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Un método para eliminar las imágenes que no dicen nada

Una nueva técnica permite identificar las secuencias que consiguen la atención real del espectador en función de su parpadeo

Fotograma de 'Apocalypse now'
Fotograma de 'Apocalypse now'

Cuando Francis Ford Coppola se llevó la Palma de Oro en Cannes en 1979, Apocalypse now estaba mutilada. Las cinco horas y media del metraje original habían sido reducidas a 153 minutos. Pese al corte, la producción final le ha valido la distinción de ser considerada una de las mejores 20 películas de la historia del cine. El ajuste se hizo por presiones comerciales. Ahora, una nueva tecnología desarrollada por las universidades Autónoma de Barcelona (UAB), Pablo de Olavide (Sevilla) y RTVE, le hubiera permitido aplicar un nuevo criterio: la atención real del espectador en función de su parpadeo. El futuro de esta técnica facilitará la selección de imágenes, la edición de secuencias y disminuir el “peso” de los vídeos, con la consiguiente ventaja para las aplicaciones de difusión audiovisual.

“Con esta tecnología se puede saber cuándo el espectador ha dejado de percibir la imagen como si fuera realidad. No todo lo que llega a nuestra corteza cerebral encargada de la percepción visual alcanza un nivel cognitivo, para lo cual hace falta que esa información llegue, entre otras estructuras, al lóbulo prefrontal. El parpadeo permite saberlo”, comenta José María Delgado, director de la División de Neurociencias de la UPO.

Delgado, el personal de investigación de su departamento en Sevilla, de la UAB y del Instituto de Radio Televisión Española (IRTVE) han publicado un artículo en la revista JoVE (Journal of Visualized Experiments) sobre el método de análisis de la electroencefalografía para analizar la percepción audiovisual (Using electroencephalography measurements and high-quality video recording for analyzing visual perception of media content). El sistema incluye la electomiografía para analizar el registro de parpadeos como marcadores de atención, así como la electroencefalografía para registrar la actividad cerebral durante la visualización de contenidos. Los resultados pueden ser claves para una mayor eficacia del mensaje audiovisual, que puede centrarse en aquellas secuencias y ritmos que llegan al espectador.

En diferentes investigaciones, Delgado y sus colaboradores han analizado las reacciones a un único plano de larga duración, montajes de 30 segundos y otros mensajes creados con imágenes superpuestas de pocos segundos, los llamados “estilo MTV”, en alusión a los videoclips que emite la cadena. Pone de ejemplo las secuencias de acción, donde se cree estar viendo vehículos volando o peleas que no se han filmado completas, pero donde la sucesión de imágenes en poco tiempo hace percibirlas como reales.

El parpadeo es fundamental porque actúa como un cambio de plano. No solo tiene una función fisiológica (para proteger el ojo) sino también psicológica al interrumpir la secuencia visual y afectar a nuestra percepción y atención. Por el contrario, asistir a la escena sin pestañear hace que se perciba como una secuencia completa. “Tratamos de ver cómo el cerebro percibe como continua una realidad discontinua”, explica Delgado.

Una voluntaria, durante las pruebas de detección de parpadeo.
Una voluntaria, durante las pruebas de detección de parpadeo.

También la atención afecta a los ojos o varía en función de la preparación del espectador. El investigador destaca cómo, en el primero de los casos, los jugadores que mantienen la mirada fija sin parpadear sufren mayor sequedad ocular. En la segunda de las variables, se ha demostrado que aquellos cuya actividad profesional está relacionada con el mundo audiovisual guiñan menos y perciben más información que el mero espectador sin preparación en este campo.

Las aplicaciones de esta investigación son variadas. Por una parte, permite seleccionar las secuencias más eficaces a nivel cognitivo, por lo que la narración audiovisual puede ser más directa y efectiva. Además, saber de qué imágenes se puede prescindir permitiría reducir al máximo la carga informática de los archivos, facilitando su emisión, intercambio y las aplicaciones que, como Instagram, tienen en el vídeo una de sus principales bazas para su continuo crecimiento.

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