La crisis del coronavirus

La UE planea secundar a Biden en una nueva investigación sobre el origen de la covid-19

El borrador de la declaración conjunta de la cumbre bilateral con EE UU del próximo martes respalda la necesidad de seguir indagando tras un primer informe de la OMS que sufrió la interferencia de Pekín

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, saluda al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, este miércoles en el Parlamento Europeo en Estrasburgo. En vídeo, declaraciones de ambos.FOTO: JULIEN WARNAND / AP (VÍDEO: EFE)

La Unión Europea parece compartir las dudas de Estados Unidos sobre el origen de la pandemia de covid-19. El club comunitario se muestra partidario de secundar la petición de Washington para que se lleve a cabo una nueva investigación después de que la primera, realizada en China por expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), descartase como “extremadamente improbable” la tesis de que el patógeno se hubiera escapado de un laboratorio chino en Wuhan. El respaldo de la Unión a proseguir con las pesquisas para descubrir el origen de la pandemia se recoge ya en el borrador de la declaración conjunta de la cumbre UE-Estados Unidos del próximo martes.

“Pedimos que se avance en la fase 2 de un estudio sobre el origen de la covid-19 que sea transparente, basado en evidencias, liderado por expertos de la OMS y libre de interferencias”, señala el borrador de la declaración sobre la pandemia al que ha tenido acceso este diario. El texto ha sido revisado este miércoles por los representantes permanentes de los 27 socios de la UE en Bruselas y aún puede variar antes de la cumbre. Pero ya indica que al menos una buena parte de las delegaciones comparte las dudas sobre el primer estudio de la OMS y apoya la petición estadounidense de seguir investigando. El alineamiento de la UE con Washington puede agriar aún más las relaciones con China, que observa con disgusto las crecientes sospechas occidentales sobre la posible salida del mortífero virus de uno de sus laboratorios.

Las primeras acusaciones hacia Pekín surgieron durante la presidencia de Donald Trump, pero fueron achacadas a teorías especulativas marcadas por un sesgo antichino. Las dudas propagadas por el propio Trump provocaron graves roces entre Washington y Pekín, que se acusaron mutuamente de estar detrás del origen de la pandemia.

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La OMS puso finalmente una investigación en marcha, que se inició en enero de este año con la llegada de 14 expertos internacionales a Wuhan, la primera ciudad china donde se detectó la enfermedad. El estudio concluyó en febrero sin dar con el origen del patógeno, pero abonando la hipótesis de que el virus pasó directamente de un animal al ser humano.

El informe de la OMS parecía zanjar la polémica. Pero el debate se reabrió a mediados de mayo, cuando un grupo de científicos de universidades estadounidenses tan prestigiosas como Harvard, Stanford o Yale defendieron públicamente la necesidad de revisar “seriamente” la posibilidad de que el origen del virus fuera un accidente en un laboratorio antes de dar esa hipótesis definitivamente por descartada.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se sumó casi de inmediato a la causa. Y consideró que mientras no haya pruebas fehacientes en un sentido u otro, ambas teorías deben ser tomadas como “dos probables escenarios”. Biden pidió además a sus servicios de inteligencia que le presentasen en un plazo de 90 días un estudio lo más concluyente posible.

Europa se había mantenido hasta ahora en un discreto segundo plano de un conflicto que parecía responder en parte a la continua tensión entre Estados Unidos y China, las dos grandes potencias que se disputan el dominio mundial en numerosos ámbitos. La presencia de Trump en la Casa Blanca exacerbó esa tensión, pero ni empezó con él ni terminó con su salida. La Administración demócrata de Biden, como la anterior de Barack Obama, ve en China al verdadero rival geoestratégico del siglo XXI, con un papel similar al que jugó la URSS durante la Guerra Fría del siglo pasado.

La UE no comparte el espíritu de confrontación total con Pekín y prefiere mantener lo más abiertas posibles todas las vías de cooperación. Pero en el caso del virus, algunos expertos creen que la propia China ha contribuido a alimentar la desconfianza internacional al haber limitado en exceso la capacidad de investigación del equipo de la OMS.

Bruselas busca, además, congraciarse en la medida de lo posible con el nuevo Gobierno estadounidense. La cita del martes en Bruselas será la primera cumbre bilateral entre las autoridades comunitarias y el presidente de EE UU. Biden se reúne con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, apenas cinco meses después de su llegada a la Casa Blanca. El encuentro se interpreta como la confirmación de una nueva era en las relaciones transatlánticas después de los cuatro años tormentosos vividos con Donald Trump como presidente.

La salida del republicano no ha marcado el final de todas las discrepancias entre Bruselas y Washington. Pero ambas partes buscan acercar posiciones en todos los puntos en que sea posible como señal de que han pasado página a la era Trump y que Estados Unidos y la UE están dispuestos a liderar de manera conjunta la vuelta a un multilateralismo que pasa por la efectividad de organismos como la OMS.

A pesar de la buena sintonía recuperada, Biden chocará con sus anfitriones europeos en el tema de la propiedad intelectual de las vacunas contra la covid-19 desarrolladas por empresas de ambas orillas del Atlántico. Estados Unidos defiende en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) la liberación de las patentes para facilitar su producción a escala mundial. Bruselas se ha mostrado dispuesta a estudiar la propuesta, todavía por concretar, pero ya contraataca con otra alternativa.

Michel y Von der Leyen defienden que la prioridad debe ser facilitar la exportación, tal y como ha hecho la UE, que ha permitido la salida hacia terceros países del 50% de los 600 millones de dosis que ha producido. En cambio, Biden, al igual que Trump, mantiene el cerrojazo a las exportaciones para garantizarse las dosis necesarias para inmunizar primero a la población estadounidense. El America First de Trump sigue en vigor en cuanto a la covid.

Los líderes comunitarios también abogan por agilizar el sistema de licencias obligatorias previstas en las normas de la OMC para permitir que los países puedan forzar a las farmacéuticas a autorizar a otras compañías la fabricación de sus vacunas y a aceptar una producción a precio de coste o con una mínima remuneración.

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