Extraña luz de los Ozark

Un fotolibro indaga en la cruda realidad de esta región de Misuri, en Estados Unidos. Un delicado retrato de la mitología, las costumbres y la identidad de un lugar alejado del modelo de la cultura dominante

Una de las imágenes del fotolibro 'Devil's Promenade', de Antone Dolezal y Lara Shipley.
Una de las imágenes del fotolibro 'Devil's Promenade', de Antone Dolezal y Lara Shipley.ANTONE DOLEZAL Y LARA SHIPLEY / OVERLAPSE

Existe una carretera al sudeste del Estado de Misuri donde algunas noches los viajeros se ven sorprendidos por una enigmática esfera de luz. Recibe el nombre del Paseo del Diablo y se encuentra en los montes Ozark. Dicen que el mismísimo demonio vive allí. De ahí que los lugareños aseguren que está tan presente en sus vidas como lo estaría un ángel, Jesucristo o Dios.

Muy cerca de aquellos montes nacieron Antone Dolezal y Lara Shipley. Remota y agreste, la región es una de las más pobres y aisladas de Estados Unidos. En los últimos tiempos el alto índice de drogadicción ha supuesto un revés más a su maltrecha reputación. Sin embargo, los fotógrafos crecieron felices, inspirados por las fábulas de la región. Relatos con los que los lugareños, herederos de una fuerte tradición folclórica, cargada de conocimiento y superstición, entretienen a sus allegados. Dejarían en ellos una huella profunda, como lo hicieron las gratificantes vivencias en contacto con el mundo natural. Así, cuando Dolezal y Shipley se conocieron en Santa Fe, Nuevo México, surgió el deseo de regresar a la tierra de origen y reencontrarse con su pasado. El resultado ha sido el fotolibro Devil’s Promenade (Overlapse), un trabajo conjunto durante el cual profundizaron en la idiosincrasia del lugar a lo largo de diez años.

ANTONE DOLEZAL Y LARA SHIPLEY / OVERLAPSE

La lucha entre el bien y el mal se encuentra en el corazón de esta narración que comienza con la frágil y tierna figura de un niño a la orilla de un río. Marca el inicio de un recorrido incierto, donde el presente se junta con el pasado. A través de una ágil secuenciación de imágenes, compuesta de enigmáticos paisajes y reveladores retratos, el lector se ve envuelto en una atmósfera cargada de intriga y tensión. Cualquier cosa es posible en el camino. Así, los tramos de tinieblas se intercalan con otros donde reina la serenidad y abunda la claridad. La experiencia resulta tan aterradora como hermosa. El Paseo del Diablo se convierte en una metáfora del destino de los habitantes de la zona; de la experiencia de crecer en un lugar donde no existen muchas salidas. Donde la vida a veces se acerca al paraíso y otras al infierno.

Los autores mezclan imágenes de archivo —encontradas en los mercadillos locales y en las distintas bibliotecas— con otras tomadas por ellos mismos. De igual forma, el blanco y negro se combina con el color, y la fotografía documental se mezcla con otra más interpretativa. Algunas fotografías son recreaciones de las historias que fueron recopilando. En otras dan rienda suelta a su imaginación. “Nos plantemos un proyecto en el cual pudiéramos prescindir de los estereotipos del lugar”, comenta Shipley. “Que reflejara lo que uno siente al volver a un lugar del que se siente parte. No desde la perspectiva del de fuera”. Y lo consiguieron. En la mirada de los artistas se reconoce el carácter personal de un relato estructurado en varias capas. Fluye entre íntimas y enigmáticas escenas familiares, compuestas por jóvenes y mayores; distintos mundos y experiencias que se entremezclan y refieren cómo los mitos y las supersticiones que se trasmiten de generación en generación dan sentido a la comunidad.

ANTONE DOLEZAL Y LARA SHIPLEY / OVERLAPSE

“De dónde viene la luz, o la razón de su existencia, sigue siendo un misterio”, advierte uno de los textos que se intercala con las imágenes. La mística también encuentra su espacio en la narración, en el retrato de un grupo de personas que recurre a la sanación a través de la oración. “Durante aquellos días mi padre enfermó de cáncer ―cuenta Dolezal―. A menudo pensaba que es la escasez de recursos sanitarios la que lleva a la gente a buscar alternativas que se salen de la medicina tradicional. La religión se convierte en el consuelo que ofrece aquello que la sociedad no alcanza a satisfacer”. De igual forma, en el relato la presencia del mundo natural cobra la misma importancia que la de los humanos y adquiere la magnitud de una experiencia espiritual. “Nuestro objetivo no fue en ningún momento intentar documentar o explicar el fenómeno de las esferas de luz, sino sugerir que esa luz es parte de lo que hace esta región única”, asegura Dolezal.

Una cálida noche de verano, Dolezal y Shipley se encontraron con un grupo de adolescentes en el Paseo del Diablo. Esperaban ansiosos algún tipo de acontecimiento. De repente, el espacio quedó iluminado por las esferas. “A veces parecían blancas, a veces rojas, verdes o azules. El único sonido era el zumbido de los insectos, que palpitaba con las esferas danzantes. Después de un rato, quizás diez minutos, los adolescentes se aburrieron y se marcharon. Buscaban algo escalofriante, pero no lo era. Era hermoso”, recuerda Shipley. Los fotógrafos permanecieron en el lugar disfrutando del espectáculo de un fenómeno que hasta ahora no tiene explicación. Regresarían al lugar varias veces. Nunca más volvieron a ver la extraña luz. Tampoco se toparon con el diablo.

Devil's Promenade

Autor: Antone Dolezal y Laura Shipley.


Editorial: Overlapse, 2021.


Formato: 152 páginas. 40,23 euros.


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