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Ángela Penagos: “América Latina tiene que hacer una gran apuesta a la agricultura sostenible”

La directora del Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Universidad de Los Andes conversa con América Futura sobre el rezago de la región en términos de pobreza, desigualdad y seguridad alimentaria

Ángela Penagos en su casa en Bogotá, Colombia.
Ángela Penagos en su casa en Bogotá, Colombia.Diego Cuevas

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La pandemia de coronavirus y la guerra en Ucrania han supuesto un fuerte impacto para la economía de América Latina, reflejado en una elevada inflación que golpea especialmente al eslabón más débil de la cadena: los ciudadanos más pobres que gastan buena parte de sus ingresos en alimentos y productos básicos. En 2020, más de 267 millones de latinoamericanos estaban en situación de inseguridad alimentaria, según la FAO. Estas crisis han dejado a la región como la más rezagada del planeta para cumplir con las metas propuestas por Naciones Unidas para 2030, con un retroceso especialmente grande en ámbitos como erradicación de la pobreza y el hambre y la reducción de la desigualdad. Así lo refleja el Índice de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) recientemente publicado por la Universidad de los Andes.

Si bien el informe ha identificado algunos avances positivos, como menores índices de desigualdad en México o mejoras en temas medioambientales en Bolivia, y a otros países que consiguieron mantenerse con “cierto nivel de cumplimiento” en cuanto a los objetivos como Chile o Colombia, en términos generales “se ralentizó todo”, lamenta la directora del Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe (CODS) de la Universidad de Los Andes, Ángela Penagos, en entrevista con América Futura. “Preocupan muchísimo Venezuela y Haití, que son los que más han contribuido a que la situación de la región esté tan lenta en el tema de la adopción de la Agenda 2030”. Eso, dice, hace difícil pensar en que la región pueda cumplir sus metas y obliga a replantear el modelo de desarrollo que, a su juicio, debe ser “mucho más inclusivo”, con “una política decidida de protección social” y un enfoque regional.

Ángela Penagos trabaja en su casa.
Ángela Penagos trabaja en su casa.Diego Cuevas

Pregunta. En 2020, el número de latinoamericanos que no contaron con alimentos suficientes para tener una dieta adecuada incrementó en nueve puntos porcentuales respecto al año anterior. Eso después de un solo año de pandemia y sin contar con los efectos de la guerra en Ucrania en la economía que se están viendo ahora. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Respuesta. Uno de los temas que es importante resaltar, que FAO también ya venía documentando y que nosotros vimos antes de la pandemia, es que ya los precios de los alimentos empezaban a registrar un alza. No llegábamos a los niveles del 2008, pero ya empezaba la tendencia. Luego llega la pandemia y aparecen todas estas restricciones nacionales o domésticas, también del mercado internacional, donde claramente los precios de los alimentos empiezan a subir más rápidamente. Obviamente, eso no fue de manera inmediata. Nosotros, desde el centro, ya preveíamos que iba a haber una suerte de rezago, pues eso también tiene que ver con las épocas de cosecha, los inventarios que tienen los países que de alguna manera al inicio de la pandemia permitieron manejar el impacto. Pero fue muy largo y después están las restricciones.

Por otro lado, el informe de del Panel Intergubernamental de Cambio Climático empieza a notar que esto tiene un impacto en los rendimientos en general. Por ejemplo, la producción de cereales ya no crece a la misma velocidad. Esto, en parte, por la crisis climática que tan duro golpeó a América Latina y especialmente a los países del trópico. Y después se junta el otro fenómeno de la guerra con Ucrania y el incremento tan significativo de los precios de los insumos, particularmente los fertilizantes. Buena parte de los países de América Latina somos importadores netos y eso afecta la estructura. Y, por lo menos en Colombia, lo que más crece son los precios de los alimentos, impactando fuertemente a la población más pobre, que es la que gasta buena parte de sus ingresos en la compra de alimentos.

P. El informe registra más pobreza, más inseguridad alimentaria y más desigualdad, uno de los grandes males de la región. ¿Qué deben hacer los Gobiernos y las comunidades para enfrentarlos?

R. El problema de la desigualdad y la pobreza y cómo todas estas crisis están impactando de manera tan significativa vuelven a plantear la importancia de tener una agenda más enfocada a atender de manera integral los problemas sociales, pero sobre todo la posibilidad de generar un desarrollo mucho más inclusivo. Es una pregunta muy difícil que te la podría responder por secciones. En general, América Latina, especialmente los países de Centroamérica y los que estamos un poquito más cerca al ecuador, tiene que hacerle una gran apuesta al mejoramiento de la productividad sostenible de la agricultura. No estoy hablando estrictamente de soberanía alimentaria, pero América Latina tiene que hacer un esfuerzo mayor por lograr unos sistemas agroalimentarios que tengan la capacidad de proveer alimentos a toda su población con estrategias mucho más concretas de parte del Estado para lograr producir alimentos, que esa es una agenda que se ha ido dejando atrás. Eso y una mayor integración de esa producción de alimentos con la transformación con la industria, que repercuta en la capacidad que tiene la agricultura de generar buenos empleos. Y de esa manera podemos atender el tema la pobreza y el tema de la desigualdad.

Sin embargo, eso no es suficiente. Se requiere una política decidida de protección social. Yo creo que eso ya es algo que se está discutiendo. Pero el problema está en que, en general en América Latina, el tema fiscal está complicado. Hay muy poca plata, los países tienen niveles altos de endeudamiento, en parte por decisiones que se tomaron en su momento con la pandemia que eran necesarias y que no hay muchas fuentes de ingresos. Es muy difícil. Yo no tengo toda la respuesta, pero se requiere una política social en un contexto fiscal difícil que va a ameritar repensar cómo es que toda la estructura macroeconómica de estos países. Porque, si no, no vamos a salir. Estamos ante un problema estructural.

P. Con este panorama, entiendo que no ven factible cumplir con objetivos de desarrollo sostenible marcados por la ONU para 2030 como estaba previsto...

R. Uno pensaba que esta agenda se podía cumplir en un escenario normal de las cosas, pero es que han pasado dos cosas muy significativas que impactan a América Latina fuertemente: la pandemia, el tema del hambre, ahora este tema de los fertilizantes y, sin duda alguna, somos importadores de buena parte los cereales, o sea, eso nos afecta. Y yo creo que el tema del cambio climático sin duda alguna también está afectando a la región. Yo no quisiera ser tan taxativa, pero invito a una reflexión. Tenemos que sentarnos a pensar el tema de desarrollo sostenible a la luz de las crisis actuales y sobre todo en relación con la pregunta que me hiciste al principio: ¿y entonces qué vamos a hacer? Y lo otro es que es un problema regional y tal vez la única manera de poder enfrentar esto es regionalmente, con mecanismos claros de colaboración y de apoyo entre países que tienen más oportunidades en unos temas y otros países en otros temas. Porque si América Latina no se piensa de esa manera, va a ser muy difícil lograr enfrentar los retos de la Agenda 2030.

P. ¿Ve posibilidad de colaboración regional? Porque da la sensación de que los países confían más en unos organismos u otros en función a la ideología de quien está en el poder. ¿Cree que hay intención real de trabajar conjuntamente?

R. La región de los últimos años abandonó su estrategia de colaboración. Pero yo creo que hay opciones, en el interés de esta nueva ola de mandatarios que hay en América Latina de restablecer los mecanismos regionales de cooperación más allá de los temas nominales. Si queremos salir de este enredo, pues nos tenemos que juntar, unir y pensar. Pero todavía no veo todavía que se esté moviendo el accionar de los países hacia allá. Creo que hay una oportunidad, hay una intención de los países o de los nuevos mandatarios, démosle un poquito de tiempo a ver si empiezan a mover los arreglos en función de eso, pero todavía no lo veo tan claro. Y la verdad es que me da un poco de frustración. Y eso depende también mucho de los grandes. Toca que Brasil y México muevan las cosas.

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