Aceptar la muerte con templanza (o criogenizarse la cabeza)

Varios libros recientes invitan a tomar conciencia sobre la finitud de la vida y fantasean con prolongarla en un mundo virtual

'Muerte en la habitación de la enferma' (1895), pintura en la que Edvard Munch representó el fallecimiento de su hermana.
'Muerte en la habitación de la enferma' (1895), pintura en la que Edvard Munch representó el fallecimiento de su hermana.

Se dice que los grandes temas de la literatura, y, por tanto, de la vida, son el amor y la muerte, Eros y Tánatos: como es comprensible, preferimos leer y escribir sobre el primero que sobre la segunda; sobre todo dentro del género de la no ficción en el que los que se mueren no son personajes imaginados, sino nosotros mismos o nuestros seres queridos. Hace poco falleció la periodista Joan Didion, gran referente en la escritura sobre el morir por su libro El año del pensamiento mágico (Literatura Random House), una reflexión muy cerebral sobre el deceso de su marido, sucedido repentinamente en 2004, mientras cenaban, y el luto subsiguiente. El pasado diciembre ella pasaba al otro lado de la laguna Estigia, y se echarán de menos sus crónicas desde allí.

Tratamos de vivir ajenos a esa fantasiosa idea de que somos seres finitos (al fin y al cabo, cuando la muerte llega, uno ya no está), pero, por salubridad vital, es preciso hablar más de la muerte, sin remilgos: denota valentía cuando la mayoría solemos mirar hacia otro lado. Es lo que hacen el paleontólogo Juan Luis Arsuaga y el escritor Juan José Millás en ese género conversacional que ya practicaron en su anterior libro (en aquel caso, sobre la vida) y que ahora retoman en La muerte contada por un sapiens a un neandertal (Alfaguara), donde vuelven a mezclar humor y erudición jugando a ser antagonistas existenciales mientras visitan lugares inopinados como desguaces, hospitales veterinarios o restaurantes de dieta paleolítica. Arsuaga relata los grandes misterios de la biología, divagando sobre el neodarwinismo y el epicureísmo, el sinsentido y lo azaroso de la vida, la evolución ciega de las especies y el gran absurdo del mundo. Mientras, Millás aplica su curiosidad y su agilidad narrativa, defiende la búsqueda del sentido de la existencia, al tiempo que intenta, a duras penas, llevar una dieta saludable o comprarse un chándal elegante (ese oxímoron) para asistir a una clase de pilates.

Mientras que el nacimiento y la primera infancia están rodeados de conocimiento y divulgación, libros, cursos, documentales; la muerte está opacada por el miedo y el tabú

A veces el que se muere es el de al lado, alguien amado, y esa es, tal vez, la experiencia más dolorosa que puede enfrentar alguien que sigue viviendo. En un tono más íntimo y confesional, pero también práctico, porque funciona como manual, discurre Cómo acompañar a morir (La Esfera de los Libros), de la periodista y doula de fin de la vida Ana Vidal Egea. Estas doulas, de forma análoga a las que ayudan a nacer, acompañan a los que se van a esa terra incognita después de la existencia terrenal. Observa la autora una asimetría: mientras que el nacimiento y la primera infancia están rodeados de conocimiento y divulgación, libros, cursos, documentales; la muerte está opacada por el miedo y el tabú. “Acompañar a alguien en la fase final de su vida, al igual que cuidar a un bebé hasta que es capaz de defenderse por sí mismo, es probablemente el acto de generosidad y amor más sublime que pueda hacerse por otro ser humano”, escribe. Estar al lado de alguien que muere, además, contribuye a comprender mejor la muerte, sacarla del terreno de la abstracción y prepararse para el propio fin.

Para bien morir hay que vivir siendo conscientes de nuestra propia finitud y aceptar lo inevitable como una parte de la vida: no es proceso sencillo, pero merece la pena para vivir con el mínimo miedo y la máxima vitalidad. El texto de Vidal Egea sigue la estela de otras autoras investigadoras de la muerte y sus alrededores como Joan Hallifax, que aborda el final de la vida desde una perspectiva budista; Kathryn Mannix, que describe esa etapa desde su experiencia como médica, o la pionera del ramo, Elisabeth Kübler Ross, la psiquiatra que contribuyó enormemente a poner sobre la mesa la reflexión sobre la forma en la que morimos. Un clásico ineludible del género es El libro tibetano de la vida y de la muerte (Urano), de Sogyal Rimpoché, también de corte budista.

Hay quien, en vez de dejarse llevar ante la parca, ofrece resistencia tecnológica y un tanto alucinada; son los que no quieren doblegarse a la biología y morir como cualquier hijo de vecino

Hay quien, en vez de dejarse llevar ante la parca que corta el hilo de la vida, ofrece resistencia tecnológica y un tanto alucinada; son los que no quieren doblegarse a la biología y morir como cualquier hijo de vecino. En Los inmortales (Temas de Hoy), el periodista Alberto Giuliani, al que los videntes le pronosticaron una muerte “prematura y violenta” antes de los 45 años, construye una crónica muy literaria y personal, entre la ciencia y la espiritualidad, en la que visita a los grandes visionarios de la inmortalidad: políticos que encierran la biodiversidad en un búnker, astronautas que se preparan para viajar a Marte, científicos que desarrollan sofisticados robots humanoides o ecologistas que buscan proteger las selvas bajo cúpulas geodésicas de cristal. Todos ellos obsesionados con alargar de algún modo la existencia de los humanos en particular o la de la Humanidad en general, en tiempos que son al mismo tiempo prometedores, por sus posibilidades, y descorazonadores, por la terrible coyuntura. Por cierto, Giulani cumplió los 45 con vida.

Una aventura similar se relata en Cómo ser una máquina (Capitán Swing), de Mark O’Con­nell, donde el autor se va a conocer a otros visionarios, miembros del movimiento transhumanista, fundamentalmente afincados en Silicon Valley, donde fluyen el dinero y las ideas descabelladas, que criogenizan su cabeza esperando un futuro donde resu­citar sea posible o que persiguen la transferencia mental o mente sin sustrato. Se trata, esta última, del paso de la mente del cuerpo de carne y hueso a algún dispositivo de silicio donde podamos vivir para siempre, convertidos en una entelequia digital, como si fuéramos un ser virtual y nos pudiéramos pasar la vida (eterna) dando al like sin preo­cuparnos por el dolor lumbar o los tumores. No se sabe si da esperanza o da miedo.

La conclusión es similar: tal vez la mejor forma de llevar una vida digna sea aceptar que esa vida llega necesariamente a su fin, pasar los días con conciencia de la muerte, llegar preparados para ella… y ya está.

Portada de 'La muerte contada por un sapiens a un neandertal', de Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás.

La muerte contada por un sapiens a un neandertal 

Autores: Juan Luis Arsuaga y Juan José Millás.


Editorial: Alfaguara, 2022.


Formato: tapa blanda (224 páginas, 17,95 euros), e-book (9,49 euros) y audiolibro (16,19 euros).

Portada de 'Cómo acompañar a morir', de Ana Vidal Egea.

Cómo acompañar a morir

Autora: Ana Vidal Egea.


Editorial: La esfera de los libros, 2022.


Formato: tapa blanda (240 páginas, 17,90 euros) y e-book (7,99 euros).

Portada de 'Los inmortales', de Alberto Giuliani.

Los inmortales 

Autor: Alberto Giuliani.


Traducción: Carlos Gumpert Melgosa.


Editorial: Temas de Hoy, 2021.


Formato: tapa blanda (272 páginas, 17,90 euros) y e-book (8,99 euros).

Portada de 'Cómo ser una máquina', de Mark O'Connell.

Cómo ser una máquina 

Autor: Mark O’Connell.


Traducción: Francisco J. Ramos Mena.


Editorial: Capitán Swing, 2021.


Formato: tapa blanda (280 páginas, 20 euros) y e-book (9,99 euros).

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Sobre la firma

Sergio C. Fanjul

Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) es licenciado en Astrofísica y Máster en Periodismo. Tiene varios libros publicados y premios como el Paco Rabal de Periodismo Cultural o el Pablo García Baena de Poesía. Es profesor de escritura, guionista de TV, radiofonista en Poesía o Barbarie y performer poético. Desde 2009 firma columnas y artículos en El País.

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