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Todo lo que oculta el encierro de las rebeldes monjas clarisas de Belorado: sectas, intereses inmobiliarios y un obispo excomulgado

La Iglesia reniega del religioso expulsado Pablo de Rojas, líder de la congregación disidente que clama contra la Santa Sede

La madre superiora del convento de las Clarisas de Vitoria, Sor Isabel (a la derecha), y el vicario para la Vida Consagrada de la Diócesis de Vitoria-Gasteiz, Manuel Gómez Tavira.
La madre superiora del convento de las Clarisas de Vitoria, Sor Isabel (a la derecha), y el vicario para la Vida Consagrada de la Diócesis de Vitoria-Gasteiz, Manuel Gómez Tavira.ADRIAN RUIZ HIERRO (EFE)
Juan Navarro

La terminología parece de otra época: herejías, persecuciones, excomuniones, cismas, falsos obispos y Papas ilegítimos. Los canales, en cambio, son más modernos: la red social Instagram y una página web. Las protagonistas: 16 monjas de Belorado (Burgos) enfrentadas con la estructura actual de la Iglesia y devotas de un exobispo expulsado por sus ideas contrarias al dogma. Las causas, múltiples, según a quién se pregunte. Ellas alegan que la Archidiócesis de Burgos ha obstaculizado la adquisición de un monasterio pese a haberlo acordado y, además, cargan contra la deriva de la Iglesia. La línea oficialista responde que las hermanas clarisas habían abrazado al obispo proscrito Pablo de Rojas Sánchez-Franco y que por eso paralizaron la operación. Este dirige la Pía Unión del Apóstol San Pablo, considerada secta por la Santa Sede y por los especialistas en órdenes religiosas.

El pulso eclesiástico comenzó el lunes, cuando las Hermanas Pobres de Santa Clara, por medio de la madre abadesa Isabel de la Trinidad, publicaron una carta digital de 70 páginas. “Nos van a denominar herejes y cismáticas, locas y muchas cosas más, muy calumniosas y desagradables. No los creáis, al menos por esta vez, que no os engañen”, advertían, acusando al mando religioso de Burgos de impedir el plan previsto de adquirir el monasterio abandonado de Orduña (Bizkaia) por 1,2 millones de euros, hasta el punto de que se han enfrentado judicialmente con la Archidiócesis y ahora reclaman 1,6 millones como compensación.

Además, se ponían bajo “la tutela y jurisdicción” de Pablo de Rojas, considerado según ellas “obispo legítimo de la Santa Iglesia Católica”. La carta renegaba del Papa Francisco, aludiendo despectivamente al “señor Jorge Bergoglio”, y cargaba contra los antecesores del actual líder católico. Según ellas, acorde a las tesis de Pablo de Rojas, la fe perdió el rumbo tras el Concilio Vaticano II de 1962. Todo lo posterior a Pío XII, abanderado de la postura más férrea del catolicismo, no merece su respeto. Las hermanas, ante el revuelo montado, sienten una “persecución”. Hasta este alboroto, su gran fama procedía de la elaboración de dulces. Las religiosas han tratado de explicar que la decisión de encerrarse en el monasterio de Belorado responde a motivaciones propias y ninguna obligación. “No nos vamos de la Iglesia. Os lo iremos explicando”, indicaron, como si tal cosa, en su Instagram, Tehagoluz. Ellas van a “ser fieles a la verdad de Cristo que han recibido, a la fidelidad de la fe y a la doctrina de la Iglesia católica”. La publicación que desató el caso la cerraron así: “¡Dios nos libre de los lobos con piel de oveja!”.

Con ellas se encuentran dos personas clave. Por un lado, José Ceacero, aliado del también presente Pablo de Rojas Sánchez-Franco, excomulgado en 2019 por su distanciamiento con los dogmas de la Iglesia católica. Este hombre se presenta como duque imperial, príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico y cinco veces Grande de España. En 2005 fundó en Bilbao la Pía Unión de San Pablo Apóstol, auténtica guardiana de las esencias de la fe para los adeptos a esta tendencia. El Correo ha refrescado unas fotos en un pomposo despacho, acompañado de una sirvienta y un chambelán, y vestido con la máxima profusión de las ornamentaciones religiosas. De Rojas cargó en su momento contra las vacunas del coronavirus y pidió a sus fieles no inocularse “bajo pena de pecado capital”. Asimismo, se ha referido al dictador Francisco Franco como “nuestro invicto caudillo” y ha difundido proclamas antisemitas.

El individuo resulta sobradamente conocido para Luis Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas. “Es uno más de tantos autoproclamados obispos que pululan por España o América Latina. Aquí pasan más desapercibidos ―menos cuando protagonizan escándalos―, no era conocido fuera de Bilbao o círculos tradicionalistas hasta esta ruptura cismática”, explica el experto, quien atañe el conflicto a intereses inmobiliarios.

El pseudoobispo “vive de la apariencia y el engaño, empezando por los títulos nobiliarios y eclesiásticos y la convicción de defender la única y verdadera Iglesia católica. Es verosímil que quisiera un monasterio como centro de operaciones y obtener un aura de venerabilidad con el apoyo de una comunidad de monjas de clausura”. Santamaría ha visto los vídeos en redes sociales y teme que la congregación haya sido seducida por la palabrería y los supuestos valores del “gurú”, pues le ha recordado a Patricia Aguilar, una joven de Elche captada por una secta y que defendía desde Perú el porqué de su huida. “Quieren demostrar libertad y madurez, pero desde mi experiencia investigando sectas desde hace 25 años sospecho que hay abusos psicológicos y emocionales detrás”, indica el investigador.

Pablo de Rojas, en su opinión, ha “tendido en torno a ellas una red con sus teorías conspiranoicas y que la única forma de salvarse y ser fieles a Dios es seguirlo a él como elegido, diciéndoles que ya no pueden fiarse del Papa u obispos sino de lo antiguo y tradicional que representa él”. Entretanto, la Conferencia Episcopal ha afirmado que no todas las hermanas apoyan la decisión de la abadesa de abandonar la Iglesia católica y las monjas clarisas de Vitoria ha anunciado que presentará una demanda para conseguir la anulación de la compraventa del monasterio de Orduña a las clarisas de Belorado al considerar que “no se pueden quedar con las propiedades” de la Iglesia católica tras haberse “ido a una secta”.

Esta presumible falta de “libertad”, entiende Santamaría, justifica la prudencia de la Archidiócesis burgalesa. La norma marca la excomunión de quien celebra misas no permitidas, y resulta que las monjas han colgado en su web fotos de una presumible liturgia dentro del monasterio, a cargo de los ínclitos religiosos. El libro A las afueras de la cruz, editado por la Biblioteca de Autores Cristianos, describe el origen de esta secta, la Pía Unión del Apóstol San Pablo, rechazada por El Vaticano. Esta orden “se considera una suerte de Milicia Guerrera predestinada a sobresalir de todo lo existente” y recurre a las redes sociales para expandir sus mensajes o criticar a la cúpula de la Iglesia o a otras asociaciones irregulares. En 2021 anunciaron la convocatoria de un “cónclave” para elegir un “Papa legítimo”, la herejía de las herejías para Roma. De momento no ha habido novedades.

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Sobre la firma

Juan Navarro
Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.
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