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El descubrimiento del primer eco del Big Bang queda “en suspenso”

El hallazgo del año en física queda en entredicho por los nuevos datos de la misión europea Planck. Sus estimaciones del polvo galáctico pueden dejar en nada la detección del primer eco del Big Bang

El telescopio BICEP2, en el Polo Sur.

El supuesto descubrimiento del primer eco del Big Bang está cada vez más en entredicho y debe quedar “en suspenso” hasta que haya nuevos datos. Así lo explican a Materia desde la misión europea Planck, que ha hecho la medición más precisa hasta la fecha del polvo galáctico en el universo. Esas mediciones eran fundamentales para saber si las supuestas primeras señales del Big Bang anunciadas en marzo por un equipo liderado por EEUU eran ciertas o se debían simplemente a un falso positivo generado por el polvo galáctico. Los datos de Planck, una sonda europea, se han publicado hoy y confirman que el equipo que anunció el descubrimiento “subestimó” la cantidad de polvo y que, en realidad, “toda su señal puede deberse al polvo”, según explica a MateriaEnrique Martínez González, miembro de la misión Planck.

“En su primer análisis, el equipo de BICEP 2 usó datos sobre el polvo con poco fundamento, eran datos pobres”, resalta. “Los datos de Planck muestran ahora que subestimaron el polvo y que la parte de la señal que se debe a este es muy significativa y podría de hecho explicarla toda”.Es decir, el descubrimiento podría quedar en nada. Es un resultado similar al que ya habían apuntado otros expertos e incluso los responsables de BICEP2 habían dicho que era una posibilidad, pero los datos de Planck eran muy esperados como posible veredicto final. Los nuevos datos de la misión europea se han publicado en arxiv.org y Astronomy and Astrophyscis.

La importancia de esa señal es inmensa. Sería la confirmación de la teoría de la inflación cósmica, una pieza clave para explicar cómo, hace 13.700 millones de años, surgió un universo como el que conocemos, instantes después del Big Bang y gracias a una expansión descomunal en la que su tamaño se multiplicó millones de veces. Es la teoría más aceptada por el momento, pero aún no había una evidencia directa de ella. El supuesto descubrimiento del telescopio BICEP 2, situado en el Polo Sur, hubiera sido la primera evidencia y, por tanto, hubiera granjeado premios Nobel para los padres de esa teoría.

“Era un bombazo científico porque ese descubrimiento era exactamente lo que se esperaba a partir de la teoría”, reconoce Martínez González. Pero por el momento el bombazo debe esperar, advierte, pues “el descubrimiento de esa señal genuina ha quedado en suspenso”.

La polémica por el primer exo del Big Bang no termina aquí. Los equipos de BICEP2 y Planck han comenzado una colaboración hace unos meses en la que se espera que los expertos de EEUU desvelen los detalles de cómo hacen sus mediciones a sus compañeros de Planck. “Nuestros colegas de BICEP 2 ya conocen los datos publicados hoy y siguen con dudas, creen que sí han podido captar una señal genuina”, explica el físico español. La única forma de dilucidar si hay parte de la señal que no se debe a polvo galáctico es compartiendo datos en esa colaboración entre ambas misiones, asegura.

La razón es que Planck y BICEP 2 son complementarias. La misión europea es capaz de medir el polvo galáctico en todo el cielo, mientras que BICEP 2 es mucho más sensible que Planck a la hora de medir los llamados modos B que pueden deberse a esas ondas gravitacionales primigenias del Big Bang. Aún no hay una fecha fijada para la publicación de esos datos pero los responsables de Planck querrían que estuviesen listos en noviembre. Será ese mes cuando la misión europea presente todos sus datos a nivel cosmológico, apunta Martínez González.

El gran problema es que el “descubrimiento” anunciado a bombo y platillo en marzo por BICEP 2 puede quedar sin validez tras esta revisión. Los físicos miden un descubrimiento en función de su confianza estadística. En marzo, BICEP 2 alcanzó un nivel conocido como cinco sigma, una confianza suficiente como para llamar a algo descubrimiento. Pero el nuevo análisis que se está llevando a cabo puede reducir significativamente ese nivel de confianza hasta el unto de que dejaría de considerarse un “descubrimiento”, concluye Martínez González.

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