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La revolución de la edición digital y el 3D: reinventarse profesionalmente a través de la imagen

El tratamiento de la imagen permite crear desde el sofá de casa efectos especiales que solo se podían ver en las pantallas de cine

El cirujano maxilofacial Jorge Guiñales planea su próxima intervención. En vídeo, su entrevista junto a la del artista Filip Custic y el publicista y animador 3D Jaime Aldeanueva. FOTO: JAIME CASAL (VÍDEO: J. MARMISA | J. CASAL | Ó. LÓPEZ | R.BLANCO)

El tratamiento de la imagen digital y la animación 3D permiten crear desde el sofá de casa efectos especiales que solo se podían ver en las pantallas de cine. Son técnicas que, unidas a la digitalización de la economía, han revolucionado varios sectores y sirven como forma de reinvención para muchos perfiles profesionales.

Es el caso de Juan Aldeanueva (Madrid, 32 años), un publicista especializado en creatividad que llegó a la conclusión de que tenía que invertir en su formación cuando perdió su trabajo fijo el pasado mes de diciembre. Tras dar el salto y establecerse como freelance, llegó el confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus y con él la sensación de vértigo de ver cómo todos sus proyectos se detenían y el teléfono le dejó de sonar. En el reportaje en vídeo que acompaña a esta noticia, Aldeanueva asegura que la ansiedad y la incertidumbre de la situación le llevaron a apostar por uno de sus sueños: aprender animación 3D. “Era la típica profesión en la que pensaba cuando me preguntaban qué quería ser de mayor. Tenía mucho tiempo libre y lo tuve claro”, afirma.

Al principio le parecía imposible enfrentarse a una forma geométrica, pero a través de vídeos tutoriales en YouTube y de cursos baratos en línea sobre esta especialización, el publicista aprendió a dominar programas como Cinema, Maya o Z-Brush. Casi ocho meses después, ha aumentado su carta de servicios y su potencial para atraer a clientes. “Ahora mismo puedo crear un personaje, un texto o un vídeo corto en 3D. Puedo producir piezas que antes solo podía imaginar”, explica. Aldeanueva añade que hay miles de formas de trabajar en esta técnica, pero recomienda a todo el que se muestre interesado por ello que en un primer momento se lo proponga como un pasatiempo que disfrutar, ya que exige muchas horas de vuelo para conseguir ver resultados.

El de Filip Custic (Santa Cruz de Tenerife, 27 años) es otro caso de aprendizaje autodidacta. Interesado por el arte desde pequeño, Custic abandonó sus estudios de Publicidad en Madrid para tratar de crear sus primeras obras, pero pronto se vio frustrado: “Al pintar no conseguía el efecto de hiperrealismo que buscaba, hasta que descubrí Photoshop y vi que podía hacer todo lo me diera la gana con el resultado que me interesaba”. Todas las obras de este artista están colgadas en la nube y se han hecho populares gracias a sus redes sociales, donde solo en Instagram cuentan más 170.000 seguidores.

El formato cuadrado puede resultar algo limitante, pero Custic no ha conocido otro y lo ve más bien como una oportunidad para retarse a sí mismo. Eso le ha llevado a probar con diferentes técnicas que funcionen a modo de “efectos especiales”, como el uso de espejos o de la fotoelasticidad, un efecto que se consigue cuando hay una pantalla LED dentro de un cristal. Uno de los logros de los que más orgulloso se siente fue ser elegido por Instagram para la beta de los filtros, aunque reconoce que están derivando en una peligrosa dinámica demasiado orientada a la estética: “Cuando cree uno que desplegaba la serie de Fibonacci en tu cara, mucha gente empezó a investigar acerca de ello y descubrí que la gente puede aprender a través de un filtro, como antes ocurría con los cuadros”.

Diseñar la cirugía para reducir riesgos

Desde una consulta que recuerda a la de un dentista, situada en el Hospital Vithas Pardo Aravaca (Madrid), el cirujano maxilofacial Jorge Guiñales (Madrid, 39 años) prepara su próxima intervención en una llamada por Zoom con un ingeniero especializado en diseño 3D. Se trata de un procedimiento quirúrgico para deformaciones faciales.

El doctor ha pasado de trabajar en los días en los que el pulso y la intuición del cirujano decidían todo el éxito del proceso partiendo de una radiografía en 2D, a hacerlo con una planificación absolutamente detallada de los pasos a seguir en cada fase de la intervención. Además del ordenador, en el quirófano disponen de réplicas de las mandíbulas impresas en 3D y con otros materiales más sofisticados. Todo funciona como una especie de GPS para quien opera, reduciendo los riesgos y disminuyendo notablemente el dolor y la inflamación en el postoperatorio: “Hemos pasado de un proceso puramente artístico cuyo resultado dependía de tener un buen o mal día, a operar al paciente en las tres dimensiones controlando todos los planos del espacio en el movimiento que vamos a hacer de hueso hasta conseguir la mejor posición estética y funcional. Eso antes era imposible”.

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