_
_
_
_
La punta de la lengua
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

El agá Jan y el Aga Khan murieron a la vez

En persa se escribe con signos árabes, se pronuncia como “agá Jan” y debería transliterarse de ese modo

Imagen tomada el pasado 8 de febrero del príncipe Rahim Al-Hussaini, Aga Khan V, a su llegada al funeral de su padre en Lisboa.
Imagen tomada el pasado 8 de febrero del príncipe Rahim Al-Hussaini, Aga Khan V, a su llegada al funeral de su padre en Lisboa.Horacio Villalobos (Getty Images
Álex Grijelmo

Debo aclarar en primer lugar a los lectores desconcertados por los periodistas que el Aga Khan y el agá Jan son la misma persona. O sea, que ambos fallecieron a la vez el 4 de febrero pasado.

En persa, el nombre de ese megarrico jefe musulmán se escribe con signos árabes; y como se pronuncia algo así como “agá Jan”, debería plasmarse de ese modo en castellano para que lo articulásemos de forma parecida al original. Por su parte, la transliteración al inglés (el sonido original transcrito con las grafías de ese idioma) se sirve de las palabras “Aga” (sin tilde) y “Khan”.

Vayamos con “agá”. Este vocablo de origen turco (ağa) designaba un rango militar en algunos países musulmanes, pero luego pasó a significar un título honorífico. En turco se expresa con acentuación interpretable como aguda, y por tanto en español deberíamos colocarle un acento gráfico: “agá”. Pero como la transliteración al inglés va sin tilde (porque ese idioma carece de ellas), periodistas y locutores que traen la palabra de esa lengua, y no de la genuina, tienden a reproducirla como llana.

Cuando acompaña a un apellido o nombre, “agá” debe escribirse con minúscula (igual que “rey Juan Carlos” o “emperatriz Catalina II”). Si se reproduce con mayúscula inicial como tantas veces vemos (Aga o Agá), se da a entender que ese sustantivo común forma parte del nombre propio. Eso sí valdría en el caso de un “aeropuerto Aga Khan”, por ejemplo. Como en “centro Infanta Sofía” (pero “la infanta Sofía asistió ayer…”).

Vayamos ahora con “Khan”. Esa es la transliteración al inglés, porque en esa lengua el sonido en árabe similar a nuestra j se expresa con kh. Si los anglohablantes escribieran una jota, pronunciarían “Yan”, y por eso crearon ese dígrafo (signo con dos letras) para un fonema del que carecen en su lengua. O sea, ellos transliterarían “jaleo” como “khaleo”.

Esta misma transposición de kh en inglés o francés para el sonido j ya se ha seguido con nombres propios procedentes de otros alfabetos, como Khartum (en español Jartum, nombre árabe de la capital sudanesa); Khomeini (el famoso ayatolá iraní –ayatollah en inglés– a quien llamamos Jomeini); o Sakharov (el disidente soviético conocido aquí como Sájarov).

Ese segundo vocablo, Khan, podría entenderse como nombre propio (en España residen 60 personas con ese nombre de pila; y 13.506 con el de Jan), y en tal caso habría de escribirse con mayúscula: “el agá Khan” (o Jan). Pero también significa “príncipe” o “señor”. Lo cual nos daría dos rangos jerárquicos, como en “teniente coronel”.

El Diccionario Panhispánico de Dudas académico recomienda la grafía “kan”, con minúscula y sin hache, porque la entiende documentada históricamente así como referida al príncipe de los tártaros. El Libro de estilo de EL PAÍS ordena a su vez desde la primera edición (1977) escribir “el agá Jan” (interpretando esta última palabra como nombre propio) y así se había venido reflejando hasta hace relativamente poco. Pero la realidad ha derrotado a ambos manuales: para que la gente encuentre nuestras noticias, hay que usar las palabras que más aparezcan en las búsquedas, despreciando así a la gente que no las hace. Y claro, hay mucha búsqueda de la grafía en inglés.

Se ve de nuevo que en este futuro donde ya vivimos valen poco las etimologías, los matices, la cultura propia, el estilo que nos diferencie por nuestras elecciones razonadas. Google nos envía sus tablas de la ley y a sus profetas. Seamos homogéneos. Adoremos al buscador.


Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Álex Grijelmo
Doctor en Periodismo, y PADE (dirección de empresas) por el IESE. Estuvo vinculado a los equipos directivos de EL PAÍS y Prisa desde 1983 hasta 2022, excepto cuando presidió Efe (2004-2012), etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_