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La fiebre helada del yogur

Es bajo en calorías, con poca grasa. Tiene calcio y probióticos. El secreto es que es saludable Viene de EE UU y entra con fuerza en el calor de Madrid. Y ojo: no es un helado

El encargado sirve un batido helado en la heladería Ö!mygood. Ampliar foto
El encargado sirve un batido helado en la heladería Ö!mygood.

Y de pronto, el yogur helado. En los últimos tiempos la ciudad se ha visto invadida por diferentes establecimientos que ofrecen este producto, alternativa al helado tradicional, de igual manera que en anteriores temporadas estalló el boom de la pizza al corte al que ya vamos acostumbrándonos. Empresas con nombre raros y divertidos (Llao Llao, Ömygood, Smöoy, Baobab o La Yogurtería, entre otras) que, en establecimientos modernos, blancos y diáfanos, ofrecen tarrinas de yogur helado con diferentes toppins, como frutas de temporada, frutos secos, chucherías o chocolate, líquido o en virutas, y que, además, reivindican lo saludable de su producto.

Con los calores veraniegos y a juzgar por las colas que se forman y el llenazo de sus terrazas, parece que se está poniendo de moda.

El yogur helado, en efecto, es sano: tiene bajo aporte calórico, casi nada de materia grasa, alto contenido en calcio y alta concentración de probióticos (las célebres bacterias bífidus y lactobacilos que son beneficiosas para el sistema digestivo). Sobre todo si se acompaña con toppins como fruta fresca, frutos secos, muesli o cereales. “Nuestro producto estrella, el Sanum (que lleva cereales, pasas, frutos secos), no es un postre, sino una alimentación hecha y derecha”, explica Pedro Espinosa, de Llao Llao, empresa pionera en España, donde ya tiene 83 franquicias (20 de ellas en Madrid) y va a llegar a lugares como Singapur o San Petersburgo. Otra cosa, claro está, es si a uno le falla la voluntad y se decide por el placer culpable: ponerle por encima del saludable frozen yoghourt otros toppins como chocolate, mermeladas, siropes, lacasitos y hasta trozos de brownie, que también existe esa posibilidad.

Direcciones heladas

  • Llao, Llao, Carmen, 6; Fuencarral, 43 y 141; Montera, 36; Bravo Murillo, 173 y 275; Mayor, 10; Preciados, 40.
  • Ömygood. Augusto Figueroa, 12; Plaza República Dominicana, 8; C.C. Plenilunio.
  • La Yogurtería. Tiene un puesto en el Mercado de San Miguel.
  • Smöoy. Alcalá, 329; Fuencarral, 106; Montera, 32; y Alcalá de Henares (Mayor, 66).

Tampoco hay que confundir el yogur helado con el helado de yogur: el primero se hace con leche, yogur, algún azúcar y un estabilizante, nada más, y se coloca la mezcla bajo cero. En cambio “el helado de yogur es el helado de toda la vida aromatizado con yogur”, explica José Manuel Santander, de La Yogurtería. “Se hace en máquinas mantecadoras y tiene las mismas grasas que cualquier otro helado”. La Yoguertería es la tienda de lácteos del selecto Mercado de San Miguel. Venden leche fresca, yogures de calidad, yogur griego y, por supuesto, yogur helado. “Al principio apostamos por el lado saludable, pero cuando añadimos los chocolates y demás se incrementaron bastantes las ventas”, comenta Santander. La carne es débil. Por ahora solo tienen la tienda del mercado, pero planean ampliar el negocio con una caravana de aspecto retro cincuentero, con sus vinilos y todo, “como la hamburgueserías de moda, pero con yogur helado”, explica el empresario.

“Yo conocí el producto en Nueva York, donde había un establecimiento en cada esquina”, explica Ana Picó, fundadora de Ömygood. “Lo vi como algo original, diferente y con mucho potencial, sobre todo teniendo en cuenta el alto consumo de yogur y de helado que hay en España”. Ömygood tiene tres establecimientos en Madrid y a final de año tendrá unos 25 en todo el país; planean, también, el salto al extranjero. ¿Cómo se habitúa el público español a este producto tan popular en Estados Unidos? “Es como Starbucks. Costó que la gente tomará café por la calle, pero pronto se puso de moda como algo moderno que venía de fuera”, dice Picó. “Al principio nosotros”, dice Santander, “teníamos sobre todo público extranjero, turista. Pero ahora muchos españoles empiezan a tomar yogur helado”. Estamos, pues, ante un mercado incipiente y parece que la proliferación de marcas ayuda a que se difunda el producto y la gente se familiarice con él. “Ahora está bien que haya mucha variedad”, opina Picó, “luego el cliente ya se fidelizará a una marca u otra y se repartirá el mercado”. Aunque todo tiene sus matices: “La buena competencia nos beneficia a todos, la mala nos perjudica”, explica Pedro Espinosa. “Si una marca se pone a vender malos productos, quien los pruebe no entrará en otra tienda de yogur helado”.

¿Está el yogur helado aquí para quedarse, o será otra moda pasajera? “Yo creo que se va a quedar”, dice Picó, “muchos clientes se han enganchado y nos preguntan si es que le echamos algo adictivo. Pero el secreto es que sienta muy bien”.

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