Aprender a mirar a través de la fotografía

Un libro de Susan Meiselas que anima a los más jóvenes a relacionarse con el mundo a través de la cámara y una recopilación de entrevistas a comisarios internacionales destacan entre las novedades editoriales en fotografía

'Ternopil, Petrykhiv', de la serie 'Internat' (2016) de Carolyn Drake, incluida en el libro 'Eyes Open'.
'Ternopil, Petrykhiv', de la serie 'Internat' (2016) de Carolyn Drake, incluida en el libro 'Eyes Open'.© Carolyn Drake / Magnum Photos

Hace casi cinco décadas que Susan Meiselas (Baltimore, Estados Unidos, 1948) comenzó su trayectoria como creadora de imágenes impartiendo clases de fotografía a niños de primaria en el Bronx neoyorquino. La tarea continuó en Carolina del Sur y más tarde en Misisipi. Utilizaban cámaras sencillas y revelaban las imágenes en clase. “Enseñaba a sacar fotos y a interpretarlas como si fuera un especie de lectura y escritura visual”, recuerda la célebre fotoperiodista de Magnum. “¿Por qué hiciste esta foto?”, preguntaba a sus alumnos. “Intentábamos averiguar aquel componente de la fotografía que había atraído su atención. En cada ocasión, este proceso de descubrimiento conducía a una historia”.

'Cherry Blossoms' (1984), fotografía de Clarissa Sligh incluida en 'Eyes Open'.
'Cherry Blossoms' (1984), fotografía de Clarissa Sligh incluida en 'Eyes Open'. Clarissa Sligh

De Meiselas es conocida su forma de estrechar vínculos con aquellos a quienes fotografía, lazos que se alargan hasta mucho tiempo después de haber disparado la imagen. Nunca observa a sus protagonistas como un objeto. Pesa tanto el proceso como la imagen. Salir a la calle e interactuar con la gente es lo que importa; la colaboración ha sido fundamental en el desarrollo de su destreza. De ahí que haya concebido Eyes Open (Aperture), su última publicación ―con la colaboración con profesores y estudiantes―, como una invitación a conectar con el mundo a través de la cámara. “Uno puede experimentar este libro en el orden que quiera”, recalca. “Introdúzcanse o sumérjanse a medida que pasan las páginas y comiencen su propio viaje fotográfico”. Es un periplo de 23 etapas, donde se intercalan las instantáneas tomadas por estudiantes con otras realizadas por maestros de la fotografía, como Saul Leiter, Robert Adams, Alex Webb, Sally Mann, Daniel Gordon, Cindy Sherman, o Graciela Iturbide, acompañadas de sabias citas sobre la materia.

De igual forma, Saul Leiter solía decir que le gustaba la sensación que surge “cuando uno no está seguro de lo que ve. Cuando uno no sabe por qué el fotógrafo ha sacado una foto y tampoco por qué miramos la imagen, de repente descubrimos algo que empezamos a ver”. Es precisamente enseñar a ver, para más tarde mirar, lo que pretende Meiselas con Eyes Open. Una sencilla y contundente monografía, en principio dirigida a los niños, pero capaz de inspirar y adiestrar la mirada de todo aspirante a fotógrafo. “Pueda o no una fotografía cambiar el mundo, la fotografía puede cambiarle a usted”, sentencia Meiselas. “¡Simplemente abra los ojos!”.

Escribir con imágenes

Otro libro sobre fotografía de reciente aparición es Curator Conversations. Publicado por 1000 Words y editado por el también comisario de arte y escritor británico Tim Clark, el volumen reúne una serie de 21 entrevistas realizadas a destacados comisarios dentro del escenario internacional de la fotografía. Entre ellos se encuentran los responsables de algunas las exposiciones más notorias y relevantes de los últimos tiempos en galerías y museos que incluyen el MoMA, el Fotomuseum Wintherthur, la Tate Gallery, el Centro de Fotografía de Shanghai, el Centro Pompidou, el Museo Zeitz de arte contemporáneo de África o el Instituto Moreira Salles, entre otros.

Decía Walker Evans que “una buena exposición de arte es un lección sobre cómo ver”. La cita la rescata Clément Chéroux, comisario jefe de fotografía del MoMA, al ser preguntado sobre aquello que le atrae de su trabajo: “Organizar una exposición es como escribir con imágenes. La pared es una frase hecha de palabras cuidadosamente seleccionadas para la ocasión. La sala, un párrafo que funciona de forma independiente dentro del conjunto. La composición, a través del ritmo y el significado, otorga el carácter textual”, asegura el historiador. “Comisariar no es solo mostrar obras, es decir algo sobre aquello que merece ser sacado a la luz”.

El interés de Clark a la hora de realizar la selección de entrevistados ha estado determinado por elegir a aquellos que “se esfuerzan en conceptualizar y ofrecer exposiciones a través de metodologías y perspectivas únicas que se resisten a las categorías estáticas”. Comisarios “que evitan sucumbir a las tendencias del mercado” y ejercen la práctica crítica movidos por un afán de “experimentar con verdades distintas”. Por dar forma a exposiciones que “inyectan nueva sangre a los museos con el fin de evitar que se conviertan en mausoleos del buen gusto”, tal y como manifiesta el brasileño Thyago Nogueira, al frente del departamento de fotografía contemporánea del Instituto Moreira Salles, en São Paulo.

Son ocho las preguntas a las que responden cada uno de los entrevistados, agentes mediadores entre el artista y el espectador, cuya práctica intercede en la comprensión de la imagen fotográfica y determina lo que se expone en las galerías y museos y, en consecuencia, la materia sobre la que versará la crítica. La publicación resulta muy oportuna y esclarecedora dentro de la escasa literatura dedicada al comisariado de la fotografía, un terreno relativamente poco discutido en un momento en que proliferan a nivel mundial los programas académicos de comisariado sobre el arte en general.

Duncan Wooldridge, comisario, artista y también docente, inicia el recorrido haciendo hincapié en la necesidad de ralentizar el desquiciado ritmo que marca una sociedad caracterizada por el exceso de consumo de imágenes y de información. “La tendencia a comisariar todo es la banalización de lo que puede y debe ser un lento proceso de selección reflexiva”, advierte. “Miramos con menos detalle, difundimos con menos filtro y observamos con menos tiempo y expectación”. Roxana Marcoci, conservadora de fotografía del MoMA, trae a colación “la obligación ética del comisario de posicionarse políticamente y socialmente a la hora de presentar la historia del arte,”, de manera que “se cuestione el pasado y se imagine el futuro”. Algo que viene siendo tendencia en estos últimos tiempos cuando las reivindicaciones feministas y poscoloniales han forzado una reevaluación de las narrativas canónicas.

Dentro de este contexto, Renée Mussai, cuya trayectoria incluye la exitosa exposición de Zanele Muholi organizada por Autograph, destaca la figura del desparecido Okwui Enwezor, cuya visionaria práctica como comisario le llevó a situar a August Sander en diálogo con el africano Seydou Keïta, evidenciando cómo tradiciones fotográficas en apariencia lejanas se ajustan a narrativas paralelas estrechamente entrelazadas.

“El comisariado del arte es antidemocrático, autoritario, opaco y corruptible”, escribía el teórico del arte y de los medios Stefan Heidenreich el pasado verano en el semanario alemán Die Zeit. Al tiempo que identificaba las redes sociales como el futuro democrático para una práctica curatorial donde todo el mundo tiene cabida. Kathrin Schönegg, historiadora y comisaria del C/O de Berlín, lo rebate: “A pesar de que resulte cuestionable la afirmación de que las redes sociales han sido o pudieran llegar a ser una herramienta democrática (teniendo en cuenta la falta de una accesibilidad universal a las tecnologías digitales, el racismo que subyace a los algoritmos, el control de contenidos que ejercen compañías como Facebook o Google y los patrones y categorías que establecen), creo que se trata de un error de concepto básico de lo que deben ser las herramientas y la tarea del comisario”.

Así, Curator Conversations ofrece múltiples definiciones de esta tarea. Enfoques a través de los cuales buscar nuevas narrativas para explorar la vitalidad de la fotografía, dentro de un escenario volcado cada vez más hacia el espectáculo por la industria cultural. “Cada vez más y más, las exposiciones tienden a dejar de ser exhibiciones de arte para exhibir la exhibición como una obra de arte”, se lamentaba el artista francés Daniel Buren en 1972. “¡Cuidado con el ego!”, advierte Chéroux. “Los curadores no son artistas, están al servicio del artista y de su obra. Aún así, deben mostrar su creatividad. Se necesita mucha para poner las ideas en practica, especialmente cuando estas pertenecen a otros”.

Eyes Open: 23 Photography Projects for Curious Kids. Susan Meiselas. Aperture. 160 páginas. 17,35 euros.

Curator Conversations. Editado por Tim Clark. 1000 Words. 144 páginas. 12,76 euros.

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