Dopaje | Eufemiano Fuentes

La reaparición de Eufemiano Fuentes

El médico de la Operación Puerto confirma este domingo por la noche en ‘Lo de Évole’ la información de EL PAÍS de que asesoró a la Real Sociedad en 2002

Eufemiano Fuentes, en la entrevista con Jordi Évole.
Eufemiano Fuentes, en la entrevista con Jordi Évole.

Como una fabulación fantástica, como el monstruo del lago Ness, Eufemiano Fuentes aparece misterioso en la vida del deporte español, y desaparece de ella, cíclicamente, y siempre deja tras él una estela de aparente insondable sospecha. Y le encanta hacer de rey Midas inverso, ensuciar cuanto toca, aquello de cuanto habla. Anualmente se reaviva entre las gentes del atletismo la charla de siempre. Eufemiano está de vuelta, se ha instalado a Portugal, no tiene un duro, ha perdido el dinero que tenía en Suiza, los representantes ofrecen sus servicios de transfusión de sangre a los atletas por 10.000 euros… Y las charlas siempre terminan igual, con un cierto resentimiento, ¿y por qué no se habla del dopaje en el fútbol? ¿Qué hizo Eufemiano en el fútbol?

Esta pregunta se la hace directamente Jordi Évole en la entrevista que se emite este domingo por la noche (Lo de Évole, La Sexta, 21.25), una de las pocas que ha concedido en los últimos años el médico de Las Palmas, absuelto por la Audiencia Provincial de Madrid (2016) del delito contra la salud por el que fue condenado en el juicio de 2013 de la Operación Puerto (2006).

“Oficialmente no he trabajado para más equipos”, responde Fuentes, de 66 años, cuando Évole le cita a la UD Las Palmas, el Elche y el Universidad. “Extraoficialmente era a veces contratado, o requerido, mejor dicho, porque no se firmaban contratos, para asesorar a sus técnicos, a sus médicos, en el control, seguimiento, recuperación, ayuda... Y por expreso deseo de ellos no me pagaban a mí, no, pedía que le pagaran a otra persona, a un testaferro que no voy a decir. Percibiría unos 10 millones de pesetas (60.000 euros) por un año. Según las reuniones que tenía, a millón (6.000 euros) por reunión. Eso ocurrió dos años, con el mismo equipo”.

Es entonces cuando el entrevistador le muestra una información publicada por EL PAÍS el 5 de febrero de 2013, durante el juicio de la Operación Puerto, apoyada en dos documentos que apuntan a una relación económica, al menos, entre la Real Sociedad y el médico canario. Se trata de la contabilidad b de la Real Sociedad desvelada por el expresidente del club donostiarra Iñaki Badiola y un papel manuscrito de tamaño cuartilla encabezado por el titular cuentas Asti, apócope del apellido del presidente de la Real en enero de 2002, fecha que se cita en el papel, José Luis Astiazaran, posteriormente presidente de la Liga de Fútbol Profesional.

Los documentos señalan unos gastos de 42.070 euros en “medic” en enero y 5.382 euros más en “medicamentos alemanes” en febrero, aparte de 12.765 euros de “sueldo”·

Sobre esos documentos, Évole le recuerda que aquella Real de 2002-2003, la de Schürrer, Aranzabal, López Rekarte, Xabi Alonso, De Pedro, De Paula y Karpin, terminó segunda la Liga y se establece un diálogo en el que Fuentes responde:

“Reconozco la letra como mía. Yo de esto no tengo conocimiento [las cuentas b], lo estoy viendo por primera vez, pero me vale”.

-¿Asesoró a los médicos de la Real Sociedad?-, pregunta Évole.

-Estoy viendo eso, y tengo que creerme que es cierto y quiero creerme que es cierto. Y si eso es cierto…- responde el médico

-La fuente es el periódico EL PAÍS…-, le precisa el periodista.

-Es que es una fuente que a mí me hace temblar. Me llamó “criminal” y es mentira [EL PAÍS no le llamó criminal, sino que reprodujo la acusación de la Guardia Civil en la que se le acusaba de formar “una trama criminal”]… Yo reconozco esta letra como mía, punto. Venga de donde sea.

-¿Fue usted médico de la Real Sociedad?

-Yo no fui médico de la Real Sociedad, pero veo esto y habría que pensar que les asesoré de alguna forma, ¿no?

Pero más que el fútbol, el asunto que trastorna a Fuentes hasta el punto de haber derivado en una obsesión es su relación con los dirigentes del deporte español. Antes de cumplir los 30 años, en 1984, Fuentes fue contratado como médico por la federación española de atletismo presidida por Juan Manuel de Hoz, y con Carlos Gil como director técnico. Recibió el mandato, cuenta el médico, de que los deportistas españoles compitieran en igualdad de condiciones. “Haz lo que tengas que hacer”, me dijeron. “No queremos positivos pero sí resultados”.

El entrenador Manuel Pascua le pasó sus contactos con el atletismo del Este de Europa, el paraíso de los anabolizantes, y allá se fue Fuentes, “a conocer” técnicas de dopaje. “La federación sabía que yo iba no solo como técnico, sino para aprender técnicas para mejorar el rendimiento. Lo sabía. Eso que quede claro”, precisa Fuentes, y relata cómo les pagaba a los entrenadores de Europa Oriental 500 dólares por sus informaciones.

El médico que organizó un sistema de transfusión de sangre para deportistas a comienzos de siglo y preparó a la gran dama del atletismo español, Marta Domínguez, suspendida finalmente por dopaje, se pone las medallas de Barcelona 92, y aún cree que la Operación Puerto, su detención, su juicio, “por hacer algo que no estaba prohibido”, fue una venganza del Estado por decirle no en 2004.

Según cuenta Tomás Valdivielso, su abogado, en una carta, cuando el PSOE ganó las elecciones en marzo de 2004, el presidente del Consejo Superior de Deportes (Jaime Lissavetzky), preocupado por el descenso de medallas olímpicas, le contactó “por medio de un oro olímpico de Barcelona 92 y cercano al PSOE que, parece ser, había sido tratado por Eufemiano Fuentes” y le planteó “volver a hacerse cargo del equipo olímpico español, ofrecimiento que mi cliente declinó”.

El papel manuscrito en el que Eufemiano llevaba sus cuentas con el presidente de la Real Sociedad.
El papel manuscrito en el que Eufemiano llevaba sus cuentas con el presidente de la Real Sociedad.

“A partir de ese momento la actividad del Gobierno se dirigió hacia el acoso y derribo de Eufemiano Fuentes”, mantiene su abogado, cuyo relato, en nombre de su cliente, carece de pruebas y ha sido desmentido por las personas a las que acusa.

Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte de 2004 a 2011, recuerda que cuando él llegó al cargo, en abril de 2004, el nombre de Fuentes ya aparecía en titulares debido a las acusaciones del ciclista Jesús Manzano publicadas en As en marzo, y que lo último en lo que podía pensar era en ofrecerle al médico sospechoso de dopaje tal responsabilidad. Fue Lissavetzky, precisamente, quien popularizó la expresión “tolerancia cero con el dopaje” y el impulsor a comienzos de 2006 de la primera ley que penalizaba el dopaje, que no entró en vigor hasta meses después de la Operación Puerto.

El comandante de la Guardia Civil Enrique Gómez Bastida, teniente cuando dirigió la investigación de la Operación Puerto, explica que comenzó a investigar a Fuentes a raíz de las declaraciones de Manzano, y que las sospechas crecieron el año siguiente al ver su nombre, el de su asociado Merino Batres y el de Pascua, como clientes de una red que, con la ayuda de un científico del CSIC, importaba IGF-1, un factor de crecimiento prohibido, de un laboratorio australiano de productos veterinarios y vestido con un cartonaje falso lo distribuía en medios deportivos.

Por entonces, Fermín Cacho, medallista de oro en Barcelona 92, era concejal en Andújar (Jaén) como independiente en las listas del PSOE. “¿Pero cómo me van a encargar a mí una misión así?”, se pregunta el atleta soriano. “Ni que fuera tan importante para hacer de agente secreto. Si hubiera colaborado ahora seguramente estaría en algún puesto importante, y no aquí, en Andújar. De todas maneras, el atleta que diga que no conoce a Fuentes, miente. Nos trató a todos cuando era médico de la federación. Y, como médico, he de decir, no era malo. Otra cosa es la historia negra…” En verano de 1988, la atleta Cristina Pérez, esposa de Eufemiano Fuentes entrenada por Pascua, dio positivo en un control antidopaje por un estimulante, pero la federación intentó ocultar el caso. Una de las primeras decisiones de José María Odriozola en enero de 1989, recién elegido presidente, fue despedir al médico canario cuya voz sigue atormentando al deporte español.

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