abarcar hasta un año de tratamiento.

Para que el paciente sepa cuáles son sus tratamientos recibirá una “hoja de medicación” o “plan de tratamiento”. En la botica, el paciente presentará la tarjeta donde le entregarán los fármacos recetados.

Madrid puede respirar más aliviada al dejar el furgón de cola de las regiones sin receta electrónica, donde se había situado tras seis años prometiendo su implantación “inminente”. Pero el despliegue se está haciendo por fases, así que no será total hasta el segundo semestre de 2014, según las previsiones de la consejería. La Administración regional no ha acertado demasiado en sus predicciones sobre la receta electrónica, cuyos anuncios han coincidido en más de una ocasión con campañas electorales o épocas de descrédito en las que buscaba publicitar proyectos positivos.

La primera promesa es de 2007, cuando el entonces consejero, Manuel Lamela, presentó el plan piloto un mes antes de las elecciones. Antes de que acabara el año debía estar en todas las farmacias y centros de salud. Pero no fue así, y ni en 2008 ni en buena parte de 2009 se volvió a saber nada. Hasta abril de ese año, cuando otro consejero, Juan José Güemes, aprovechó un congreso científico para volver a anunciar que “en un año” habría receta electrónica. Solo unos días antes el juzgado que instruía la querella contra Lamela por denuncia falsa en el caso Leganés había citado a declarar al exconsejero.

Sanidad volvió a resucitar la receta electrónica en marzo de 2012, ya con Javier Fernández-Lasquetty en el puesto. Empezaba el tercer plan piloto en San Martín de la Vega. El primero, en el centro de salud Parque Coimbra, en Móstoles, tuvo fallos y se dejó aparcado. El segundo, en San Martín de la Vega, también tuvo que abandonarse porque no funcionaba. La consejería, sin embargo, responde así a la pregunta sobre el retraso de seis años: “Primero había que desplegar completamente AP Madrid y, sobre todo, la Comunidad de Madrid quiso revisar con detenimiento las experiencias de otras comunidades para evitar incurrir en gastos extra, ya que otras registraron un repunte del gasto farmacéutico por no introducir ciertos controles en el programa”.

AP Madrid es el otro gran fiasco de la sanidad electrónica madrileña. Es la aplicación informática con la que se trabaja en los centros de salud. Ponerla en marcha también costó seis años y más de 16 millones de euros. Por el camino: hasta 60 versiones del programa, caídas del sistema, quejas de los profesionales y la suspensión de su implantación en 2010 por los muchos errores que provocaba.

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