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OPINIÓN

Crónica en negro

Si se suman todos los recortes salariales aprobados en los dos últimos año, las ganancias de los empleados públicos han descendido el 21%

Mayo de 2010. Han recortado el sueldo de los funcionarios una media del 5%, aunque su aplicación llega al 7%. Nos dicen que este sacrificio será provisional y que los brotes verdes florecerán en el otoño. Hay cuatro millones de parados.

Junio de 2010. Se anuncia una reforma laboral que facilita el despido y rebaja la indemnización a los trabajadores. Nos dicen que es imprescindible para crear empleo; que la rigidez del mercado laboral es un grave obstáculo para la recuperación.

Julio de 2010. Se aumenta el IVA del 16% al 18%. El objetivo es incrementar la recaudación pública para reducir el déficit. Aún así el Gobierno anima al consumo, que se ha venido abajo.

Enero de 2011. El Gobierno eleva la edad de jubilación de 65 a 67 años. Se modifica también el cálculo de las pensiones. La mayoría perderá un 10% en el cómputo final. Los sueldos están congelados y persisten los recortes del pasado año. La inflación ha sido del 3%. Hay 4.548.000 personas paradas y la reforma laboral ha sido inútil. La recaudación tributaria se hunde.

Diciembre de 2011. Cambio de gobierno. Han subido el IRPF. Haciendo cuentas, viene a suponer unos mil euros al año. Dicen que será provisional y que ayudará a la recuperación. Nueva congelación salarial para los funcionarios.

Enero de 2012. Han subido el IBI. En muchas ciudades el alza de este impuesto ha sido del 100%. Más impuestos municipales y menos servicios. El IPC del pasado año ha subido un 2,4%. El paro ya afecta a 5.273.000 personas.

Febrero de 2012. Han aprobado una nueva reforma laboral que abarata de forma drástica la indemnización por despido y pone en manos del empresario casi la totalidad de la relación laboral, incluida la jornada y las condiciones laborales. Es para crear empleo, dicen, aunque se extiende la idea de que la crisis es la excusa para recortar derechos.

Marzo y abril de 2012. El Gobierno presenta unos presupuestos de pánico, corregidos por un re-recorte. El hachazo fundamental será en sanidad y educación. Se establece el copago en las medicinas, se despide a la mayoría de los interinos y se aumenta la jornada a los funcionarios. Habrá menos médicos por paciente y más alumnos por aula. Los servicios públicos empiezan a resentirse de forma grave. Se decreta una amnistía fiscal para el dinero negro.

Junio de 2012. El Gobierno andaluz recortará a los funcionarios en torno al 6% del salario, a razón de unos 200 euros por mes, más la casi totalidad de la paga extraordinaria.

Julio de 2012. Apoteosis de recortes. El IVA sube del 18% al 21%. El Gobierno elimina la paga de Navidad: han inventado un impuesto especial, completamente inconstitucional, que afecta solo a los funcionarios públicos. Los parados serán castigados por no encontrar empleo. La ley de Dependencia queda, prácticamente, paralizada. Tres millones de personas consumen, en plena crisis, artículos de lujo pero el Gobierno no ha aprobado ni un solo impuesto para las rentas más altas. Funcionarios y parados cubrirán las pérdidas de la banca especulativa.

Si se suman todos los recortes salariales, las ganancias de los empleados públicos han descendido el 21%. No hay datos del sector privado. Si se añade la inflación —seis puntos acumulados— el descenso de ingresos sube al 27% y si contabilizamos la subida de otros impuestos, alcanzará el 30%. Los sacrificios no han servido para nada. Las clases medias están desapareciendo. Hay un millón y medio de personas paradas más que cuando empezaron los ajustes. Los ingresos tributarios han descendido un 35%. Hasta un niño podría ver que este camino no conduce a ninguna parte; que la espiral de recortes-bajada de consumo-recesión es incuestionable; que detrás de este dolor no hay salidas, sino más y más dolor. Pero el Gobierno no. Sus diputados aplauden y alguno se permite gritar: ¡A trabajar!

Por medio ha habido tres procesos electorales: generales, municipales y autonómicas. Ninguno de los candidatos ni sus partidos llevaban en su programa ni una sola de estas medidas. La democracia llora en un rincón. Indignación es poco para definir el clima que se respira en la calle.