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Cinco minutos más, por favor

La novela 'En cinco minutos levántate María', de Pablo Ramos, que recorre su vida a través de su monólogo interior desde la cama

El hijo de María

Pablo Ramos nació en el suburbio bonaerense de Avellaneda en 1966, y el conflicto y la violencia siempre han sobrevolado su obra. El origen de la tristeza (Malpaso, 2014) y La ley de la ferocidad (Malpaso, 2015) se centran en Gabriel, hijo de la María de En cinco minutos levántate María. Las tres novelas forman una trilogía, aunque pueden leerse de forma independiente.

Ese lugar de confort del que nos saca cada mañana el despertador es un lugar tan bueno como cualquier otro para las epifanías. Ese templo entre las sábanas en el que todos jugamos a ser otro alguien (ese alguien que nos dejó el regusto del sueño, quizá), justo antes de levantarnos, vestirnos de nosotros mismos, y retomar el día a día. Ahí se desarrolla En cinco minutos levántate María, la novela de Pablo Ramos que recorre la vida de una mujer de forma de chorro de pensamiento caprichoso pero coherente. El argentino ordeña la conciencia de María, argentina pasada ya la sesentena, despertada antes de tiempo, con el cuerpo cansado que le pide cinco minutos más de cama, pero la mente lúcida y juguetona embarcada en uno de esos viajes por los páramos de la memoria que todos hemos recorrido. Como guía de la oscuridad templada, como mascota silente de esa reflexión, una luciérnaga, que con su luminiscencia hermosa y marciana acuna sus pensamientos mientras rasca la madera del techo. Es la de María una historia de superación, sí, pero sobre todo de los obstáculos superados. Ramos reivindica la figura de la madre como motor espiritual de la familia: del mismo modo que Úrsula Iguarán tira del carro de los Buendía (Personaje con el que también la emparenta la ceguera, definitiva en el caso de Úrsula, transitoria en el de María), tira María del carro de los que están a su alrededor. Tira de su hijo drogadicto Gabriel, de sus tíos, de sus nietos. Y sobre todas las demás sobrevuela la presencia del marido, ausente, violento, querido, anónimo. La narradora se cuida muy mucho de bordear siempre su nombre (¿Quizá de borrarlo?) y de convertirlo siembre en ‘ese hombre’, en ‘este marido mío’, en ‘él’. Depresiones, visitas secretas a la psicóloga, vida de barrio, fiestas, problemas universales de los hijos de todas y de los suyos, intentos de suicidio. Un relato sin descanso que muestra cómo todas las piezas encajan en el puzzle que es nuestra vida. Esa vida que quizá no es la que queríamos pero sí la que nos tocó en suerte. ¿Es tarde para cambiar? Hagan caso a su luciérnaga.

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