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Umberto Eco habla en Europalia sobre la conciencia histórica del 'Beato de Liébana'

"Es un hecho histórico el haber logrado una fiesta con todos estos grandes invitados". Así calificó Umberto Eco, profesor de semiótica de la universidad de Bolonia (Italia), la exposición que -en el marco de Europalia la gran muestra de cultura española que se celebra en Bélgica) reúne por vez primera, y quizá última, la veintena de manuscritos ilustrados que se conservan del Comentario al Apocalipsis, del Beato de Liébana. Umberto Eco explicó en Bruselas, el pasado viernes, el sentido del Apocalipsis de san Juan en el medievo, su conciencia histórica y las razones pragmáticas de un éxito de venta: la obra del beato.

"Cuando uno escribe una tontería, se le califica de tonto. Cuando escribe dos, también. Pero cuando escribe mil tonterías, entonces se convierte en un Flaubert", dijo Eco, enjuiciando el texto del beato, sobre el que el italiano ya escribió, años atrás, a su vez, un comentario de éxito, que utilizó profusamente en su conferencia.. Para Eco, el Apocalipsis tiene un doble viaje: el de los ortodoxos de la Ciudad de Dios y el de la tradición marginada. Aporta a la vez esperanza y terror. Tiene la ambigüedad fundamental que aporta el sentido del milenio. Alterna euforia y depresión.

Pero, sobre todo, el Apocalipsis es "un pequeño tratado sobre la evolución histórica" y aporta una conciencia histórica. Está penetrado de sentido histórico y, "ocurra lo que ocurra", a pesar de las interpretaciones, "el Apocalipsis siempre hablará de algo diferente".

Éxito de venta

Beato de Liébana, el monje asturiano del siglo VIII, "no fue un gran autor". "No pasaría un examen ni siquiera en una facultad ocupada", dijo el autor de El nombre de la rosa, "pero se convirtió en un éxito de venta quizá bajo la influencia del gusto de su época, de la mediocridad de su época". ¿Por qué?

En primer lugar, por el valor del Apocalipsis en esa época en una Europa diezmada por la peste negra, la lepra y la tuberculosis. Fue un período de inseguridad y desolación. El fin del milenio -que se suponía estaba teniendo lugar entonces- hubiera aportado una solución.

En segundo lugar, por la calidad y cualidad de, las ilustraciones que han acompañado a las copias de estos textos. Para el profesor italiano, el Apocalipsis; de. san. Juan ofrecía una visión similar a la de un acontecimiento cinematrográfico -con la producción de imágenes de modo sucesivo y flash-backs- y onírico. Pero el beato pensaba -en términos de imágenes sincrónicas,, y dio, pues, instrucciones en esta dirección a los que realizaron las primeras ilustraciones.

A partir de ahí, las ilustraciones toman el camino de Santiago (motivo de otra exposición que tiene lugar en Europalia) y comienzan a influir en todo el arte medieval. Eco habló del arte románico "como la traducción en piedra de las ilustraciones de los beatos".

"Los beatos han estado entre nosotros", concluyó, "durante los últimos diez siglos", aunque estuvieran guardados. "Hay que reconocer los signos de su herencia", concluyó, tras recorrer por encima la posterior evolución de los movimientos milenaristas, en los que incluyó en parte el Manifiesto Comunista de Carlos Marx.

La conferencia, en una sala destinada a estos efectos del Museo de Arte, de Bruselas, produjo un lleno total, más significativo aún cuando la entrada costaba unas 900 pesetas. Eco hablé en francés, con amplias citas en latín, poniendo los dedos de la mano izquierda casi a modo papal y bromas intermitentes que relajaron a los oyentes. Fue una conferencia que los británicos hubieran calificado de witty, pero no muy original. Un comentario sobre su comentario del comentario del beato al Apocalipsis de san Juan.

La intervención de Umberto Eco estuvo seguida de unas palabras del comisario general español de, Europalia, Luis González Seara, quien calificó la conferencia del semiólogo italiano de magnífica.

"Con su obra El nombre de la rosa, Umberto Eco nos dejó una prueba del bizantinismo eclesiástico y de las querellas de los monjes de un momento posterior a la iglesia cristiana", señaló González Seara.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de noviembre de 1985