Permisos laborales

Permisos de paternidad: 16 semanas para avanzar en la igualdad

Las licencias de padres y madres por nacimiento se equiparan plenamente desde este 1 de enero

Paloma y Víctor, una pareja que espera su primer hijo para este enero, en su casa de Madrid.
Paloma y Víctor, una pareja que espera su primer hijo para este enero, en su casa de Madrid.Olmo Calvo

Mientras José esperaba el nacimiento de su segundo hijo, Gonzalo, un compañero del laboratorio donde trabaja aprovechó un encuentro en los pasillos para felicitarle. “Menuda suerte, cuatro semanas de vacaciones”. Algo que a José, de 39 años, le hizo bastante gracia: que otro hombre, también padre, se refiriera al primer mes cuidando a un bebé como vacaciones. Ahora espera ilusionado el tercero junto a su pareja, Raquel, de su misma edad. Aunque ya saben de sobra lo que les aguarda, noches sin dormir y pañales sucios, al menos ambos tendrán 16 semanas de baja. Y es que desde este 1 de enero de 2021, los permisos de paternidad se equiparan plenamente a los de maternidad.

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Unas licencias que son remuneradas al 100% e intransferibles, es decir, que si no se disfrutan por el progenitor titular, se pierden ―dos factores fundamentales según los expertos para incentivar a los hombres a utilizarlos―, y que sitúan a España a la cabeza en este tipo de derechos. Para la socióloga Constanza Tobío, esta medida marca el final de un camino en materia de permisos. “Transmite el mensaje de que los padres tienen el derecho y la obligación de cuidar, exactamente en las mismas condiciones y en los mismos términos que las mujeres”, argumenta.

En este nuevo embarazo, Raquel, que sale de cuentas en junio, y José, residentes en Málaga, y que prefieren no ser identificados por sus apellidos, tienen pensado repartir las semanas. Así, cuando pasen las primeras seis de cuidado que la ley obliga a que tomen juntos, uno podrá reincorporarse al trabajo, mientras que el otro cuidará del niño el mayor tiempo posible antes de dejarlo en la escuela infantil. No obstante, comprenden que los padres primerizos prefieran pasar juntos las 16 semanas para enfrentarse a un cambio tan brusco en sus vidas.

Es el caso de Paloma del Río y Víctor Vázquez, ambos de 35 años, que esperan su primer niño para finales de enero. De vez en cuando, recuerdan la duración que tendrá su baja en la agencia de publicidad donde trabajan para que no pille a nadie por sorpresa. “A mí me sorprende lo tarde que llega, pero por lo menos llega. Espero que no se retroceda, pero aun así creo que hace falta más tiempo para ambos”, opina Paloma, quien se está planteando coger después una excedencia de un mes. “Vamos a ir viendo si necesitamos más tiempo, porque si el coronavirus sigue así, los abuelos no podrán echarnos una mano y tampoco sabemos si seguiremos teletrabajando”.

Por supuesto, José se siente afortunado. Cuando nació su primera hija, Alba, hace cinco años, fue duro dejar a Raquel sola apenas dos semanas después, todavía débil tras dar a luz. “Me sentí abrumado. Yo quería quedarme para compartir esa experiencia”, afirma José, que con cada hijo ha visto cómo se multiplicaba la duración de su permiso, en aumento de forma progresiva desde 2017. El hecho de que las mujeres dejen su trabajo durante más tiempo les perjudica profesionalmente, porque genera una imagen de menor compromiso laboral, explica Tobío. A Raquel se le terminó el contrato justo antes del embarazo de Gonzalo, por lo que no pudo reincorporarse al mercado laboral hasta que este empezó a ir a la escuela infantil. Ahora, la igualación de los permisos resta argumentos a los empresarios a la hora de preferir contratar a un hombre antes que a una mujer.

A la vanguardia de Europa

Las características de este permiso sitúan a España por delante del resto de países europeos, incluidos los nórdicos, como Islandia o Suecia, donde las licencias exclusivas para el padre son de 12 semanas y retribuidos al 80%. En esta región, la duración total entre ambos progenitores sí supera la española, ya que suelen incluir varias semanas que pueden coger uno u otro. “En el norte de Europa hay permisos más largos, pero al ser transferibles, los suele usar la mujer, lo que al final es una trampa”, explica María Pazos, de la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA). Aunque la PPiiNA impulsó la consecución de este derecho en España, critica algunos puntos, como que las seis primeras semanas tengan que cogerse simultáneamente, y que las 10 semanas restantes se disfrutarán, según el texto, “en régimen de jornada completa o de jornada parcial, previo acuerdo” con la empresa, lo que para esta plataforma entiende que no garantiza el derecho de los padres a hacerlo cuando y como ellos lo decidan.

Ahora bien, quedan cabos sueltos, como la dificultad de alcanzar los seis meses de lactancia materna exclusiva recomendados por la Organización Mundial de la Salud con solo cuatro meses de baja maternal. Fuentes del Ministerio de Igualdad reconocen que a pesar de lo positivo de esta política, todavía no se ha logrado que formar una familia no sea perjudicial para las mujeres. “Necesitamos una reformulación de lo relacionado con el cuidado, la crianza y lo laboral. A pesar de que la acogida de los permisos está siendo positiva entre los varones, las mujeres continúan siendo las que más atienden a reducciones de jornada por motivos de cuidado”. También son la inmensa mayoría de las que cogen excedencias para cuidar, tanto de niños como de mayores dependientes.

Patricia Merino, autora del libro Maternidad, Igualdad y Fraternidad, advierte de que 16 semanas suponen uno de los permisos maternos más cortos de la Unión Europea, mientras que los padres van a disponer de uno de los más largos y mejor pagados del continente. Esto cree que no resuelve ninguno de los conflictos que ya existían entre maternidad y mercado laboral. “Las mujeres a día de hoy van a seguir desprotegidas tras el permiso. Las que tengan más medios van a poder acceder a excedencias, mientras que el resto tendrá que elegir entre salir del mercado laboral para cuidar o reincorporarse”, expone.

La socióloga Constanza Tobío pone el foco también en los permisos de corta duración. Es en este punto donde más retrasados estamos con respecto a los países de nuestro entorno. En España existen permisos para enfermedades graves, pero no para las leves que impiden al niño ir al colegio, como por una diarrea. La socióloga advierte de que esos permisos deberían diferenciarse por sexo. De este modo se evitaría volver a la inercia de que sean las madres las que terminen usando estos permisos y obligándolas a dejar las responsabilidades laborales. Una posibilidad sería crear un banco de horas de por ejemplo 25 horas para las madres y otras 25 para los padres.

Presiones en las empresas

A la socióloga Teresa Jurado le preocupa que después de esas seis semanas obligatorias conjuntas se pueda llegar a presionar a los hombres para que no se tomen el resto del permiso o que lo hagan a tiempo parcial. Esta letra pequeña de la medida podría perpetuar el estereotipo de que la que debe cuidar es la madre. Sin embargo, admite que es una oportunidad para que los hombres se conviertan en corresponsables del cuidado, y no solo en ayudantes. “Para ello los hombres deben hacer valer sus derechos en la empresa”, afirma Jurado. También admite que las nuevas generaciones están cambiando. Paloma cuenta que cuando su madre la tuvo, su padre tenía que dormir en otra habitación para poder descansar algo antes del trabajo. “La diferencia es abismal. Ahora nosotros nos repartimos las tareas al 50%. Me llama la atención que se califique a un hombre como padrazo por el simple hecho de que se esté ocupando de su hijo igual que hace la madre”, dice Paloma.

A Víctor le parece además injusto que su padre solo pudiera disfrutar de unas horas para conocerle en el hospital cuando nació. Pero no hace falta ir tan atrás, ni siquiera 10 años. Las hermanas mayores de Víctor no dejan de repetirle la suerte que tiene. Ellas tuvieron que ingeniárselas solas porque sus parejas tenían que trabajar. “Me fastidiaría mucho perderme esa etapa. Me hace una ilusión tremenda, creo que es mi deber también”, confiesa. La pareja admite lo mucho que les va a cambiar la vida. “Algo bueno tiene que tener para que todo el mundo repita”, bromean. Casi les daba más respeto que el bebé naciera antes del 31 de diciembre y tuvieran que quedarse a las puertas del nuevo permiso.

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