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El bitcoin no desplazará a las monedas tradicionales, según un estudio

El Instituto Swift evalúa el uso de divisas virtuales en la actividad financiera global

Monedas con el símbolo de bitcoin.

El bitcoin y su tecnología acaparan la atención de los bancos, empresas, universidades e incluso gobiernos. En un reciente estudio titulado Monedas virtuales: ¿Medios de intercambio o activos especulativos (Virtual currencies: media of exchange or speculative assets?), el Instituto Swift analiza la relación dinámica entre las monedas virtuales, como el bitcoin, y las monedas fiduciarias, y evalúa los riesgos inmediatos que supone el uso de divisas virtuales para la estabilidad monetaria mundial.

El profesor de la University of Western Australia Business School, Dirk G. Baur, responsable de la investigación asegura que el bitcoin no supone ninguna amenaza para las instituciones bancarias, pese a que con el tiempo alguna “otra moneda virtual pueda evolucionar y sí suponer un peligro”. No obstante el profesor Baur considera que la tecnología blockchain, la que respalda el bitcoin, “puede suponer un reto futuro para el sistema bancario, aunque los bancos ya están alerta de ello”.

Pese a que el estudio indica que es poco probable que las monedas virtuales desplacen a las tradicionales, en Argentina se recibió gratamente el bitcoin en época en que su moneda se devaluaba y no se estabilizaba en los mercados. Allí, en las calles de Buenos Aires fue donde florecieron comerciantes de la divisa virtual. Y es en ese país, y también en Venezuela, donde el catedrático Bauer ve mayor sentido al uso del Bitcoin. También hubo, dice, “una fuerte demanda de Bitcoin en Grecia durante plena época de crisis del euro, del mismo modo ocurrió en Chipre”. Unas circunstancias en las que, según Bauer, también puede jugar un papel importante el oro.

En el mundo de las divisas virtuales el Bitcoin no ha estado exento de polémica. Desde sus inicios, en el año 2009, cuando la misteriosa figura de Satoshi Nakamoto dio el pistoletazo de salida de la divisa enviando correos electrónicos que anunciaba el comienzo del e-cash, con el atrayente nombre Bitcoin, hasta el polémico uso de la divisa en el sitio web de mercado negro conocido como Silk Road. Sin embargo, lo que Nakamoto prometía era un tipo de dinero que no necesitaría de un banco ni de otra institución financiera regulatoria, para que la divisa tuviera sentido en el mundo virtual y que fuera gobernada democráticamente por una comunidad de personas conectadas a un gran libro de contabilidad más conocido como el blockchain.

Entre otros aspectos importantes, el informe del Instituto Swift asegura que el bitcoin se utiliza como inversión especulativa, una conclusión a la que se llega tras estudiar los precios de la divisa junto a las cuentas de usuarios de las “billeteras virtuales”. Otro asunto destacable en el estudio es que no existe una correlación entre el bitcoin y tipos activos tradicionales. Es decir, que la rentabilidad de la moneda digital no está en relación con activos tradicionales como las acciones, bonos y materias primas, durante ningún periodo, ni siquiera en época de turbulencias financieras.

Por tanto, la conclusión del estudio es que las monedas virtuales “no suponen ningún riesgo macroeconómico inmediato”. “En contra de la creencia generalizada, la investigación de Swift demuestra que las monedas fiduciarias desplazan al bitcoin y no al revés, y que el diseño y el tamaño del mercado de bitcoin priva a la moneda virtual de su uso previsto como medio de cambio”, analizó KiHoon Hong, co-autor del estudio y profesor de la Hongik University College of Business. “Resulta, además, evidente que el Bitcoin plantea un riesgo mínimo para la estabilidad financiera o monetaria. A pesar de ello, si aumenta significativamente la aceptación del bitcoin u otras monedas virtuales a escala global, podría tener consecuencias significativas sobre la política monetaria, ya que su naturaleza descentralizada e independiente hace difícil la supervisión reguladora”, concluye.

El Instituto Swift se estrenó en 2012 para promover estudios de investigaciones académicas financieras y forma parte de organización del mismo nombre que tiene a cargo una red internacional de comunicaciones entre bancos y otras entidades económicas.

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