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Mario Conde, Miguel Boyer, ‘Los Albertos’: breve elenco del pelotazo

La ebullición financiera que trajo la entrada en la Comunidad Económica Europea y la liberalización dio también lugar a la cultura del exceso. Antes de los pufos, Javier de la Rosa, un “empresario ejemplar”

Javier de la Rosa come un bocadillo en la cárcel Modelo, de Barcelona. La foto ganó el Premio Ortega y Gasset. Carles Ribas

Mario Conde y el ‘caso Banesto’. España miró boquiabierta a aquel ejecutivo de pelo azabache engominado que quería sacudir el statu quo de la banca y encarnaba la viva imagen de los flamantes yuppies de Wall Street. Conde no era un ejecutivo al uso, sino un icono de éxito, una inspiración para jóvenes. Abogado del Estado, primero de su promoción, asumió la presidencia de Banesto en 1987, con 39 años, tras la fallida opa hostil lanzada por el Banco de Bilbao, y comenzó una gestión de la entidad que los expertos siempre vieron personalista (luego se demostró temeraria y, finalmente, criminal). Se rodeó de fieles, en lugar de los mejores técnicos, y erró al competir —­de forma casi kamikaze— con el Santander en la guerra del pasivo. Dañado y sin novios para una fusión, comenzaron los rumores sobre su fragilidad. Trató de revalorizar activos, algo que el exministro Carlos Solchaga describió así años después: “¿Cómo se genera dinero de la nada? Pues cogiendo los activos apuntados a precio de compra y poniéndolos a precio de mercado. Eso solo se puede hacer vendiéndolos y pagando las correspondientes plusvalías. Pero si no quieres (…) la solución es venderlos artificiosamente a una corporación del banco creada para tal efecto (la Corporación Industrial Banesto)”. El 28 de diciembre de 1993 el Banco de España intervino Banesto, cuyo agujero ascendía a 605.000 millones de pesetas (3.636 millones de euros). Conde, que tachó el proceso de operación política, fue condenado por estafa y apropiación indebida a 20 años de prisión. Ingresó en 2002 y salió en libertad condicional en 2008. Frecuentó tertulias televisivas y fundó un partido para concurrir a las elecciones gallegas (se había presentado a las generales en 2000) y hoy sigue defendiendo su inocencia.

De la Rosa y el ‘caso Kio-Torras’. También conocido como Jotaerre, Javier de la Rosa fue durante años definido como “empresario ejemplar” por Jordi Pujol. El financiero catalán acumuló vasta influencia de la mano del poderío económico del grupo kuwaití Kio, del que se convirtió en hombre fuerte en España. Kio controlaba el grupo industrial Torras, que De la Rosa gestionaba, y en 1992 protagonizó la entonces mayor suspensión de pagos de la historia, con deudas de 243.000 millones de pesetas, de las cuales el 90% correspondía a Kio. El grupo se topó además con 500.000 millones de pesetas de pérdidas no justificadas por inversiones en España. Recibió varias condenas. La más reciente, en 2008, por desviar 27,4 millones de dólares de Kio a través de una sociedad domiciliada en Gibraltar. Otra, por la Operación Wardbase, pieza separada del caso Torras,que juzgó en 2002 el pago de 1.900 millones de pesetas (11,4 millones de euros) al empresario Manuel Prado y Colón de Carvajal, antiguo administrador privado del rey Juan Carlos. En paralelo, fue sentenciado a tres años por apropiación indebida por la descapitalización de Grand Tibidabo. La caída en desgracia de De la Rosa quedó retratada con crudeza en 1994, cuando EL PAÍS publicó una fotografía suya comiendo un bocadillo dentro de prisión. En 2006, en una entrevista con este periódico concedida tras la última sentencia por Kio, lamentó: “Todos los que se han hecho ricos conmigo me han traicionado”.

‘Los Albertos’. Alberto Cortina y Alberto Alcocer eran primos y estaban casados con las hermanas Alicia y Esther Koplowitz, dueñas de FCC. Fueron socios de Kio en Cartera Central, una sociedad que llegó a ser primer accionista del Banco Central. Este negoció la fusión con el Banesto de Conde, pero rompieron las conversaciones en febrero de 1989 y acto seguido aparecieron publicadas las fotografías en Diez Minutos e Interviú que destaparon el romance de Cortina y Marta Chávarri, entonces esposa de Fernando Falcó. Las especulaciones sobre el origen de estos ataques son múltiples. Los Albertos se las vieron con la justicia con el caso Urbanor. El Supremo los condenó a tres años y cuatro meses de prisión por estafa y falsedad documental en la venta en 1988 de los terrenos en los que se construyeron las Torres Kio, pero el Constitucional anuló la condena al determinar que había prescrito.

Mariano Rubio y el ‘caso Ibercorp’. En 1992 salieron las primeras noticias del escándalo, que afectaba al mismísimo gobernador del Banco de España, una figura prominente de esa élite empresarial y política progresista que se había dado en llamar la beautiful people, entre los que figuraban también el exministro Miguel Boyer. La agencia de valores del banco Ibercorp, que gestionaba Manuel de la Concha (ex síndico presidente de la Bolsa de Madrid), había alterado la lista de accionistas de Sistemas Financieros (perteneciente al mismo conglomerado) para ocultar la identidad de clientes como Rubio, Boyer y la esposa de este, Isabel Preysler. La información aparecía en un fichero robado del despacho de De la Concha el verano anterior. Dos años después, con la intervención de Banesto aún fresca, fue descubierta una cuenta secreta bancaria de Rubio por la que acabaría detenido. De la Concha fue condenado a prisión e inhabilitado, Rubio falleció antes, pero el escándalo dejó marcado para siempre el legado de quien había pilotado la transición del sistema financiero español hacia la competencia y la integración en Europa. El caso Ibercorp, con una huelga general convocada en enero de 1994, golpeó duramente al Gobierno socialista, en un año que Pedro Solbes calificaría de annus horribilis.

Durante estos años, también contamos estas historias:

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