Columna
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Ay, la próstata

En ‘El método Kominsky’ no hay risas enlatadas, sino un sarcasmo ingenioso y amargo sobre cómo adentrarse en la vejez

Michael Douglas y Alan Arkin en la serie 'El método Kominsky'.

En su condición de hijo de, no nos habíamos dado cuenta de que Michael Douglas también se hace mayor. Su padre, el legendario Kirk Douglas, murió a los envidiables 103 años, pero Michael anda ya por los 75. De las cosas de su edad trata El método Kominsky, una joya escondida en el catálogo de Netflix hasta que conquistó dos Globos de Oro.

Douglas se une a otro actorazo, Alan Arkin (85 años), bajo la dirección de Chuck Lorre (un chaval: 67), autor de The Big Bang Theory y capaz de usar aquí un registro muy distinto. No hay chistes rápidos y risas enlatadas, sino un sarcasmo ingenioso y amargo sobre cómo adentrarte en la vejez. Esa fase en la vida en que la parca se mueve a tu alrededor, y no en torno a tus mayores, que ya perdiste.

Esto es una comedia, quizás dramedia, de otra pasta. Los temas que hacen reír, y pensar, son los problemas de la próstata (esas micciones en código morse, se dice), el cáncer, el duelo, la decepción por los hijos, el ocaso laboral, las expectativas incumplidas, la viagra, la inspección fiscal. Y las dificultades que hallan los hombres a esas alturas para abrirse al otro, al amigo o a la amante. Pero hay ternura entre estos dos tipos de Hollywood que cuidan uno del otro mientras se cruzan puyas bien afiliadas. Los papeles de otros veteranos (Susan Sullivan, Danny DeVito) acaban de reivindicar a quienes se da por acabados (salvo para ser candidatos presidenciales, ahí se valoran las canas).

Joaquín Sabina había dejado dicho, antes de caerse del escenario: “Cuando les cuenten que envejecer es una cosa fantástica porque la experiencia y la sabiduría... mienten como bellacos. Envejecer es una puta mierda”. Sí, pero peor es no llegar. Ya puestos, hagámoslo en buena compañía como estos cascarrabias.

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