Por qué la ‘app’ Radar Covid apenas manda avisos de contagio a sus usuarios

La complejidad del proceso, el hecho de que Madrid o Cataluña aún no suministren códigos a los infectados y la falta de transparencia lastran el funcionamiento de la aplicación

Una mujer usa la aplicación Radar Covid en Sevilla. En vídeo, así funciona Radar Covid, la 'app' solidaria contra el coronavirus. FOTO: PACO PUENTES (EL PAÍS) / VÍDEO: OLB

Las alertas por posible contagio de la app Radar Covid, la aplicación de rastreo de contactos impulsada por el Gobierno, son aún difíciles de ver. Lanzada durante la primera quincena de agosto, con España inmersa en una segunda oleada de la enfermedad, la aplicación no está aún bien integrada en el sistema de salud. Regiones como Madrid, Cataluña o Comunidad Valenciana, que suman casi el 40% de la población, aún no reparten los códigos que ponen en marcha el rastreo. Una simple búsqueda en la red social Twitter de las palabras “código Radar Covid” devuelve una larga lista de usuarios quejándose por su aparente inutilidad, también las autonomías donde ya funciona. A falta de datos oficiales, programadores independientes calculan que menos del 1% de los infectados comunica su positivo en la app.

Radar Covid funciona con claves aleatorias que los móviles con la aplicación intercambian por Bluetooth cuando están cerca durante un periodo de tiempo. Si un usuario da positivo, su sistema autonómico de Salud debería darle un código alfanumérico para que lo introduzca en la app. Al hacerlo se envían a un servidor todas sus claves aleatorias. Los móviles consultan al menos una vez al día con ese servidor y cuando hay coincidencias aparece una alerta en el móvil del afectado: “Ha estado cerca de alguien que ha dado positivo por covid”.

Ese “código” es el que muchos positivos con la app Radar Covid lamentan no haber recibido. En el caso de Cataluña, el problema es técnico, según la Secretaría de Estado de Digitalización. En el caso de Madrid, la Consejería de Sanidad asegura que está a la espera del resultado de un ensayo de tres semanas que puso en marcha el 11 de septiembre en la localidad de Guadarrama.

El Gobierno de España ya hizo un piloto de la aplicación en La Gomera en julio. La Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial dijo que había sido un éxito pero nadie ha visto los datos concretos. Fuentes de ese organismo dicen que esa información está en un artículo científico en revisión mandado a una revista de prestigio y por tanto no pueden revelar los detalles del piloto.

Las comunidades que aún no han activado el sistema no son el único problema. Fuentes oficiales del Gobierno solo admiten que se encuentran en esa situación Madrid, Cataluña y Ceuta, pero dicen no saber cuáles de las demás están efectivamente repartiendo códigos ni a qué ritmo.

El ritmo de reparto de códigos es una información esencial, que otros países publican sin problemas. A preguntas de EL PAÍS, fuentes del Gobierno dicen no tener esos datos o que solo los tienen las comunidades autónomas. Sin embargo, un joven ingeniero de datos, Pedro José Pereira, ha programado una cuenta de Twitter que da cada hora una estimación de los casos positivos en España que han introducido el código en Radar Covid para alertar a sus contactos cercanos. “Al no contener ninguna información personal están publicados en el servidor de Radar COVID de manera pública”, dice Pereira. La cifra que sale ronda el 0,5-1% de positivos que usan la app tras el diagnóstico. El Independiente publicó este viernes esa cifra después de que fuentes oficiales hubieran dicho a EL PAÍS que “eso quizá lo pueden decir las comunidades”. Tras la publicación de El Independiente, la respuesta varió: “Parece que los datos son mayores”.

Pereira cree que el Gobierno sabe cuántos códigos se reparten y se suben al servidor. “Estoy seguro de que saben tanto el número códigos generados por cada comunidad como las subidas reales, y de hecho hay un servidor de verificación que precisamente comprueba que los códigos que dan las comunidades solo se usen una vez cada uno en la app”, explica.

En las comunidades donde la app en teoría funciona tampoco es que todo esté saliendo bien. La formación al personal sanitario, probablemente sobrepasado, que debe repartir estos códigos no se hace por arte de magia. En las redes sociales pueden encontrarse múltiples quejas, como esta de un usuario andaluz:

O esta desde La Rioja:

O dudas como las de esta médico de familia de un pueblo de Burgos:

¿Por qué el Gobierno no quiere aclarar una cifra que un ingeniero de datos publica en Twitter con datos que proceden de su propio código? “Si yo trabajase en el proyecto sería lo primero que intentaría saber para entender cómo está funcionando”, asegura Pereira. Pero no es el único número importante que no se hace público y que ayudaría a explicar las pocas alertas de la aplicación.

Cuántas aplicaciones hay en realidad activas

Otra cifra clave para saber por qué hay tan pocas notificaciones es el número de aplicaciones activas en los móviles de los españoles. El Gobierno dice que ha habido 4,3 millones de descargas, pero muchas de esas pueden haber sido borradas, descargadas en móviles con un sistema operativo incompatible, tener la optimización de batería activada o el Bluetooth desconectado. “No tenemos manera de saber eso”, dicen fuentes de Secretaría de Estado de IA. Sin embargo, Google Play Services ofrece algunas respuestas y la app empleaba además un código de Google, Firebase, que puede permitir ver parte de esos detalles. Es en suma un dato elemental para un desarrollador.

La aplicación suiza de rastreo, Swiss Covid, tiene por ejemplo 1,6 millones de app activas tras 2,4 millones de descargas. Una proporción similar para España implicaría entre 2,5 millones y tres millones de aplicaciones activas. En los países con el sistema algo más rodado que España, como Alemania o Suiza, el porcentaje de positivos que introducen el código ronda el 20%. En Portugal, que lanzó la suya el 1 de septiembre, están en el 3%. El porcentaje minúsculo español dice aún poco sobre el éxito de la app. Pero la falta de comunicación, transparencia y las críticas entre Gobiernos no ayuda a ver la app como algo útil. Está por demostrar, además, la utilidad real en los países con más descargas per cápita, Irlanda y Alemania.

España tiene también el problema del estancamiento. Una aplicación se descarga mucho al principio, pero si no demuestra eficacia clara, languidece. Alemania tardó tres semanas en llegar a los 15 millones, entre el 15 de junio y principios de julio. Desde entonces, casi tres meses después, no ha llegado aún a 20 millones. Radar Covid lleva casi dos meses entre los tres primeros puestos de descargas en Android en España, según datos de la compañía que analiza el mercado global de apps App Annie. Pero esta semana ha caído al cuarto. En Apple, lleva una semana más abajo del puesto 20.

El 11 de septiembre, el ministro Salvador Illa, Fernando Simón y la secretaria de Estado de IA, Carme Artigas, tuvieron una reunión virtual con 37 influencers y divulgadores científicos sobre la app. Querían resolver dudas y animarles a hablar de la aplicación. “Fue la primera de varias reuniones, supuestamente. Quieren hacer otros grupos de trabajo con influencers, como dicen ellos”, explica un asistente que ha pedido anonimato porque les advirtieron que “la información para la prensa estaba totalmente restringida”. Entre los participantes no había nadie con un conocimiento exclusivo de tecnología, según este participante, aunque el Gobierno invitó a más de los que finalmente asistieron. “No había nadie de tech fuerte. Algunos divulgadores eran ingenieros o se habían documentado, pero nadie de tecnología dentro del círculo más techie de divulgación”, añade.

Quién puede saber que soy positivo

La responsabilidad del escaso protagonismo de la aplicación para frenar la pandemia puede ser de las comunidades. Pero ese problema se suma a la falta de transparencia y los descuidos tecnológicos en el proceso de implementación de una solución tecnológica, que lo fía todo a la colaboración de la ciudadanía. Primero, se publicó el código de la app tarde, de manera confusa e incompleta. Luego, no se advirtió bien en su política de privacidad de todos los riesgos para los usuarios, tal y como exige la ley europea. Esta semana EL PAÍS ha preguntado si Radar Covid protege el tráfico entre los móviles de los usuarios y el servidor. Los únicos móviles que mandan sus claves al servidor de Radar Covid son los que han dado positivo. Si alguien tiene acceso a ese tráfico, sabe qué usuarios son positivos.

El protocolo DP-3T, liderado por Carmela Troncoso, una ingeniera española en Suiza y sobre el que se basa Radar Covid, ya advertía de este riesgo en su documentación en junio: cualquier operadora o puntos de wifi maliciosos podrían identificar ese tráfico. Para evitarlo hay una solución sencilla: enmascarar el tráfico verdadero con señales falsas. EL PAÍS preguntó a la secretaría de Estado si Radar Covid había instalado un sistema similar. En una respuesta inicial, aportaron los detalles de “lo que hace DP-3T”, el protocolo suizo, dando a entender que estaba incorporado a la app española.

Este periódico preguntó entonces a expertos externos si el código que hacía esas funciones estaba realmente en Radar Covid. “No lo vemos”, fue su respuesta. Solo entonces, fuentes oficiales reconocieron que dicha ofuscación del tráfico está aún por hacer: “En la versión actual de la app no está pero es una de las cosas que se incluirá en la siguiente versión”, explican. No se sabe cuándo llegará esta última. Mientras, el positivo de quienes emplean Radar Covid para ayudar a sus posibles contactos es detectable por terceros.

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Sobre la firma

Jordi Pérez Colomé

Es reportero de Tecnología, preocupado por las consecuencias sociales que provoca internet. Escribe cada semana una newsletter sobre los jaleos que provocan estos cambios. Fue premio José Manuel Porquet 2012 e iRedes Letras Enredadas 2014. Ha dado y da clases en cinco universidades españolas. Entre otros estudios, es filólogo italiano.

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