‘Salvo mi corazón, todo está bien’, la ética del cuidado del otro contra la abyección moral

Héctor Abad Faciolince escribe un poderoso alegato vitalista que pone en cuestión las creencias de los personajes

Héctor Abad Faciolince.
Héctor Abad Faciolince.SCIAMMARELLA

¿Cómo que con los buenos sentimientos se hace mala literatura? Con esta novela de curas bondadosos que es, entre otras muchas cosas, una oda nada ingenua a la amistad y a la familia, Héctor Abad Faciolince da un contundente mentís a André Gide, que fue quien acuñó la frase en carta a François Mauriac. El corazón del título —un endecasílabo tomado de un soneto de Eduardo Carranza— alude al órgano enfermo del protagonista, Luis Córdoba, que espera un trasplante, pero también actúa como símbolo cultural, como sede de los sentimientos, las emociones y las pasiones que se desparraman calculadamente por la obra conduciéndola hacia un poderoso alegato vitalista en el que la hermosura de lo existente y la ética del cuidado del otro prevalecen sobre la monstruosidad y la abyección moral. Todo ello lejos de prédicas o sermones, antes bien mediante una puesta en cuestión de las creencias y descreencias de los personajes.

El principal de ellos es el sacerdote Luis Córdoba, el Gordo, crítico de cine famoso y melómano apasionado, hombre de fe que ha permanecido célibe (y virgen) conviviendo durante 20 años con otro sacerdote, el biblista Aurelio Sánchez, hasta que la cardiopatía que padece le obliga a mudarse a una casa sin escaleras, que va a ser la de Teresa y su empleada Darlis más sus respectivos hijos. La experiencia de convivir con esas dos mujeres y los niños descubre al Gordo un tipo de vida más plena, un simulacro de matrimonio y paternidad que le revela una forma de felicidad en la que el alma y el cuerpo no son enemigos, sino que constituyen una unidad indisociable. Su condición de sacerdote le había impuesto un dualismo que ahora le resulta inaceptable, lo que parece acercarle al monismo de Joaquín, el escritor que abandonó a Teresa junto a sus hijos para irse con una mujer más joven y adinerada. Aunque frente al monismo materialista de este se diría que el de Córdoba es un monismo espiritualista, si cabe tal cosa.

La obra se despoja de su envoltorio de biografía novelada o de relato testimonial para afianzarse como artefacto de ficción desde el que encarar cuestiones que solo la novela puede abordar

Los meses en espera de un nuevo corazón los narra Aurelio, Lelo, en unos apuntes biográficos donde entrevera ese tiempo de convivencia con Teresa y Darlis con la historia de su íntimo amigo: su formación eclesiástica en Roma, el desarrollo de su pasión por el cine y por la ópera y otros hechos marginales pero no accesorios, como el acoso del cura santo Carlos Alberto Calderón por parte del enceguecido arzobispo de Medellín, que sirve para mostrar una Iglesia corrupta. Aurelio redacta sus notas a petición de Joaquín, 25 años después de los hechos, porque este planea una novela o una biografía intelectual del Gordo, aunque irónicamente —siendo que Joaquín es un trasunto del propio Héctor Abad— se limitará a dar a la imprenta los papeles de Lelo, que es lo que leemos. El modelo real de Córdoba es, como se declara en una nota bene final, el cura y crítico Luis Alberto Sánchez, pero al situarse el tuétano de la novela en la experiencia transformadora de la vida compartida (lo que escapa a la documentación), la obra se aleja de la non fiction novel para adentrarse en el ámbito de la imaginación creativa. Dicho de otro modo, se despoja de su envoltorio de biografía novelada o de relato testimonial para afianzarse como artefacto de ficción desde el que encarar cuestiones que solo la novela —la novela como arte— puede abordar. Esas que, como dijo Faulkner al recibir el Premio Nobel, ayudan al ser humano “elevando su corazón, recordándole el coraje y el honor y la esperanza y el orgullo y la compasión y la piedad y el sacrificio”. También la belleza y el amor, sin aprensiones ni remilgos.

Portada del libro 'Salvo mi corazón, todo está bien', de Héctor Abad Faciolince

Salvo mi corazón, todo está bien

 

Autor: Héctor Abad Faciolince.


Editorial: Alfaguara, 2022.


Formato: tapa blanda (358 páginas. 18,90 euros), audiolibro (11,69 euros) y e-book (10,44 euros).

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