España entra en la nueva fase de control de la pandemia con los casos al alza y las hospitalizaciones a la baja

La última incidencia acumulada de covid a 14 días que reportará España con el conteo tradicional de infectados se sitúa en 466, cinco puntos más que el viernes, pero los pacientes en UCI bajan a 492

Varias personas, la mayoría sin mascarilla, caminan por la Rambla de Barcelona.
Varias personas, la mayoría sin mascarilla, caminan por la Rambla de Barcelona.Albert Garcia (EL PAÍS)

El Ministerio de Sanidad ha notificado este martes 466 casos de covid por 100.000 habitantes a 14 días. Esta es la última incidencia de covid que reportará España con el conteo tradicional de infectados, caso por caso. Aunque en los últimos tiempos este parámetro había perdido precisión por los constantes retrasos en la notificación y la decisión de algunas comunidades de no contabilizar los positivos por pruebas autodiagnósticas, seguía siendo el indicador más aproximado de la circulación real del virus. Esta semana, sin embargo, España ha entrado en una nueva fase de control de la pandemia y deja de contar los infectados de forma individual. Se impondrá, en su lugar, un modelo de vigilancia centinela, como el de la gripe, para el que los sistemas necesitan aún meses para prepararse. Las comunidades encaran esta nueva etapa, sin test ni aislamientos obligatorios a la población general, con la curva epidémica fluctuando en dientes de sierra —la incidencia ha subido cinco puntos desde el viernes— y la presión hospitalaria a la baja: hay 492 personas con covid en cuidados intensivos (UCI), un 28% menos que dos semanas atrás.

España ha pasado página de la pandemia. O, al menos, de la crisis sanitaria tal y como se concebía hasta ahora. El Ministerio de Sanidad y las comunidades han dado un salto de gigante en la gestión de la covid, adelantándose incluso a los países del entorno que habían llevado siempre la avanzadilla, y desde este lunes, no se hacen pruebas ni aislamientos a la población general. Solo a mayores de 60 años, grupos vulnerables y en entornos sociosanitarios; los demás, pueden hacer vida normal si tienen síntomas leves, aunque se les recomienda cautela en sus relaciones sociales. Se mantiene, eso sí, la mascarilla obligatoria en interiores, una medida que Sanidad todavía no se ha animado a retirar. El Gobierno lleva semanas diciendo que lo hará “pronto”, pero este martes ha pedido “prudencia” sin aportar plazos.

Todo este cambio llega en un momento de “transición” de la curva epidémica, según los expertos. La sexta ola lleva un par de meses de bajada y las próximas semanas serán clave para vislumbrar la siguiente página de esta crisis sanitaria: la transmisión puede seguir a la baja, estabilizarse o volver a despuntar. No hay certezas. Por lo pronto, la circulación del virus no es tan baja como se esperaba en febrero, cuando la incidencia caía en picado. El ritmo de contagios se ha ido estancando en las últimas semanas y ahora baila entre subidas y bajadas, pero siempre por encima de los 400 casos por 100.000, en la franja de riesgo alto de transmisión.

En cualquier caso, los indicadores importantes en esta fase de la pandemia —los que miden la severidad de la enfermedad— son favorables: con más del 82% de los españoles con la pauta vacunal completada, la inmensa mayoría de la población pasa la covid de forma leve y la presión hospitalaria está bajo mínimos: apenas el 4% de las camas hospitalarias disponibles están ocupadas por pacientes con covid (la ocupación de las de UCI se sitúa en el 5,4%). En total hay 4.351 enfermos con covid ingresados, un 11% menos que dos semanas atrás.

A pie de cama, Pere Domingo, coordinador covid del Hospital Sant Pau de Barcelona, señala que las camas ocupadas por enfermos a causa del virus se van vaciando: en su centro hay una veintena de pacientes infectados entre la planta y cuidados intensivos. “Hemos ido mejorando poco a poco. No llegamos nunca a cero. Tenemos pocos pacientes y son enfermos que tienen muchas enfermedades de base y pueden complicarse cuando se infectan”, explica el médico. El nuevo sistema de vigilancia de la covid, asegura Domingo, no repercutirá en los hospitales, que son considerados por el protocolo de Sanidad entornos vulnerables: “Seguiremos haciendo todos los métodos oportunos para diagnosticar enfermos: paciente que llegue al hospital y necesite ingresar, va a ser cribado. Porque no nos podemos arriesgar a que haya pacientes infectados que esparzan el virus”. Pese a la escasa presión hospitalaria actual por covid, el facultativo del Sant Pau avisa: “Son pocos pacientes y afortunadamente están con covid, no por covid. Pero no nos confiemos. Lo que es seguro es que esto no ha acabado. Vendrán más”.

Alberto Infante, profesor emérito de Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III, coincide con el mensaje de cautela de Domingo y advierte de que, en España, “la incidencia sigue muy alta y hay tres millones de personas que no están vacunados o con la pauta completa”. El salubrista, que ve “prematura” la puesta en marcha del nuevo modelo de control de la pandemia, avisa de que fijarse solo en la ocupación hospitalaria para analizar la evolución de la pandemia es “poner un sesgo en la vigilancia” y se pueden escapar cosas, como la aparición de nuevas variantes o cambios en la dinámica del virus.

Aliviar la atención primaria

El nuevo modelo de vigilancia puede ayudar, sin embargo, a aliviar las cargas de trabajo de la atención primaria, constantemente saturada por la mezcla de su propia actividad ordinaria, el seguimiento de los positivos con covid y también el volumen de pacientes que acude a hacerse las pruebas. María Fernández, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, espera que se reduzca la presión asistencial: “Esperamos que haya menor carga de trabajo y de burocracia porque dejaremos de hacer pruebas y actividad que no era necesario, pero hay que aclarar algunas cosas, como qué va a pasar con los resultados de los autotest de farmacia, si se van a registrar... Hay cuestiones que no están bien definidas”.

En Europa, la circulación del virus también es elevada: en Francia, Reino Unido, Italia o Bélgica, por ejemplo, la incidencia triplica la registrada en España, aunque las hospitalizaciones se mantienen estables. También en China se expande la ómicron y el país, que sigue con su estrategia de covid cero, ha ordenado el confinamiento estricto en dos fases de los 26 millones de habitantes de Shanghái. En España, el sublinaje de la variante ómicron que ya se extiende por los países vecinos también gana presencia: la llamada BA.2 supone entre el 40% y el 86% de las muestras analizadas, según la comunidad.

Las próximas semanas tendrán la llave para saber hacia dónde va el coronavirus. Los expertos no esperan grandes sobresaltos a corto plazo, pero tampoco las tienen todas consigo. Salvador Peiró, epidemiólogo de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana, aseguraba a Europa Press que “hasta bien entrada la primavera”, todos los escenarios que se barajan son “tranquilos”. “Salvo si aparece una nueva variante más transmisible y complicada”, matiza.

Sobre la firma

Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

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