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OPINIÓN

La nube de Megaupload

La abogada especializada en Internet considera que no es un ataque a la nube

Más allá del lenguaje florido y algo dramático de las primeras páginas de la resolución del Gran Jurado de Virginia, llamando a los acusados por el término común de Mega Conspiracy, ésta razona de manera clara por qué Megaupload y las páginas de la familia no eran un negocio orientado al almacenamiento en la nube sino a la obtención de beneficios a base de la infracción, penal en este caso, de los derechos de autor. La clave para distinguir los negocios de archivo remoto de lo que acusan de hacer a Megaupload no es el uso ilícito individual que los usuarios, de pago o no, hagan de la herramienta sino que la herramienta y sus políticas están orientadas a un uso ilícito en beneficio de sus gestores.

Por impopular que sea señalarlo, las políticas de MegaUpload iban orientadas a la carga de contenidos protegidos, premiando la de los más atractivos y populares con bonos a usuarios, y penalizando con el borrado cualquier contenido no descargado a menos que se pagara por el alojamiento. Así el almacenamiento remoto, en el plan de negocio, era una segunda línea de la principal: conseguir tráfico, posicionarse y obtener los beneficios que de la 13 página más vista de la internet mundial se espera.

Si a esto le unimos un respeto sólo formal de la Digital Milenium Act, al inhabilitar sólo el concreto enlace identificado por el titular de derechos pero no el propio contenido ni los otros enlaces asociados al mismo, unos cuantos coches de lujo, beneficios millonarios y gestores de dudosa procedencia, parece claro que esta resolución no ataca a la nube sino a una manera muy peculiar de entenderla.