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Reportaje:

Los tesoros escondidos del patrimonio musical

Los intérpretes luchan contra las trabas para conseguir partituras maestras de obras en España

Oscurantismo, desidia, falta de conciencia, apatía... Son algunas de las quejas que provienen de los intérpretes de música antigua, barroca y clásica cuando hablan de una de las asignaturas pendientes de la cultura en España: el cuidado y la ordenación del patrimonio musical. En otros países, como Francia, Alemania y el Reino Unido, el legado de partituras y obras musicales está catalogado y es de fácil acceso. Dos iniciativas salvan un panorama que para los músicos es preocupante. Una, presentada recientemente de Música Inédita, que ordenará 9.000 partituras y las hará accesibles por Internet, y otra, la del Instituto Complutense de Ciencias Musicales, que cuenta con un fondo de 80.000 obras catalogadas.

Dedicarse a la música antigua, barroca y clásica en España es una cuestión de quijotes. Hay que convencer a un público con la baza de la calidad, ante todo, y para conseguir los niveles es necesario encontrar joyas y tesoros escondidos de la música paridos en los años dorados de la creatividad, esto es, cuando una corte boyante hacía encargos a diestro y siniestro a los mejores compositores del mundo.

No todo es Bach y Vivaldi en el Barroco, por ejemplo, así que el ansia por encontrar nuevas obras maestras de autores menos conocidos pero muy válidos hace que los intérpretes, sobre todo los de la denominada Corriente Auténtica, esa que postula hacer música con instrumentos y medios de la época en que fue creada, tengan su vena de musicólogos y rastreen por archivos y bibliotecas. Ahí empieza el problema. Si en Francia, Alemania, Reino Unido o Italia, el material está debidamente catalogado y ordenado, en España reina el caos, hay que enfrentarse al amiguismo o el mal humor del archivero de turno o, en algunos casos, al oscurantismo de la Iglesia, depositaria de miles de partituras en las baldas y los armarios de sus respectivas diócesis.

'Las autoridades tienen el deber de conservar y difundir el legado', afirma Jordi Savall

Lo dicen, entre otros, Jordi Savall, uno de los príncipes de la música antigua y barroca en el mundo, Paul McCreesh, director del Gabrieli Consort and Players e intérprete británico de compositores como Victoria o Morales; Miguel Sánchez, de Alia Música, experto en piezas sefardíes; Marta Almajano y Eduardo López Banzo, del grupo Al Aire Español, o Emilio Moreno, de El Concierto Español.

Módicos precios

Savall es de los más beligerantes. 'Me molesta que en España sea tan difícil en muchos casos acceder a estas obras, más cuando en cualquier país europeo pides una partitura y por un módico precio te la envían microfilmada', cuenta el intérprete de viola de gamba y director del los grupos Concierto de las Naciones, Hespèrion XXI o la Capella Reial de Catalunya. Y relata una anécdota definitiva: 'Una vez quise conseguir unos villancicos de marineros italianos y españoles que recalaban en Canarias y fui a una catedral donde estaban las partituras a pedirlos. Me hicieron rellenar de todo y cuando entré, no estaban. Yo sabía que pertenecían a ese lugar porque lo había visto en un catálogo y alerté a la Interpol. Cuando volví, allí estaban', relata Savall desde San Francisco, donde ha actuado esta semana.

'Tenemos que ser conscientes de que hay obras muy importantes y que hay que conservar viva la memoria de nuestro pasado. El legado es frágil y no podemos permitirnos dejar que desaparezca algo único e irrepetible'. Para el músico, la anécdota de Canarias es un ejemplo de lo que es la 'propiedad negativa', es decir, la que no se comparte con nadie, algo que en el caso de la música es especialmente absurdo, porque necesita sonar para existir: 'Las partituras son el punto de partida. Si nadie la interpreta, no es real'. Y demanda dos cosas: 'Formación y accesibilidad. Las autoridades de Patrimonio Nacional tienen la obligación de conservar y hacer difundir en conciertos y discos la creación, y para eso hay que inventar una política creativa, no conservadora y cerrada. Hay que hacer que la música viva y suene'.

Eso en cuanto a lo civil. Lo eclesiástico es tema aparte para Savall. 'Hay que conseguir resucitar las músicas en las iglesias, darles allí su espacio. Igual que hay cuadros y piedras, debe sonar la música que se hizo para esos espacios'.

El oscurantismo, la escasa accesibilidad y las trabas de algunas diócesis parecen elementos comunes. 'Todos los proyectos que hago de música española me los preparan musicólogos. Yo estoy muy viejo para investigar. Hay grandes descubrimientos por hacer, sobre todo del Barroco, que me parece la época más brillante de la música española, y sé que han tenido muchas trabas con algunos archivos de la Iglesia', afirma McCreesh, intérprete especializado en esa época y muy admirador del patrimonio español.

También se une a la crítica Eduardo López Banzo, que con su grupo barroco Al Aire Español, de Zaragoza, acaba de recuperar el Miserere de José de Nebra, y que interpretarán en la Semana de Música Religiosa de Cuenca el 30 de marzo y en el ciclo Los siglos de oro en Madrid, el 1 de abril. 'Hay que hacer una acusación directa a la Iglesia, porque no tienen interés en ordenar sus archivos, y es lamentable que se puedan perder auténticas joyas. Aunque también es verdad que ellos se quejan de que el problema es económico y que nadie les ayuda'.

La versión del responsable de temas de patrimonio y cultura de la Conferencia Episcopal, Antonio Muñoz, no ha podido ser incluida en el reportaje porque éste no ha respondido a las llamadas que se le han hecho para recabar su opinión. López Banzo cree que una salida es la colaboración entre la Iglesia y el Estado para empezar a ordenar lo que haga falta.

También hay otro factor a tener en cuenta y que puede explicar la desconfianza que existe hacia los que van en busca de obras. 'Hay mucha irresponsabilidad y ha habido mucho saqueo', dicen López Banzo y Emilio Moreno, de El Concierto Español. 'Son conocidos los casos de algunos musicólogos que se formaron grandes archivos y bibliotecas en sus casas. Una vez fui a consultar cómo se definía violín en el diccionario de Covarrubias. Me encontré que la página estaba arrancada y el archivero me dijo el nombre y apellidos de la persona que con toda probabilidad podía haber sido', cuenta Moreno. El saqueo se une a la desidia de los funcionarios, cuenta el intérprete. 'Conozco gente que se ha llevado cosas a casa por probar y a la semana lo ha devuelto sin que nadie reclamara nada'.

Copias caras

Pero, con todo, las peores experiencias las ha tenido Moreno en el extranjero: 'Concretamente, en la tan afamada Biblioteca del Congreso de Washington, donde fui a buscar cosas de Manuel Canales y de Boccherini. Me trataron fatal y las copias me parecieron carísimas, como en Viena, que me cobraban 200 pesetas por papel', argumenta.

Miguel Sánchez, de Alia Música, es más moderado en las denuncias. 'Las experiencias negativas dependen más de los funcionarios de turno que de las instituciones en sí. A veces hay exceso de celo, apatía, comodidad, la ley del mínimo esfuerzo, algunos dispuestos a negarte algo si te falta un solo papel, pero no siempre', dice este experto en el legado de los judíos españoles a la música. 'Mis experiencias, en general, han sido buenas, sobre todo con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde lo mejor es la colaboración interdisciplinar. Siempre hay dudas que los filólogos e historiadores están dispuestos a resolver'. De todas formas, en relación a otros países como Francia, Alemania, Italia, Reino Unido o Estados Unidos, Sánchez cree que España está 'a años luz'. Una solución para acortar distancias: 'Que las instituciones públicas y privadas pongan en marcha iniciativas'.

Dos ejemplos esenciales

No todo es negro en el patrimonio musical. Existen cosas que funcionan. Aparte de un centro como el Instituto Complutense de Ciencias Musicales, creado en 1989 por la Comunidad de Madrid y la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y dirigido por Emilio Casares, que ha ordenado un fondo de 80.000 obras, se acaba de presentar un proyecto muy importante para el futuro de la conservación en España. Es la iniciativa Música Inédita, auspiciada por la Fundación Caja Madrid y Patrimonio Nacional. Cuenta con un presupuesto de 1,7 millones de euros para tres años y entre 12 y 15 personas para dedicarse a la catalogación y futura difusión en Internet de las 9.000 partituras que calculan que hay en los fondos musicales del Palacio Real, El Escorial o monasterios como Las Huelgas, Tordesillas o Las Descalzas Reales. Pilar Tomás, codirectora del proyecto, lo considera esencial: 'Lo importante es el acceso internacional a estos fondos', dice. Y ve la necesidad de poner en marcha una iniciativa así en un país donde, hasta ahora, 'todo dependía de cómo cayeras al archivero de turno'. Casares ha estado solo en la lucha varios años. 'Queda mucho por hacer, no se ha tomado conciencia todavía', dice el musicólogo. Pese a labores como la suya, cree que aún no se puede comparar el nivel de España con otros países europeos en este campo, aunque el legado es mayor que el de algunos. 'Con relación a Francia, Italia o Alemania, sencillamente, nosotros no contamos', alerta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de marzo de 2002

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