Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Sanidad precinta el obrador del hornero que vende pan a 20 céntimos

La consejería oculta las razones que le han llevado a tomar esta medida

El industrial quita hierro al asunto y dice que se trata de un mero trámite

Personas haciendo cola en el horno de José Navarro en Quart de Poblet (Valencia) para comprar el pan a 20 céntimos.
Personas haciendo cola en el horno de José Navarro en Quart de Poblet (Valencia) para comprar el pan a 20 céntimos.

El artífice de la guerra del pan de Valencia se ha quedado sin cuartel general. La Consejería de Sanidad ordenó el 21 de diciembre el “cierre cautelar” de la instalación principal de José Navarro en Riba-roja, donde el hornero producía el grueso de sus 50.000 panes diarios a 20 céntimos. “El pasado lunes 14 continuaba el cierre”, confirman desde Sanidad, que evitan revelar detalles del origen de la actuación, su duración o la eventual multa. Se trata de un “expediente abierto” del que solo se informa al afectado.

El entorno de Navarro quita hierro a la medida. Atribuyen el precinto del obrador a un “trámite administrativo” que obliga a la colocación de una puerta metálica de separación entre el edificio y el exterior. Responde a la “transformación” de la instalación para aumentar la capacidad de producción. Confían en que el problema se subsane la próxima semana y que el cierre no ponga en riesgo el abastecimiento de los despachos donde se atiende a 6.000 clientes diarios en Quart de Poblet, Torrent, Gandia y Vilamarxant. Para garantizar el suministro, la firma de Navarro dice haber subcontratado a cuatro hornos en Paterna, Silla y Torrent. Se trata de pequeños establecimientos que estaban al borde de la quiebra o atravesando serias dificultades.

Fuentes próximas a este empresario enmarcan el cierre de Sanidad en un nuevo capítulo de la contienda comercial. “Van a por nosotros”, se quejan en referencia a la presión que reciben de las cerca de 800 panaderías tradicionales de la provincia de Valencia. El círculo del empresario se siente víctima de una campaña. Declara sufrir un promedio de una inspección semanal en sus establecimientos de los departamentos de Comercio, Trabajo y Sanidad de la Generalitat, mientras que la media del sector es de un registro de oficio cada dos meses.

Desde el entorno del panadero afirman: “Van a

por nosotros”

Desde la mayoritaria Federación Gremial y Empresarial de Panadería (Fegreppa), que reúne a 680 hornos tradicionales de Valencia, niegan instigar las inspecciones o las supuestas presiones a los proveedores de harina. “No hemos presentado ninguna reclamación ante la Generalitat para conocer las condiciones de la empresa de Navarro”, explica su presidente, Baltasar Vicente, que dice disponer de varios informes que demostrarían que es imposible producir pan a 20 céntimos.

Se trata de documentos que concluirían que el coste de fabricar una barra de 190 gramos —gastos energéticos y laborales excluidos— rozaría los 40 céntimos. “Ni las grandes superficies pueden vender tan barato”, añade. Vicente se niega a revelar los documentos aludiendo que formarán parte de un informe que su organización presentará a la Generalitat. El Gremio de Panaderos de Valencia, que agrupa a más de 200 empresas, también transmitió en diciembre el “problema” al Gobierno valenciano.

La Federación Gremial niega haber instigado las inspecciones

Las panaderías de Quart de Poblet y Torrent han perdido una cuarta parte de sus ventas, según fuentes del sector. Un hornero del barrio del Cabanyal de Valencia admite que algunos trabajadores de estas poblaciones despedidos por la caída del negocio actúan como ojeadores para comprobar que la empresa de Navarro cumple las condiciones de higiene y laborales. “Los ánimos están muy tensos”, zanja.

Ajeno a la polémica, José Navarro continúa con su estrategia de expansión. En diciembre inauguró un despacho de pan de bajo coste en Vilamarxant dentro de un plan de crecimiento que prevé un par de aperturas al mes en la provincia de Valencia, la contratación de 200 nuevos trabajadores y la búsqueda de proveedores en el extranjero para garantizar su capacidad de producción. El hornero admite que mantiene en secreto sus futuros emplazamientos para evitar el recelo de su competencia, según fuentes de su empresa.

Más información